Publicado: 06.05.2015 19:22 |Actualizado: 07.05.2015 07:00

"La Sanidad pública no tiene que ser rentable"

El médico y cineasta Thomas Lilti provoca un debate necesario sobre la Sanidad con su película 'Hipócrates', crónica de la vida de dos médicos residentes en un hospital . Éxito rotundo en Francia, ya ha conquistado a más de un millón de espectadores

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Escena de 'Hipócrates', dirigida por el médico y cineasta Thomas Lilti.

Escena de 'Hipócrates', dirigida por el médico y cineasta Thomas Lilti.

MADRID.- André Malraux dijo que se podía evaluar el estado de un país observando cómo eran sus prisiones. Thomas Lilti añade: “Ahora también se puede determinar por sus hospitales públicos”. Médico y cineasta, por este orden, Lilti ha despuntado como artista aprovechando su experiencia como doctor. Lo ha hecho con Hipócrates, su segundo largometraje, una película sobre la vida de dos médicos residentes en un hospital público francés. El filme, que ha despertado un debate necesario sobre la Sanidad pública, ha conquistado a más de un millón de espectadores en su país.

“La situación en Francia debe ser muy similar a la de aquí con los problemas derivados de la crisis económica”, asegura. Atendiendo a su película –protagonizada por Vincent Lacoste y Reda Kateb (Premio César)- en los hospitales franceses se sufren casi idénticas consecuencias a causa de los recortes que las que se padecen aquí. Con matices fundamentales que tendrían que ver con la ideología real de los gobiernos de ambos países, es cierto que la historia de Hipócrates es perfectamente reconocible en España.



Los recortes en la Sanidad pública española han provocado, según los datos de la Asociación del Defensor del Paciente, 800 muertes. La decisión del Gobierno de Rajoy de negar la atención sanitaria a los inmigrantes se traduce en 873.000 personas excluidas (salvadas ahora por la campaña de las elecciones). Pésimas condiciones laborales para los trabajadores del sector, pérdida de puestos de trabajo, copago de medicamentos, cierre de servicios hospitalarios… La situación que las mareas blancas denuncia en España desde hace años y que en Francia ha llegado ya al cine.

¿Cuánto hay en la película de autobiográfico?

Empecé a estudiar Medicina con diecisiete años y luego he trabajado en varios hospitales públicos. Ahora soy médico de familia y hago sustituciones, y en paralelo sigo haciendo cine. Creo que durante estos veinte años he estado filmando con mis ojos la película que iba a hacer luego. Una película que fuera una historia cercana a mí y que rememorara los años en los que fui médico internista. Una película donde pudiera hablar de los médicos extranjeros, de la soledad que sienten, de los problemas de los residentes…

En alguna entrevista en Francia ha dicho que ésta no es una película política, sin embargo, es una crónica de un hospital público que sufre muchos recortes por la crisis, donde la primera víctima es un hombre que vive en la calle…


Es verdad. Más bien, lo que quería decir es que el motor de la película, de la escritura del guion y de la realización posterior, no ha sido la política. Pero, sí, es una película política, aunque no nació con conciencia de ello. Nunca pensé que iba a hacer una película de denuncia, lo que pensé es que iba a rodar una historia que hablara de la pérdida de ilusiones, de humanidad, de lo que hay entre bastidores en un hospital… Ese sí es el motor de la película, la humanidad.

Al final ¿es también una película que muestra su propio compromiso?

“El estado de un país se puede determinar observando la situación de los hospitales públicos”

Terminas haciendo algo que es parecido a ti, a tu compromiso, sí, y a cómo ves tú la relación con la sociedad. Al final, la película refleja mi mirada sobre la sociedad y sobre la Sanidad pública, una mirada sin concesiones…

A lo que dijo Malraux usted añade que los hospitales públicos hoy también son reflejo de un país …

Sí, se puede aplicar perfectamente. Podemos decir cómo es un país conociendo sus hospitales públicos. Cuentan muchas cosas sobre la vida y sobre la sociedad. Un hospital es un reflejo de la sociedad y lo que hacen los médicos, los residentes, las enfermeras… está directamente relacionado con las cuestiones sociales.

¿Una sociedad en la que nos insisten que todo, incluso la Sanidad, debe ser rentable?

Sí, una sociedad en la que dicen que la rentabilidad es necesaria. Pero yo me pregunto en la película si la Sanidad pública tiene que ser rentable, ¿qué significa que busquemos rentabilidad en la Sanidad pública?

Y, en su opinión, ¿qué significa?

Que se emplee la tecnología avanzada por encima de todo aunque con ello no se esté escuchando a la sociedad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres y no es igual la Sanidad para los ricos que para los pobres. El acompañamiento que tienen unos y otros en las plantas de terminales, por ejemplo, es diferente. Hoy tenemos una tecnología punta para mantener a las personas vivas lo máximo posible, pero la sociedad no responde a esa exigencia. Los problemas sociales son otros. Hay problemas morales, religiosos… al lado de los técnicos y de eficacia… La Sanidad pública no tiene que ser rentable.

En Hipócrates muestra la gran responsabilidad de un médico, que tiene la vida de todos en sus manos. Usted es médico y cineasta, ¿siente la misma responsabilidad como artista?


No. Es complicado. Lo que hago que diga el personaje de Abdel, “la medicina no es un trabajo, es una especie de maldición”, es verdad. Ser médico es una maldición y yo la sufro, pero funciona como un hechizo. Yo soy médico, ésa es mi responsabilidad, la de sentir empatía con los que sufren. No siento esa responsabilidad como cineasta. El cine me permite cuestionar cosas.

Hipócrates ha provocado un debate necesario en Francia, además de conseguir un gran éxito en taquilla, ¿cuál es el secreto de ese reconocimiento?


Creo que el éxito de la película viene de que no me he disfrazado, de que he sido sincero, no me he escondido ni he pretendido ir de listo. He dicho las cosas tal y como las siento. Y creo que eso ha sido parte de por qué se ha despertado ese debate. No creo que el cine cambie las cosas, pero a mí aquí me permite hablar por ejemplo de la situación de los médicos residentes extranjeros, que nadie conoce y que son tan necesarios. Esta película me permite mostrar los mecanismos por los que, a pesar de todo, un hospital funciona.

Consigue no parecerse en nada a las series estrella de médicos, House, Urgencias, Anatomía de Grey… ¿ha huido premeditadamente de ellas?

El hospital domina completamente en la película. Un hospital no es un lugar frío y geométrico, como el de House, que, por otra parte, es un gran divertimento. Y en Hipócrates es el corazón de la historia. En la televisión, House, por ejemplo, es como un policiaco, cada episodio podría ser Colombo. Ha sido complicado alejarse de estas series, pero tenía claro que eso era un tema de la televisión. En ella, los hospitales sirven de marco para cualquier género, pero no cuentan de verdad lo que pasa en ellos y lo que hace la gente allí. Urgencias es otra cosa, siento mucha admiración por esa serie porque era una inmersión en el sistema.

El éxito de Hipócrates, más de un millón de espectadores, le pone más fáciles las cosas en el cine. ¿Cambiará eso el equilibrio profesional que vive ahora?

No. Seguramente durante un tiempo podré hacer con más facilidad cine, pero siempre volveré a la Medicina, que es mi verdadera vocación.

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