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'Secuestrados' es el nuevo 'Buried'

Premiada por partida doble en el Fantastic Fest de Austin, a la mejor película y director, es el filme más esperado de Sitges

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Una familia retenida en su hogar. En principio, nada extraño hoy por hoy. El propio director, Miguel Ángel Vivas, reconoce que el punto de partida 'es un subgénero en sí mismo, que va de Funny Games (Michael Haneke, 1997) a 37 horas desesperadas (Michael Cimino, 1990)'.

Algo debe tener Secuestrados cuando, tras su pase en Toronto, 26 países se hicieron con sus derechos de distribución. Mucho tuvo que ver en la compra el fondo: 'Hay un miedo universal a que nos invadan nuestro hogar, lo más sagrado y el único lugar en el que te crees a salvo', dijo el director. Y, sobre todo, la forma, rodada en 12 únicos planos secuencia: 'Quería conducir al espectador, que no hubiera cortes, porque las interrupciones domestican la historia y provocan una ausencia de la sensación de realidad. Por más que el público no conozca el lenguaje cinematográfico siente que es así, se desentiende de lo que ocurre'. La metáfora que elige para referirse a su osada planificación es hermosa: 'Quería un baile entre los espectadores y la cámara'.

Visto el éxito internacional, ¿hay miedo a las comparaciones con Celda 211(las dos películas han sido producidas por la misma compañía, Vaca Films)? 'No pienso en ello porque no está hecha con esa intención ni pertenece al mismo tipo de cine. Salvando las distancias, me gustaría pensar que es una mezcla entre La habitación del pánico y Rohmer o Cassavetes'.

Desde luego, Secuestrados puede convertir a su protagonista femenina, Manuela Vellés, en un rostro tan conocido como el de Luis Tosar tras interpretar a Malamadre. De producirse tan feliz acontecimiento, su trabajo le habrá costado: 'Fue un rodaje durísimo por lo que contaba y por cómo debía contarse. Fueron dos semanas repitiendo una y otra vez los planos antes de empezar a rodar', tal y como reconoce la actriz. Para su interpretación, Vellés (Caótica Ana) quiso 'huir del tópico de lagrimones y gritos'. 'He estudiado las diferentes fases del miedo. Cómo actúa tu cuerpo: shock, pánico, lloros, gritos y resolución', dijo.

Vivas tampoco lo pasó bien, al menos durante su victoriosa proyección en Austin: 'En esa sala, pasé tanto miedo como los protagonistas de la cinta. Estar seleccionado fue ya un premio, que me dieran los dos galardones a mejor director y película fue algo inesperado'. Todavía maravillado por la última virguería formal producida en España, Buried, de Rodrigo Cortés, Vivas se deshace en alabanzas hacia sus colegas: 'Me siento orgulloso de pertenecer a una generación de directores como Cortés, Balagueró, Plaza, Berdejo'.

Entre esos nombres también podría estar el de Nacho Vigalondo, que convirtió a Bárbara Goenaga en un icono del fantaterror hispano en Los Cronocrímenes (2007). Ayer, la actriz (embarazadísima) ha presentado Agnosia, de Eugenio Mira.

'Me siento cómoda en este tipo de papeles, sobre todo por la complicidad que alcanzo con los directores'. Para su personaje de una rica heredera de la Barcelona del XIX aquejada de problemas de percepción leyó a Oliver Sacks y vio el documental Más allá del espejo de otro ilustre agnósico, Joaquim Jordà. 'Con eso y la ayuda de un neurólogo fui capaz de aprender a moverme con alguien que sufre esa enfermedad'. El resultado en ambos casos es brillante.