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Stephan Hessel: "Luché contra Hitler y fui yo quien ganó"

El autor de '¡Indignaos!' publica 'Mi baile con el siglo', unas memorias con los campos de concentración como telón de fondo.

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'Luché contra Hitler y fui yo quien ganó'. Así de claro se ha expresado Stephan Hessel (Berlín, 20 de octubre de 1917), autor de ¡Indignaos!, antes de la publicación de sus memorias en castellano prevista para este miércoles.

A sus 94 años, el autor del libro que inspiró al movimiento 15-M ha reflexionado sobre la vida asegurando que consiste en 'la búsqueda activa de la felicidad' y que espera la muerte con 'un cierto apetito'.

Al echar la vista atrás en Mi baile con el siglo, Hessel reflexiona sobre la vida, la muerte y la escritura como salvación en los campos de concentración nazis. En su última publicación, el escritor francés cuenta cómo la muerte casi le atrapa en el campo de concentración nazi de Buchenwald, donde fue internado por haber luchado con la Resistencia francesa. Fue condenado a morir en la horca, pero 'in extremis' cambió su identidad por la de otro preso fallecido de tifus. Un extraño regalo a su 27 cumpleaños.

Buchenwald, Rottleberode y Dora, campos de 'exterminios sistemáticos', donde pudo conocer el 'horror puro, absoluto' al pasar un día desnudando cadáveres, cubiertos de sangre y excrementos, a cambio de dos rodajas de salchichón. Es aquí donde aparece la escritura, y en concreto, la poesía como salvación.

Hessel vincula la lírica al 'optimismo' y a la 'alegría de vivir', porque, puntualiza, 'los que sabían contar tenían más posibilidad de sobrevivir' y 'en situaciones dramáticas, cuando uno posee el don de la poesía, ayuda a seguir fuerte'. La poesía adquiere tintes espirituales para este superviviente de los campos de concentración que se considera alguien 'nada religioso'.

'Los que sabían contar tenían más posibilidad de sobrevivir

A sus padres debe la 'suerte' de haber recibido una educación elitista en Francia, país al que llegó con apenas siete años, y poder adquirir a los 20 la nacionalidad francesa. Sus progenitores, ambos de familias adineradas, formaron con el artista francés Marcel Duchamp (amigo de Franz y amante de Helen) el célebre trío reflejado en la película Jules et Jim (1962), de François Truffaut, una de las joyas de la Nouvelle vague.

La suerte volvió a estar de su parte cuando, con apenas 28 años, y sólo un año después de librarse de morir en el campo de concentración, entró en Naciones Unidas. Como último 'padre' vivo de la Declaración de Derechos Humanos, Hessel señala que esta está ahí 'para indicarnos el camino' y aboga por una reforma que abra el Consejo de Seguridad a más países.

Sabe que cambiar el mundo no es fácil, pero considera que 'no hay que desanimarse jamás' e insta a los ciudadanos a que se impliquen. 'El mundo es menos injusto hoy que cuando yo era joven, pero sigue siendo demasiado injusto', razona Hessel, quien ve tres desafíos para las próximas décadas: 'La gran diferencia entre los muy ricos y los muy pobres', la ecología y el terrorismo.

Entre sus tareas pendientes vuelve a aparecer la muerte. Esa de la que se libró en los campos de concentración y a la que Hessel no teme. El escritor francés vive su vejez repleto de esperanza ('puede ser mañana o dentro de tres años'), pero asegura que 'la muerte acogerá a alguien que ha aprovechado bien su vida, a alguien que ha sido muy feliz', concluye.