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Skopelos, el destierro perfecto

Alejada de las concurridas Mikonos y Santorini, la isla griega de Skopelos tiene aguas cristalinas y una vegetación brutal

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Hace siglos, Skopelos fue un lugar de exilio para condenados. Un destierro al que cualquier viajero que busque tranquilidad, aguas cristalinas y una magnífica vegetación desearía llegar hoy en día.

Esta isla griega, perteneciente a las espóradas septentrionales, tiene la suerte de estar alejada de los clásicos circuitos del turismo, al margen de las concurridas Mikonos, Santorini, Creta o Rodas.

No es posible llegar en avión. Sólo las embarcaciones conducen a este rincón del mar Egeo en el que el viajero no se encontrará el paisaje de buganvillas y casas blancas de las cícladas, ni tampoco su viento.

Sus pueblos son pintorescos, con casas rematadas en rojos y azules. Pero si Skopelos cuenta con un lugar único, ese es Agios Ioannis, una ermita que vigila el mar desde lo alto de un peñón que se adentra en el Egeo.

Los colores de Skopelos son el verde de los pinos y olivos que inundan los acantilados y el transparente azul del mar que baña playas como las de Amarantos o Kastani.

En verano, la isla se salva de las aglomeraciones y sólo la presencia de algunas familias griegas los más marchosos prefieren la vecina Skiathos, más fashion y accesible en avión recuerda que la temporada alta ha llegado.

Casi todo el año es posible encontrar la calma en algunas de las impresionantes calas desiertas. Se puede llegar en las pequeñas barcas que los lugareños alquilan y dejan incluso a quienes no tienen ninguna experiencia en el mar.

Y lo demás es accesorio. El visitante no encontrará grandes ni refinados restaurantes. La gastronomía no puede ser más tradicional: la comida y la cena se resuelven en una de sus muchas tabepnas con platos típicos como la recurrida ensalada griega, los souvlakis (los clásicos pinchos de cordero) o la famosa tarta de queso de Skopelos.

La isla es tan bonita como apacible. Para medir su tranquilidad basta recordar que uno de los acontecimientos más importantes fue el rodaje en 2007 de la película Mamma Mía!. Sí, los espectaculares paisajes de la supuesta Kalokairi pertenecen en realidad a Skopelos.