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Sadness: "Me siento cercano a los impresionistas"

El músico catalán regresa con 'Diferentes tipos de luz', un disco escrito en plena vorágine latinoamericana y en el que el amor y las relaciones, en sus copiosas variedades, centran la atención del cantautor. 

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El músico Carlos Sadness.- SONY

Carlos Sadness (Barcelona, 1987) se decanta por la papaya. Su último sencillo —Amor Papaya— reivindica las bondades de este fruto oblongo de piel fina, sabor dulzón y beneficios gastrointestinales. El resultado es un ligero poema frutal que evoca anhelos carnales y que Sadness tiene a bien aderezar con "aromas de naranjas", "pecas de sandía" y "pieles de melocotón". Un licuado en el que colabora el músico mexicano Caloncho y que, como apunta el barcelonés vía Instagram, "nació entre audios de whatsapp, creció en el aeropuerto de Jalisco, se mezcló en San Francisco y ahora nos hace volar como polen poderoso".

"Hay tantas emociones en el amor que todo el pop del mundo no lograría abarcarlo jamás"

Global y fluida. Así es la música de Sadness. "Soy consciente de que puede sonar un poco rockstar —concede el cantautor mientras se atusa la cabellera—, pero es que mi último año ha sido un no parar de viajar". Países como Argentina, Colombia y muy especialmente México parecen haber sucumbido a las tonadas juguetonas de Sadness. Y en ese ir y venir continuo, una complicidad muy especial: "La luz ha sido mi compañera todo este tiempo; la que se filtra por la ventanilla del avión, algo opaca, la que precede a la mañana y la que te recibe en una ciudad que desconoces". Una variedad espectral que ha terminado por dar nombre a su próximo disco —Diferentes tipos de luz— y en la que Sadness, un tanto mesiánico, se recrea: "No sabes bien dónde estás pero sabes que allá dónde estés, como en la película Amanece que no es poco, siempre llega la luz…"

En efecto, la luz siempre prevalece. Sólo hay que dejarse iluminar. Bien sea a través de un parpadeante tubo fluorescente en el semisotano de un garaje, o contemplando un bello atardecer mediterráneo; la luz nos llena de vida y color. Ni  que decir tiene que Sadness quedó embelesado por la segunda opción: "Después de la gira regresé a Barcelona a casa de mis padres, cerca de Montjuïc, y atardeció y dije ostras, esto que es tan increíble sucede cada día, y aunque sucede cada día no deja de ser algo tan increíble que debería ponerme una alarma para verlo todos los días". Desconocemos si finalmente el músico acude fiel a su cita con el crepúsculo vespertino, sí sabemos, por contra, que la luz —en sus copiosas variedades— así como el amor —también con sus tonalidades respectivas— vertebran de principio a fin el nuevo disco del catalán.

"Me interesa a nivel poético ese momento de superidealización del otro"

"Dicen que los esquimales distinguen no sé cuántos tipos diferentes de blanco, y yo creo que en el amor pasa algo parecido, en el sentido de que hay tantas emociones diferentes en torno al amor que todo el pop del mundo no lograría abarcarlo jamás", confiesa el cantautor, que también es poeta y también ilustrador. Amores revueltos, frívolos o prohibidos, amores añejos y modernos, idealizados y tiernos. En el nuevo disco de Carlos Sadness hay amores para parar un tren. "Me interesa a nivel poético ese momento de superidealización del otro, ese momento que no dura en el que el ser humano se autoconvence de que algo le apasiona, ya sea por la novedad o por el desafío que supone. Eso sí me parece que tiene un contenido muy poético; el romance en sí, el romance como la aventura de un explorador que se va a jugar la vida como si se adentrase en algo que desconoce y está dispuesto a caerse por un barranco". Parece que se confirma: el único fruto del amor es la papaya.

"En un tiempo en el que somos tan racionales —prosigue Sadness— y en el que todo son herramientas para racionalizar lo que nos rodea, en un momento en el que podemos prever el tiempo que hará dentro de cinco años, parece que hay algo que nos devuelve al instinto animal, a ese impulso, a ese gran misterio que es la existencia". Sin duda, la posibilidad de tomar una mano, así como la algarabía sentimental que padecen los protagonistas del supuesto idilio, es la gran incógnita a la que encomendaron sus rimas poetas de toda índole y tiempo. Desde los madrigales renacentistas, pasando por las rondallas medievales y sus serenatas callejeras, hasta llegar a Sadness y su licuadora postmoderna y zalamera.

Pero no solo de amor vive el hombre. Sadness lo sabe y aunque priva a sus fans de posicionamientos ideológicos —"no voy a hacer una canción que socialmente tenga un mensaje muy directo, pero siempre me gusta dejar un pequeño interrogante en las canciones"—, en sus redes sociales se desquita y da vía libre a un pronunciamiento siempre mesurado: "No puedo callarme ante muchas causas sociales que ayudan a que ciertas personas puedan sentirse mucho mejor, no voy a decir a qué partido me apetece votar pero sí voy a decir qué cosas me parecen un atraso, qué cosas condicionan libertades o qué cosas hacen que otras personas tengan menos privilegios".

"Confío en lo instintivo"

Nos preguntamos si el frescor melódico que se gestiona Sadness es flor de un día. Si el paso del tiempo terminará por ajar su espléndido melenote Johnson’s Baby e iniciará una etapa menos frutal y más proclive a la introspección. Nos preguntamos, a fin de cuentas, si en algún momento su apellido artístico impregnará de melancolía su música. "Madurar no siempre significa hacer canciones más serias o solemnes, cuando hago un disco estoy muy sometido al impulso creativo que hace que las canciones sean lo que quieren ser, no puedo hacer un disco siguiendo una directriz determinada. Confío mucho en lo instintivo".

Un "impulso creativo" que le llevó a musicar su Amor Papaya en muy poco tiempo, sencillo que a buen seguro amenizará los saraos preestivales y que da paso a un disco pergeñado en plena vorágine latinoamericana, sin apenas tiempo para digerir lo que le estaba ocurriendo pero siempre presto a captar el instante: "Me siento cercano a los impresionistas, ellos buscaban en un momento determinado algo en movimiento que no perfilan hasta el final, no son especialmente técnicos, pero son los mejores comunicando la esencia, creo que funciono un poco de esa manera".