Publicado: 26.07.2015 20:36 |Actualizado: 26.07.2015 23:43

El sultán entre las cumbres

Mark Knopfler conquista el idílico paisaje de la Sierra de Gredos con un concierto multitudinario ante 15.000 personas que agotaron todas las entradas cuatro meses antes. Teloneado por Fito y los chicos de la M.O.D.A., la décima edición de Músicos en la Naturaleza cumplió las expectativas

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El guitarrista escocés Mark Knopfler, durante el concierto de la X edición del Festival Músicos en la Naturaleza celebrado este sábado en Hoyos del Espino, Ávila. EFE/Raúl Sanchidrián

El guitarrista escocés Mark Knopfler, durante el concierto de la X edición del Festival Músicos en la Naturaleza celebrado este sábado en Hoyos del Espino, Ávila. EFE/Raúl Sanchidrián

ÁVILA.- “Yo soy yo y mi circunstancia”, repetía el filósofo y pensador español José Ortega y Gasset a principios del siglo XX. Siguiendo esta ibérica reflexión, parecía inevitable que el sultán Mark Knopfler decidiera volver a ofrecer un recital de rock en el idílico paraje de la Sierra de Gredos (Ávila) durante la décima edición del festival Músicos en la Naturaleza, batiendo récords y convirtiéndola en la más multitudinaria en su década de existencia.

Con 15.000 personas expectantes, el ex líder de Dire Straits presentó algunos temas de su último trabajo en solitario, Tracker (rastreador), como Broken Bones, con el que comenzó su espectáculo. Pero como no podía ser de otra forma, Knopfler, de 65 años, reservó el clímax de la actuación para las creaciones más populares de la banda británica, icono musical de los 70 y 80.

El escocés conquistó a su audiencia con clásicos de la formación, mezclando baladas como Romeo and Juliet con su virtuosismo a la guitarra, desatado en los himnos de Going Home, So far away from me o, por supuesto, Sultans of Swing. Evocando su tierra natal, Knopfler aprovechó el teatro geológico de alto nivel que le ofrecía el Parque Regional abulense para interpretar algunos temas de inspiración celta con alta carga instrumental, apoyado sobre todo en dos flautas y una gaita que ayudaron a convertir la pista en una platea abrazada por los palcos y anfiteatros de los pinares y cumbres de Gredos.



“Es un placer volver aquí”, aseguraba en su idioma el cabeza de cártel, rol que ya desempeñó en 2010. Knopfler se encuentra este verano girando por España, donde en cada cita está demostrando a los nostálgicos de su música por qué es una de las figuras más veneradas del género. Fiel a su estilo impávido y profesional, interpreta cada rift de su guitarra como si estuviera al alcance de cualquiera.

Los chicos de M.O.D.A, en el concierto de este sábado. CARLOS DEL CASTILLO

Los chicos de M.O.D.A, en el concierto de este sábado. CARLOS DEL CASTILLO


Fito y Fitipaldis fueron los encargados de telonear la segunda visita del autor británico al festival. Como uno de los más aclamados representantes del rock nacional, Fito fue capaz de convocar a su propio público y deleitarlo con sus canciones más coreadas, en un espectáculo que ya ha pasado a ser intergeneracional y en el que se podían ver niños que no superaban los diez años de edad entre el público.

Quizá muchos de ellos le deban bastante, sin saberlo, a Por la boca vive el pez, el trabajo del grupo lanzado en 2006 del que provienen temas como el que le da nombre o Me equivocaría otra vez, que levantaron al público de Gredos. Con un Carlos Raya a la guitarra en plena forma, la banda no decepcionó a los asistentes, que colapsaron con atascos las carreteras de entrada al recinto, poco acostumbradas a los séquitos que el sultán o los Fitipaldis son capaces de convocar.

Una multitud a la que los chicos de la M.O.D.A. (La Maravillosa Orquesta del Alcohol) quisieron enseñar de lo que son capaces. Los siete jóvenes burgaleses están dispuestos a que su rock & roll con fuerte acento folk irlandés traspase el panorama indie y para ello no dejaron que el público se cansara de pedir bises a Knopfler antes de desatar a su espalda su arrolladora energía. Protagonistas en el escenario secundario situado justo frente al principal, a buen seguro consiguieron que su segundo disco, Primavera del Invierno, llamara la atención de muchos de los presentes, que decidieron desafiar a las temperaturas de la madrugada de la Sierra de Gredos para escuchar su propuesta.