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‘Taboo’, intensidad, sordidez y política en el Londres del siglo XIX

Tom Hardy ejerce de protagonista (casi) absoluto, productor y creador de esta oscura e intensa serie que en España puede verse en HBO y que ya ha emitido la mitad de sus ocho capítulos.

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Tom Hardy ejerce de protagonista de Taboo / HBO

MADRID.- Taboo ha llegado a su ecuador y, con cuatro capítulos emitidos (en España a través de HBO), es un buen momento para hacer balance. El piloto era tan indescifrable, tan extraño y tan complejo que no resultaba fácil hacerse una idea exacta de qué se estaba viendo. Aún ahora, con la mitad de la primera temporada vista, la serie creada por el triplete Chips Hardy, Tom Hardy y Steven Knight sigue siendo por momentos inabordable y desconcertante.

Taboo ha hecho de su intensidad y la oscuridad de un Londres de principios del siglo XIX decrépito, sucio (en muchos sentidos) y sórdido su seña de identidad. El protagonista es James Delaney, un joven extraño, complejo, rudo y retorcido, por qué no decirlo, que fue dado por muerto durante años y que regresa de África cubierto de tatuajes y con el firme propósito de recuperar el imperio naviero de un padre que murió abandonado y prácticamente solo.

Un personaje creado por y para mayor gloria de Tom Hardy, quien ha hecho de Taboo su proyecto personal más arriesgado. Lo protagoniza, sí, pero también es el creador de la serie junto a su padre y Knight (responsable de Peaky Blinders) y, además, la produce. Esta última faceta parece ser la menos reconfortante, ya que, según ha publicado The Sun, la productora creada para lanzar la serie habría perdido dos millones de libras con el proyecto.

Superado el complejo piloto se descubre que en realidad Taboo va más allá de Tom Hardy. Su figura sigue siendo primordial y casi omnipresente, pero hay algo más debajo de su sombreo y su gabardina al viento. La intensidad y la oscuridad no se desvanecen en ningún momento envolviendo una suerte de trama política con la Corona inglesa, el gobierno estadounidense y la East India Company como vértices de un triángulo que tiene en su centro a Delaney, propietario de ese trozo de tierra que todos quieren.

Conspiraciones, espías, alianzas buscadas y forzadas van tomando forma a media que pasan los capítulos. En medio de todo ello destacan los actores que ejercen de cabeza visible de cada uno de los frentes abiertos. Por la East India Company sobresale el maquiavélico estratega Sir Stuart Strange, interpretado por Jonathan Pryce (el Gorrión Supremo de Juego de tronos). En el bando de la Corona, Mark Gatiss se transforma por completo hasta el punto de que cuesta reconocerle para dar vida a un Príncipe Regente con mucha más inteligencia de la que hace ver al resto. Y, por último, ese espía estadounidense, médico que disfruta tiñendo telas, con el rostro del versátil Michael Kelly.

En Taboo hay mucho de política, mucho más de lo que parece en su arranque. De hecho, los problemas y oscuros secretos de la familia Delaney quedan relegados a un segundo plano ya en el segundo episodio. En ese ámbito es donde entra en juego Oona Chaplin, hermanastra del protagonista por parte de padre y personaje con pocas líneas aún sin definir a mitad de temporada. No hay muchos roles femeninos en esta serie y los que hay no gozan ni de profundidad ni de protagonismo.

Uno de los aspectos por los que destaca Taboo es por su cuidada y estudiada puesta en escena. Dirigidos los primeros cuatro capítulos por Kristoffer Nyholm (Anders Engström toma el relevo en la segunda mitad de la temporada), estos muestran un Londres previctoriano que deja en evidencia lo peor del ser humano. Hasta las fiestas de la alta sociedad son oscuras, sórdidas y están cargadas de esa intensidad dramática que se apodera de toda la serie.

Taboo no es una serie fácil de ver. Cuesta mucho entrar en su juego y no siempre resulta agradable. Por no hablar de que existen aspectos que aún pasada la primera mitad de la temporada siguen sin dilucidarse (qué son esas extrañas prácticas de vudú que realiza continuamente James Delaney y hasta dónde llegan). Lo que queda claro es que no se trata del drama oscuro y familiar que se preveía al comienzo, sino más bien una serie donde la estrategia mercantil y política tiene mucho peso y donde su protagonista aún está por demostrar si es un loco o un visionario.