Publicado: 13.10.2014 10:33 |Actualizado: 13.10.2014 10:33

Los teatros de Lavapiés unen sus fuerzas

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La unión hace la fuerza. Bajo esa premisa, la mayoría de salas de teatro del barrio de Lavapiés, un total de 15, se han unido para crear Lavapiés Barrio de Teatros, una red cuya intención es aunar esfuerzos para encontrar medidas que atraigan público y convertir el distrito más multirracial de Madrid en una especie de West End londinense. Este pasado jueves fue la presentación del proyecto en la sala Mirador, que pertenece a Cristina Rota y de la que su hijo, Juan Diego Boto, es el programador. Allí se encontraban sentados y dispuestos a explicarse, frente a periodistas, amigos y curiosos, los responsables de los espacios escénicos, la conclusión: por el momento muchas intenciones, pocas propuestas.

De cara al público, para presentar el proyecto y la página web, www. lavapiesbarriodeteatros.es (dentro podrás ver las salas que participan en la red), este sábado se propuso una serie de actividades en las salas implicadas. En realidad, la misma programación pero a mitad de precio, excepto en la sede de Nuevo Teatro Fronterizo, que aunque no es un espacio de representación se programó en una de sus habitaciones un monólogo de un texto de Julio Cortázar dirigido por Sanchís Sinisterra, e interpretado por Ramiro Melgar. Lleno hasta la bandera. Para el resto de teatros la jornada pudo ser un poco más difusa por culpa de la lluvia torrencial que cayó esa noche.

A los 15 nombres hay que sumarles la participación de los de los teatros públicos que están dentro del barrio: El Centro Dramático Nacional, La Compañía Nacional de Teatro Clásico, El Circo Price y la Casa Encendida. Hasta el momento se desconoce cual va a ser su contribución a la red, por ahora no son más que nombres en un dossier, más adelante, asegura Andrea Díaz, una de las organizadoras, se concretará dicha contribución. "Es importante para nosotros que los teatros grandes nos hayan manifestado ese interés de estar aquí con nosotros", explica.

Una de las creaciones de la Red es la de una especie de pasaporte de teatros. En un papel, poco más grande que un A4, están los logotipos de las salas que participan. Cuando un espectador va a ver una obra, en la taquilla se le pone el sello del espacio al que corresponde. Después de haber reunido los 15 sellos tendrá un descuento de 2x1 en cada una de las salas implicadas para la temporada siguiente.

Hasta el momento no hay más propuestas, pero sí intenciones, o mejor dicho, posibilidades que están en el aire. Una de ellas consiste en la creación de un festival de teatro callejero en el barrio, aunque la idea no se concretó en la presentación porque aún está por ver. Al igual que el diseño de una plataforma de venta de entradas exclusiva de la Red. "Quieras que no ayuda, porque las plataformas quitan un tanto por ciento a las salas", explica Díaz.

Hasta el momento las salas participantes se encuentran dentro de los límites del barrio, pero Díaz asegura que no son pocas las que se han interesado por el proyecto. Esta semana se reunirán para hablar, entre otras cosas, sobre la posible participación de espacios que se encuentran en otros barrios. El tipo de sistema que rige la Red es asambleario, cada sala tiene una representación, independientemente de su tamaño o la facturación.

Sinisterra: "La intención es que los vecinos de Lavapiés sientan que esto es parte de su tejido cultural"Sinisterra, creador de NTF, un espacio para la experimentación donde se realizan talleres, entre ellos uno de dramaturgia que él mismo imparte, ha sido desde que se propuso la idea, en febrero, uno de los impulsores de la red: "Con esta extraña contaminación que se está produciendo entre los criterios de lo privado y lo público se está llegando ya a verdaderas externalizaciones. Me gustaría que esta iniciativa se decidiera como un teatro ciudadano y queremos que la noción barrial sea importante. La intención es que los vecinos de Lavapiés sientan que esto es parte de su tejido cultural".

Uno las intenciones de la red es que las compañías de teatro puedan ir rotando de sala en sala compartiendo programación, y también, si se da el caso hacer producciones conjuntas o monográficos en los que tras la obra se puedan ofrecer conferencias. Aunque no viven de subvenciones, no descartan pedir, pero el sistema que impera, hasta el momento, es de autogestión.

¿Es suficiente esta iniciativa para contrarrestar los malos números de la taquilla? El tiempo lo dirá. Lo que es seguro es que la mayoría de los actores seguirán teniendo la interpretación como segunda opción, ya que vivir del teatro se está convertido en cosa de unos cuantos privilegiados. No es nada raro escuchar en alguna conversación entre artistas que hay demasiadas salas alternativas, que pagan muy poco y que encima no te aseguran. El sentir general es que vivir exclusivamente del teatro es imposible. Nada nuevo bajo el sol.

Este año hemos sido testigos del cierre de algunas salas. Una de las más significativas ha sido la de El Sol de York, un teatro que pretendía hacer las cosas bien (en cuanto a gestión y compromiso con las compañías se refiere) y que no acabó tan bien. Otras de menor formato han tenido que echar el cierre, la pregunta es: ¿Si cierran salas porque no es rentable, por qué abren más salas? Cada cual tendrá sus motivos, pero la ingente cantidad de producto "alternativo" lleva, o puede llevar, a una disminución de la calidad del producto, y con ello el público es la principal víctima de esta nebulosa de gestión que no da ni para pagarse el billete de metro. "Se habla mucho de la calidad de algunos montajes", explica Sinisterra, "pero eso pasa también en el teatro público. Hay obras que no dan la talla y hacen que muchos espectadores al final no vuelvan".

Sea lo que fuere, la red se ha creado para unir fuerzas, y que los dilemas a los que actualmente se enfrentan las salas sean cosa del pasado. Nadie puede predecir que esta empresa quijotesca solucione los problemas de nadie, pero... quedarse quieto, sentado en un sofá, como el que dice, esperando que la solución llame a tu puerta, tampoco arreglaría nada.