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Unos sorbos de ron y sandwiches 'recortables': así se 'pone' Carmen París antes de salir al escenario

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Reconozco abiertamente que hace muchos años que no me pongo nerviosa ante un concierto, aunque a veces, antes de salir al escenario y por circunstancias que hayan pasado en mi vida que afecten a mi ánimo, me entra el síndrome Padre, aparta de mi este cáliz cuando veo que hay 400 o 1.000 personas esperando mi salida y yo me siento como para acostarme. Pero he de sacar fuerzas de flaqueza para dar lo mejor de mí. Esto, os aseguro, cuando sucede, es una prueba que tiene tela marinera.

Salida
Nos vamos de excursión

Me toca cantar en Murcia. A mi casa en Entrevías llega la furgoneta de mi road manager al mediodía, que hará de conductor. Los músicos y el técnico de sonido ya han cargado los instrumentos en sus locales de ensayo. Salimos la excursión somos nueve en total, y durante el viaje nos ponemos al día de nuestras vidas o sucesos acaecidos, escuchamos música o los de atrás ven alguna película (yo voy de copilota y no se ve la pantalla).

Llegada
Maquillaje y una vueltita por ahí

'Cuando el cátering es bueno, está el factor buitres leonados', que son mis músicos: como no te guardes algo, se lo papean todo los tíos'

Cuando llegamos al lugar del concierto, generalmente, mientras la banda se prepara para la prueba de sonido, organizo mis cosas en el camerino y si aún tengo tiempo antes de que llegue mi turno (pruebo la última), quedo con conocidos o familiares que tenga en el lugar, o bien me voy a dar una vuelta por los alrededores, a ver si encuentro algún dulce autóctono conocido o por conocer. Me gusta tener al menos una hora previa al concierto para maquillarme y vestirme tranquila, y que me dé tiempo a estar un rato en el camerino de los músicos y darme unos sorbos de ron antes de salir al escenario.

No suelo cenar bien cuando tengo concierto, no me gusta salir al escenario haciendo la digestión, y cuando termino de cantar y saludar ya suelen estar cerrados los restaurantes. Así que he de apañarme con lo que pongan en el cátering, que en cada sitio tiene niveles diferentes. Lo más frecuente son los sándwiches 'recortables' (que es como llamamos a los que venden en las gasolineras) y, a veces, con un poco de suerte, una tortilla de patata hecha por manos humanas y no en serie. Cuando el cátering es bueno, está el factor buitre leonado que son mis músicos: como no te guardes en tu camerino los bocados para después, se lo papean todo, los tíos.

Tras el concierto
La pila se me apaga...

Al terminar el concierto, generalmente salgo a saludar a la gente que se acerca, firmarles el disco y charlar con ellos un rato, si no son muchos. No suelo ir por ahí a tomar algo hasta muy tarde porque dos horas después de terminar de cantar la pila me empieza a flojear. Las veces que lo hago lo pago varios días. Y no es plan.