Publicado: 30.10.2014 09:08 |Actualizado: 30.10.2014 09:08

Sebastião Salgado: "Somos un animal muy feroz, nosotros los humanos"

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"Lo que más me disgusta es ver hasta qué punto el odio es contagioso", afirma Sebastião Salgado, mientras observa las fotografías que hizo en la antigua Yugoslavia, durante la guerra. Wim Wenders le ha colocado en un cuarto oscuro mirando una pantalla por la que pasan las imágenes que tomó durante cuarenta años. El fotógrafo cuenta cómo fueron aquellas experiencias. Sus recuerdos. Las reflexiones... Y cómo llegó el abatimiento ante la acumulación de tanto horror, de los actos más abyectos de los hombres. "No merecíamos vivir", dice ante una imagen de una las matanzas en  Ruanda. Y, finalmente, la recuperación, la vuelta de la esperanza. Es un recorrido emocionante, el sobrecogedor, impresionante viaje que ha hecho Sebastião Salgado a lo largo de su vida y que ahora comparte en la película La sal de la tierra. El estreno coincide con la exposición de su más reciente proyecto, Génesis, en CaixaForum de Barcelona.

Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián; Premio Especial del Jurado de la sección Un Certain Regard  y Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes, es una película codirigida por el prestigioso cineasta y fotógrafo alemán Wim Wenders y por el director Juliano Ribeiro Salgado, hijo del artista y responsable de las imágenes que aparecen en el filme de Salgado en acción.  "Esta es una película sobre Sebastião Salgado y su forma de ver el mundo, que es diferente -dice Juliano Ribeiro-. Él cree que los seres humanos somos una parte de la naturaleza, parte de un todo. Eso es muy importante y la película trata de eso".

Es la mirada hoy de un hombre, que aunque recuperado, quedó casi vacío. Sebastião Salgado. Cuarenta años viajando por todos los rincones del planeta y dejando testimonio de lo más hermoso y también de lo más monstruoso del ser humano. "Somos un animal muy feroz -dice en la película-. Somos un animal terrible, nosotros los humanos. Nuestra historia es una historia de guerras. Es una historia sin fin, una historia de locos".

Las imágenes de millones de personas muriendo de hambre en Etiopía. Las violaciones sistemáticas y los salvajes asesinatos en la guerra de la antigua Yugoslavia. El genocidio de Ruanda. Más de un millón de personas muertas a machetazos, a golpes... Fueron siniestros episodios que debilitaron su fe en nuestra especie. Sin fuerzas, abandonó su cámara y se retiró a la finca de sus padres.

"Algunos de los relatos y viajes son muy inquietantes, y algunos realmente terribles. A Sebastião le pareció que estaba volviendo a esos lugares, y para nosotros, todos esos viajes ‘al corazón de la oscuridad' también fueron abrumadores", explica Wim Wenders, que también acompaña al fotógrafo en su recorrido de vuelta a la esperanza, a ese rincón en Minas Gerais (Brasil). Allí, a finales de los noventa, Salgado encontró un desierto donde antes había una selva tropical. Pero no se rindió, puso en marcha el proyecto Instituto Terra y se dedicó, junto a su mujer Léila Wanick, a recuperar el paraíso perdido. Hoy, de nuevo en ese lugar hay árboles, millones, y los jaguares y los pájaros han vuelto... Y ahora ha recuperado las ganas de mirar el planeta, de redescubrirlo. "Mañana puede ser un día mejor si decides transformar tu entorno".

"Mi padre quebró", dice Juliano Ribeiro que explica cómo Sebastião Salgado se ha transformado de una forma positiva. "Le ayudaron más los árboles que las fotografías en aquel momento", dice el director, que explica el proceso de empatía que vive su padre con las personas a las que retrata. Un procedimiento "sincero, en el que encuentra cosas positivas y bellas". Una forma de trabajar que, en su opinión, tira absolutamente por tierra las críticas que hicieron Susan Sontag y The New York Times al trabajo de Salgado, de quien denunciaban una especie de ‘esteticismo de la miseria'.

"Todos merecemos una fotografía bella. Eso es lo que piensa mi padre. Él no está explotando con su trabajo a nadie ni nada", añade Ribeiro, que recuerda la intuición que tuvo Wim Wenders con la forma en que debían mostrarse las fotografías de Sebastião Salgado en la película. "Sus fotografías son un material poderosísimo igual que el cine puede ser hermoso en este mundo bárbaro".

Y el cine es el instrumento que ha aceptado Salgado para compartir su compromiso hoy con la naturaleza. "Salgado cree en el cine", asegura Ribeiro, que añade: "El poder de lo frívolo hoy es grande, pero hay espacio para todo. Tengo la certeza del poder que tiene el cine incluso en esta sociedad de consumo, de cosas fáciles, bellas, pero sin contenido. Hay sitio para películas como La sal de la Tierra, y creo que son películas que hay que seguir haciendo".