Publicado: 17.08.2014 08:44 |Actualizado: 17.08.2014 08:44

"El sexo entre discapacitados intelectuales sigue siendo un gran tabú"

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Los casos de oído absoluto son bastante frecuentes entre las personas que padecen el síndrome de Williams o Síndrome Mozart. Estas suelen mostrar una gran pasión y talento para la música, además de tener una sensibilidad especial para los estados emocionales propios y ajenos. Son individuos sinceros y habitualmente felices, que contagian alegría por vivir. Los especialistas, de hecho, se refieren a ellos con términos como ‘proclives al optimismo', ‘generadores de entusiasmo' o ‘partidarios de la felicidad'. Todo ello son rasgos que juegan muy a favor de Gabrielle, una hermosa historia de amor entre dos afectados por este trastorno genético, que es también la historia de una batalla por la dignidad y la independencia.

Segundo largometraje de la directora y guionista Louis Archambault, la película está protagonizada por Gabrielle Marion-Rivard, una joven que padece realmente el síndrome y que se alzó con el Premio a la Mejor Actriz en los Canadian Screen Award. Le acompaña Alexandre Landry, que conquistó el Premio al Mejor Actor en el Festival de Gijón. La película, que representó a Canadá en los Oscar, ganó el Premio del Público en el Festival de Locarno.

Gabrielle es la historia de una joven con Síndrome de Williams. Vive en un piso de acogida con otras personas con alguna discapacidad y canta en un coro del centro de ocio al que todos acuden. Allí conoce a Martin. La pareja se enamora y quiere vivir su amor y su deseo sexual sin las trabas de los demás. "El sexo entre discapacitados intelectuales sigue siendo un gran tabú".

Es el "todo el mundo tiene derecho a amar" que reivindica la hermana de Gabrielle, frente al "sabes que no es lo mismo para la gente como ellos" que dice la madre de Martin.  "Quise hablar de la necesidad de libertad y de independencia de un discapacitado intelectual cuya vida está altamente controlada por su familia y diferentes profesionales médicos", explicó la cineasta en una entrevista concedida en Quebec, donde añadió: "Quería que el público se adentrara en su vida cotidiana para poder apreciar sus fuertes personalidades y, sobre todo, mostrar cómo sus deseos y emociones son tan fuertes como los de cualquiera de nosotros. Que son humanos y normales".

Así, Louis Archambault se convierte en portavoz de la independencia de estas personas, algo que consigue gracias a la complicidad de Gabrielle Marion-Rivard. El sabor de lo auténtico que transmite el filme no sería, seguramente, posible sin la presencia de esta joven artista y de otros actores con discapacidad intelectual que la acompañan. Son debutantes que han seguido los pasos de otros intérpretes que encarnaron también personajes con los problemas reales que ellos mismos padecían.

Memorable era el reparto de Nacional 7 (Jean-Pierre Sinapi, 2000), donde se contaba la historia real de un hombre con una enfermedad degenerativa que quiere hacer el amor antes de que eso sea imposible. Una de las enfermeras de la clínica para discapacitados en la que vive decide buscar una prostituta para ayudarle. El resto de pacientes -un grupo de auténticos discapacitados físicos y psíquicos- se entera y exige idéntica ayuda. Premio del Público en Berlín y San Sebastián, era una película de emociones genuinas para gente sensible y en absoluto compasiva.

En esta nómina de actores que sufren algún trastorno se encuentran, por supuesto, el equipo artístico de la espléndida Freaks (Tod Browning, 1932) o Marlee Matlin, la protagonista de Hijos de un dios menor (Randa Haines, 1986), una actriz que perdió prácticamente la totalidad de su capacidad auditiva en su infancia y se llevó un Oscar interpretando a una mujer sorda que lucha contra su silencio y por el amor recién descubierto.

Pascal Duquenne, un hombre con Síndrome de Down, trabajó al lado de uno de los grandes actores franceses, Daniel Auteuil, en El octavo día (Jaco Van Dormael, 1996). La pareja conquistó ni más ni menos que el Premio a la Mejor Interpretación Masculina en el Festival de Cannes. Dos años después, también conseguía cierto eco internacional El inolvidable Simon Birch (Mark Steven Johnson, 1998), adaptación de una novela de John Irving en la que Ian Michael Smith estaba interpretado por Michael Smith, un niño de doce años con Síndrome de Morquio (un desorden genético que causa enanismo) que daba vida a un niño con el mismo problema.

En España también hay notables ejemplos. Pablo Pineda, un joven con Síndrome de Down, se alzó con la Concha de Plata al Mejor Actor en San Sebastián por su trabajo en Yo, también (Álvaro Pastor y Antonio Naharro, 2009), historia de amor en la que compartía protagonismo con Lola Dueñas, Premio Goya por esta interpretación.

Sin embargo, fue en León y Olvido (Xavier Bermúdez, 2004) donde por primera vez en el cine español un actor con Síndrome de Down era protagonista. Más recientemente, el cantante Juan Manuel Montilla ‘el Langui', un artista que tiene medio cuerpo afectado por una parálisis cerebral, se alzaba con el Goya al Mejor Actor Revelación por su interpretación en El truco del manco (Santiago A. Zannou, 2008). Desde el cine documental también están los títulos de María y yo (Félix Fernández de Castro, 2010) o Món petit (Marcel Barrena, 2012).