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Soul, samba y ukeleles en Las Palmas

Comienza en Canarias la decimaquinta edición del festival Womad con estrellas de la world music como Eliades Ocho

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De África al mundo anglosajón, pasando por Cuba, Argentina y Brasil. La diversidad es el santo y seña del festival Womad que, por decimoquinto año consecutivo, invita a conocer las bondades y virtudes de las músicas del mundo al público occidental.

Hoy, el principal reclamo es Eliades Ochoa, el cantante guajiro conocido por el proyecto Buena Vista Club Socia. En los próximos días desfilarán músicos como Depedro, Oumou Sangaré o Imelda May pero, aemás de eso, el festival guarda algún que otro jugoso as en la manga.

Uno de ellos es la británica Laura Vane & The Vipertones, que ha entrado como un torbellino en la era del nuevo soul con una voz que, a pesar de ser blanca, parece esconder un alma negra.

También podrá escucharse, mañana, al músico brasileño Marcio Local, que acaba de publicar el disco Says Don Day Don Dree Don Don: adventures in samba soul bajo Luaka Bop, sello que creó David Bryne y que también ha publicado a otros brasileños ilustres como Os Mutantes y Tom Zé.

Marcio Local (1976) nació en Realengo, un barrio obrero al norte de Río de Janeiro, y se mueve en la encrucijada que separa a otras dos grandes tradiciones de la música brasileña. De un lado, la samba y la percusión; del otro, la música afroamericana. Todo porque en su infancia, Marcio vio y conoció a los Banda Black Río, la banda liderada por el saxofonista Oberdan Magalhaes, la más importante del movimiento funk negro brasileño de los setenta.

Una una época en la que los vecinos se apuntaban a las escuelas de samba y no paraban de bailar al ritmo de James Brown y de Tim Maia. 'Fue una infancia inocente. Teníamos la libertad que hoy ya no hay, y aprendía a amar la música negra incluso más que las tradiciones brasileñas', explica el músico.

Su música tiene mucho que ver con África y cóctel le añade ritmos de melodías de reggae. 'En el Brasil de los 80 y 90 hubo una explosión de reggae, pero también cultivo el R&N, el soul y la bossa nova. Y la tradición brasileña. No olvido de donde vengo. Quizá el problema es que hoy buena parte del país está más influenciada que antes por la cultura norteamericana y cada vez menos por la brasileña. Antes no era así. Cuando era aún muy joven, Gilberto Gil llegó a Río y dedicó a nuestro barrio una canción, Aquele Abraçao. La fiesta duró semanas', dice el músico, que también imparte un taller sobre la música de su país.

Local reivindica la identidad negra en un país que se enorgullece de no ser racista a pesar de las desigualdades. También denuncia los problemas de su ciudad. 'La guerra de los narcos, la represión de la policía, la disolución de las fábricas... La lista es interminable. La denuncia de la violencia es inevitable a medida que uno se adentra en la cultura brasileña', explica.

Pero no todo es caos: 'Río es todo belleza, jolglorio y esperanza. Se ve en la gente, en sus ojos, en el baile. Pero sobre todo, en las mujeres', concluye.