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Sevilla

Un recorrido por la capital más allá de los lugares comunes del flamenco y los toros

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Más allá de los tópicos y las coordenadas turísticas clásicas de la capital hispalense late otra ciudad vivaracha y sofisticada que marca tendencias, un meollo de propuestas diversas que se dejan descubrir al compás de ritmos relajados y hedonistas.

Bajo el amparo del perfil de la Giralda, y para aquellos visitantes que se empecinan en trascender los lugares comunes del flamenco, los toros y los trajes de topos, la ciudad está engalanada por diversos ropajes: coqueta cuando se callejea por el barrio de Santa Cruz, jaranera en Triana o plácida junto al curso del Guadalquivir.

La noche sevillana se vive en el jardín público más viejo de España y Europa: la Alameda de Hércules

En pleno agosto, Sevilla arde bajo la canícula estival. Así que la espera para que la noche traiga algo de fresco y olor a jazmín es inevitable. De paso, se gana tiempo para que el ocaso sevillano transforme algunos de sus escenarios clásicos en laboratorios de tendencias y diseño. Así que, a tenor de la apasionada vehemencia con la que todo el mundo habla de él ('No te puedes perder su terraza', es la frase más repetida), el punto de arranque imprescindible es el Hotel EME Catedral.

No se equivocan. Desde su inauguración en 2008, a un paso de la catedral y de la Giralda, ha roto moldes en Sevilla al convertirse en un referente de las últimas tendencias del diseño de interiores y punto de encuentro de los urbanitas más avezados. No faltan sugerentes y atrevidas sugerencias gastronómicas, gracias a la cocina del restaurante Santos, bajo la batuta de Martín Berasategui desde el pasado mes de febrero. Aunque si hay un enclave clásico es su terraza al atardecer. Es entonces cuando su barra de alabastro blanca se ilumina y enmarca una maravillosa vista de la Giralda mientras el camarero no para de servir mojitos a ritmo de sonidos chill out.

La noche sevillana menos convencional continúa en el jardín público más antiguo de España y de Europa: la Alameda de Hércules, recientemente renovada, es el punto de encuentro de diseñadores, artistas y otras gentes de la bohemia sevillana que huyen de los bares del centro, conquistados por los turistas. Entre el puñado de locales que han abierto en los últimos años, uno de los básicos de la Alameda es República, cuya decoración de paredes blancas, y fotos gigantescas, se transforma al ritmo de una alucinante iluminación.

Otro referente es Aire de Sevilla, un nuevo concepto de hamman que deja la piel y el espíritu como nuevos, con sus piscinas y salas arabescas, que también se pueden disfrutar de madrugada. Este baño árabe es el mejor destino para quienes quieren flotar en el silencio en pleno centro de la bulliciosa Sevilla.

Más allá de las castañuelas, los abanicos y las mantillas, la capital hispalense agasaja a los fashion victims con todo tipo de sugerentes propuestas, que recogen las propuestas de los jóvenes diseñadores. Por ejemplo, La Pitusa, una tienda de espíritu naïf repleta de marcas exclusivas, o Hameväki, pequeña boutique que reúne una selección del diseño de moda escandinavo, con una sugerente selección de telas y estampados. Entre las propuestas clásicas: la tienda vintage de Vittorio y Lucchino, paradigma del estilo sevillano reinterpretado.

Por si quedara duda, una última prueba, que deja claro que se puede vivir Sevilla sin el tablao de flamenco: el test de la tapa. Una rutina local tan sacrosanta como el tapeo también vive su flirteo con la vanguardia. Para comprobarlo saboreando las tapas más punteras de la ciudad lo mejor es acercarse al barrio de Santa Cruz, para ser exactos a Carmela, un enclave dónde disfrutar de las propuestas de siempre, pero con sabores insólitos: calabacín relleno de arroz y soja, berenjenas con fritada de tomate, lomo a la naranja. O Al aljibe, otro referente de la Alameda de Hércules, con platos tan sorprendentes como el gazpacho de papaya.

Lo dicho, clásicos con envoltorio de vanguardia, deliciosa metáfora de la Sevilla más sofisticada.