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Salvar al soldado Garzón

Coixet pasó ayer por la Berlinale para presentar fuera de competición 'Escuchando al juez Garzón', su documento más que documental sobre el magistrado

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Isabel Coixet aparece en la gran pantalla del Kino International, el que fuera principal cine del Berlín socialista, para recibir una larga ovación del público. La proyección de su película acaba de terminar. 'Asumo que todos los aplausos son para Baltasar', dice la directora catalana. Un par de horas más tarde, la prensa menos afín a su tendencia política no tardará en minimizar el entusiasmo de la sala, consciente de que podría ser interpretado como un apoyo al protagonista de su película. Coixet pasó ayer por la Berlinale para presentar fuera de competición Escuchando al juez Garzón, su documento más que documental sobre el magistrado. Una defensa en toda regla del personaje en estos tiempos de tormenta, que decidió rodar contra 'esa capa de mentiras repetidas por la derecha'. 'En España necesitamos más gente como él. Nuestro país no puede permitirse perder a los mejores', explicó.

La película resume, en poco menos de 90 minutos, las más de seis horas que duró la conversación entre Garzón y el escritor Manuel Rivas, a quien Coixet escogió para interrogar al juez. ¿Por qué no lo hizo ella misma? 'Porque Rivas es alguien muy tranquilo. Yo no lo soy. Pensé que no sería la persona más adecuada', explica.

'En España necesitamos más gente como él', dijo Isabel Coixet

El escenario fue un piso madrileño diáfano, junto a un luminoso ventanal. Detrás de Garzón, un cuadro de Mondrian, tan cuadriculado como su discurso. El juez se expresa sobre sus inicios en el sistema judicial, sobre su lucha por la justicia universal y sobre su particular batalla por la memoria histórica, que recuerda le tocó capitanear 'por sorteo' y no por voluntad propia.

Lo hace con una impresionante contención y con una precisión clínica en los datos, las fechas y el vocabulario. Hasta que, casi seis horas más tarde, revienta. No se desmorona, pero a este señor de aspecto tan respetable se le escapa un sonado 'coño'.

'No me van a derrotar [...] seguiré peleando', promete el magistrado

El momento llega después de verle analizar la obstinación de sus inquisidores en sus tres causas pendientes con la Justicia: la relacionada con las escuchas del caso Gürtel, las presuntas comisiones del Banco Santander a cambio de haber cerrado un caso que afectaba a su presidente y la que provocó su investigación sobre las víctimas del franquismo, supuestamente opuesta a la Ley de Amnistía de 1977.

'Quieren que me vaya de España o que desaparezca de la faz de la Tierra. Pero en España cabemos todos. Incluso los que no fueron demócratas', dice Garzón. 'No me van a derrotar. Me pueden echar y será muy doloroso. Pero seguiré peleando', promete.

El retrato es muy favorecedor, puesto que ha sido ideado por una cineasta convencida de su inocencia, así como de la injusticia que el país está cometiendo con él. 'Cuando alguien pone en riesgo su vida, creo que le debemos algo', aseguró Coixet, que no esconde una infinita empatía con su personaje, con quien comparte perfil de incomprendido. De profeta en muchos lugares, pero no necesariamente en su tierra.

La directora se define como 'una escéptica de la política', aunque su película parezca todo un acto de militancia, a veces falto de matices. 'Cualquier persona con sentido común está desencantada. Tenemos un Gobierno que hace cosas de derechas. Y entonces los que están a la derecha ya no sabes dónde ubicarlos. Ante esta situación, la mayoría de gente, excepto esos que votan a esos señores de los trajes de Levante, hemos decidido concentrarnos en nuestro trabajo y pasar de la política', respondió ayer a Público. No hizo falta preguntarle si volverá a filmar la campaña socialista en las próximas generales.

Isabel Coixet aparece ante la gran pantalla del Kino International, el que fuera principal cine del Berlín socialista, para recibir una larga ovación del público. La proyección de su película acaba de terminar. 'Asumo que todos los aplausos son para Baltasar', dice la directora catalana. Un par de horas más tarde, la prensa menos afín a su tendencia política no tardará en minimizar el entusiasmo de la sala, consciente de que podría ser interpretado como un apoyo al protagonista de su película. Coixet pasó ayer por la Berlinale para presentar fuera de competición Escuchando al juez Garzón, su documento -más que documental- sobre el polémico magistrado. Una defensa en toda regla del personaje en estos tiempos de tormenta, que decidió rodar contra 'esa capa de mentiras repetidas por la derecha' durante los últimos meses. 'En España necesitamos más gente como él. Nuestro país no puede permitirse perder a los mejores', explica ante su auditorio.

La película resume, en poco menos de noventa minutos, las más de seis horas que duró la conversación entre Garzón y el escritor Manuel Rivas, a quien Coixet escogió para interrogar al juez. ¿Por qué no lo hizo ella misma? 'Porque Rivas es alguien muy tranquilo. Yo no lo soy. Pensé que no sería la persona más adecuada', explica. El escenario fue un piso madrileño diáfano, junto a un luminoso ventanal. Detrás de Garzón, un cuadro de Mondrian, tan cuadriculado como su discurso. El juez se expresa sobre sus inicios en el sistema judicial, sobre su lucha por la justicia universal -que le impulsó a perseguir la detención de Augusto Pinochet- y sobre su particular batalla por la memoria histórica, que recuerda que le tocó capitanear 'por sorteo' y no por voluntad propia.

Lo hace con una impresionante contención y con una precisión clínica en los datos, las fechas y el vocabulario. Hasta que, casi seis horas más tarde, revienta. No se desmorona, pero a este señor de aspecto tan respetable se le escapa un sonado 'coño'. El momento llega después de verle analizar la obstinación de sus inquisidores en sus tres causas pendientes con la justicia: la relacionada con las escuchas del caso Gürtel, las presuntas comisiones del Banco Santander a cambio de haber cerrado un caso que afectaba a su presidente -'la más desquiciante de todas', dice en el documental- y la que provocó su investigación sobre las víctimas del franquismo, supuestamente opuesta a la Ley de Amnistía de 1977. 'Quieren que me vaya de España o que desaparezca de la faz de la Tierra. Pero en España cabemos todos. Incluso los que en un momento determinado no fueron demócratas', dice Garzón. 'No me van a derrotar. Me pueden echar y será muy doloroso. Pero seguiré peleando', promete.

El retrato es muy favorecedor, puesto que ha sido ideado por una cineasta convencida de su inocencia, así como de la injusticia que el país está cometiendo con él. 'Cuando alguien pone en riesgo su vida, creo que le debemos algo', aseguró Coixet, que no esconde una infinita empatía con su personaje, con quien comparte perfil de incomprendido que ha debido buscar refugio en el extranjero. De profeta en muchos lugares, pero no necesariamente en su tierra.

La directora se define como 'una escéptica de la política', aunque su película parezca todo un acto de militancia, a veces falto de matices. 'Cualquier persona con sentido común está desencantada. Tenemos un gobierno que hace cosas de derechas. Y entonces los que están a la derecha ya no sabes dónde ubicarlos. Ante esta situación, la mayoría de gente, excepto esos que votan a esos señores de los trajes de Levante, hemos decidido concentrarnos en nuestro trabajo y pasar de la política', respondió ayer a Público. No hizo falta preguntarle si volverá a filmar la campaña socialista en las próximas generales.