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Tegucigalpa

Volver a ser virgen en el nombre de Dios

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Un proceso de cirugía plástica puede cambiar tu vida'. La solución estaba en los anuncios en Internet o en la prensa local. La familia de Ivonne podía respirar tranquila. La policía había descubierto a la jovencita haciendo travesuras con su novio en el Parque Picacho, uno de los preferidos de los jóvenes de Tegucigalpa para las aventuras sexuales. Era la primera vez que Ivonne, una chica bien de la sociedad hondureña, tenía problemas con las Fuerzas del Orden. Pero sobre todo era la primera vez que la joven culminaba las acrobacias del amor. Ese día perdió la virginidad. Pero su familia le obligó a operarse pocas semanas después para reconstruir su himen.

La himenoplastia es una de las operaciones de moda entre la high class de Tegucigalpa. Uno de los cirujanos estéticos más conocidos de la capital, Luis Gonzales, realiza 30 operaciones mensuales a jóvenes de 18 a 30 años. Como él hay varios más. Reconstruir la honra de la mujer cuesta entre 1.500 y 2.000 dólares. Todo vale para mantener formas y valores en una sociedad profundamente religiosa, de una moral cristiana siempre presente, donde líderes políticos de derecha e izquierda toman el nombre de Dios en vano siempre que pueden. Desde el general golpista Romeo Vásquez ('Me hinco de rodillas a pedirle sabiduría a Dios'), convertido ahora en mandamás de las telecomunicaciones locales, hasta el derrocado Mel Zelaya ('Estoy vivo por una gracia de Dios'). Y, a la cabeza de todos ellos, Roberto Micheletti, el que fuera presidente golpista durante siete meses, que no dudó en despedirse con un '¡Dios es hondureño!' para celebrar la culminación de su mandato ilegítimo.

A la omnipresente religión se le suma el machismo que domina esta sociedad centroamericana

El que sí es muy hondureño es el Opus Dei local, empeñado en cercenar las libertades sexuales de las mujeres del país cuando por fin comenzaba a respirarse aires más liberales. Gracias al lobby dirigido por la ex vicecanciller Martha Lorena Alvarado, brazo intelectual del Opus, el Congreso prohibió la ley que permitía la venta de la píldora del día después. Un pecado capital para parte de la sociedad, empeñada en imponer sus principios y buenas costumbres, tan parecidos a las del nacionalcatolicismo franquista.

Y son estas buenas costumbres las que dirigen el bisturí de los cirujanos en su recomposición del himen. El factor Dios sigue pesando, y de qué forma, pese a que vientos liberales llegan desde todas las fronteras. Los jóvenes gays hondureños ya no se esconde en los armarios y la bisexualidad está de moda entre las nuevas generaciones de los capitalinos, que se exhiben públicamente en los locales más cool del Paseo de los Próceres. Las fiestas electrónicas también viven su apogeo y muchos de estos jóvenes fuman mota (marihuana) de forma desinhibida.

Pero los enemigos de la apertura social en Honduras son muchos. A la omnipresente religión se le suma el machismo que domina esta sociedad centroamericana. La himenoplastia tiene carga religiosa, pero también tradicional machista: el marido o novio de la operada podrá disfrutar de su virginidad para así sentir que es el primero cuando la desflore. Incluso mujeres más maduras con hijos adolescentes se han animado a reconstruir su himen.

En Honduras, como en otros países, la cara más brutal del machismo son los feminicidios, que en 2009 se dispararon hasta 286 casos en un país que forma parte del triángulo (con Guatemala y El Salvador) más peligroso del planeta, según la ONU.