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Segundo día: deambulando como un zombie

Diario personal del director Manuel Martín Cuenca en el 35º Festival de Toronto

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Flash back (o sea: contar la historia de atrás palante). Son las nueve de la noche y me encuentro comprando medias femeninas en una farmacia... Parece raro pero aquí en las farmacias venden de todo y las siguen llamando farmacias. Cosas anglosajonas. Mis consejos sobre qué medias deben comprarse son prudentemente desoídos por las féminas. Otro flash back. Fiesta del cine mexicano. Me encuentro con un productor español que me dice que yo le llamé para hablarle de un proyecto, pero que nunca me recibió. No lo niego pero no lo recuerdo, la verdad, por más que trato de hacer memoria. Me dice que me llamará cuando volvamos a Madrid, por si tengo algo que enseñarle. Se lo apunta en la blackberry o en el iphone... no sé, uno de esos teléfonos grandes. Yo, por mi parte, estoy incomunicado: ninguno de los teléfonos que llevo encima (uno personal y otro de la productora) me funcionan aquí. Imaginen qué tipo de aparatos tengo: protozooicos. Tengo que recurrir al método antiguo, el de toda la vida: quedar en un punto cada tres horas con mis compañeros para ver si ha pasado algo. Lo de las señales de humo se me ha ocurrido, pero lo he descartado. En una ciudad moderna no abunda la leña.

Otro flash back. Después de uno de esos encuentros vemos a nuestro agente de ventas. Está feliz. Una de sus películas acaba de ganar un premio en Venecia, se trata de 'Veranos de Goliat', que ha obtenido el de mejor película en la sección Horizontes. Nos alegramos casi tanto como él. Nos lleva a la fiesta mexicana y lo celebramos con un brindis con el director, que también presenta su película aquí. Parece un tío estupendo, nada soberbio, cosa que no abunda en nuestro oficio. Definitivamente creo que estamos en buenas manos. Sigue la fiesta: nuestro agente de ventas habla con todo el mundo. Defiende la película mejor que yo. Me dan ganas de echarme a llorar, abrazarlo y decirle 'gracias, papá'. Bebemos margarita y tequila.

Otro flash back. Estoy en el cine, en una sesión de prensa, pero no es de mi película, no. A ésa me han prohibido ir porque dicen que es de mal gusto, que a los periodistas no les apetece ver la cara del director cuando juzgan su peli. Lo entiendo y huyo del cine como perro apestado. Un director sabe que tiene que deambular por la ciudad como un zombie durante los pases de prensa. Si eso no lo enseñan en las escuelas de cine, deberían hacerlo. Es en ese momento cuando uno tiene ganas de llamar a su mamá y preguntarle si siempre le ha querido de verdad, si se siente orgullosa de tenerlo como hijo, si te echa mucho de menos... cualquier cosa con tal de recibir cariño. Lo malo es que a mí no me funciona el teléfono, ya lo he dicho. Así que me dedico a fumar. Ya sé que esto es sanitariamente incorrecto, pero les juro que algún día la profesión médica me va a dar la razón. Háganme caso. Fumar es bueno. Lo peor son los nervios. Yo soy aficionado a los puros y pipa. Sé que suena un poco antiguo y trasnochado, que no parece muy del cine independiente, pero qué le vamos a hacer: fumando puros soy un hombre feliz. El caso es que acabo en el pase de prensa de otra peli. La película se llama Zephira, es turca y probablemente nunca se estrene en España, pero es una buena película. Me gustó mucho el final, pero no pienso contárselo.

'Háganme caso. Fumar es bueno. Lo peor son los nervios'

Penúltimo flash back. 'Director´s brunch', le llaman aquí. Un encuentro de directores en el que sirven un aperitivo más bien escaso y en el que no conozco a nadie. Deambulo, otra vez, de un lado a otro. Se supone que un encuentro de directores es la cosa más interesante del mundo: hablan de sus cosas, unos dicen que hacen planos así y otros contestan que hacen planos asá... pero no es verdad. En un festival poner a confraternizar a los directores mientras se están exhibiendo sus películas es como pretender que dos boxeadores se den besitos antes del combate. Demasiada hipocresía. Así que decido escaparme y fumar. Ya se lo he dicho, fumar es bueno.

Último flash back. Son las siete de la mañana, suena el despertador. Abro los ojos y miro por la ventana. Está amaneciendo. La ciudad está preciosa.