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Un thriller bajo el frío y las bombas de la guerra

Herrero estrena 'Silencio en la nieve', un filme sobre la División Azul

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Más de cuatro millones de euros de presupuesto. Un rodaje a menos 25 grados centígrados durante seis semanas en Lituania. Tanquetas y trajes de la II Guerra Mundial traídos desde Polonia. Y un tema llamativo: la actividad de la División Azul, el Ejército que envió Franco para ayudar a las potencias del Eje en el frente ruso.

Bajo la paradoja de hallar un asesino en medio de una guerra en la que cada día mueren decenas de personas, esto es en toda su dimensión Silencio en la nieve, la última película de Gerardo Herrero (y su número 15), estrenada este fin de semana. Un mejunje correcto de Historia y thriller recreado a partir de un guión que parte de la novela de Ignacio del Valle, El tiempo de los emperadores extraños, y que cuenta con las interpretaciones principales de Juan Diego Botto como Arturo Andrade, un antiguo inspector de Policía en la República, y Carmelo Gómez como el sargento Espinosa, un franquista convencido. 'Creo que este es el personaje más opaco que he hecho. Apenas sabía nada de él y ha sido difícil encajar ahí', señala Botto. 'Desde luego son dos hombres con ideas polarizadas, pero en esa situación se crea una verdadera relación de amistad. Y eso suele pasar en el Ejército', añade Gómez.

Herrero: 'No quería hacer una película maniquea sobre la División Azul'

La película se asienta en dos pilares que llaman la atención del espectador. La primera, la temática. No hay muchas películas sobre la División Azul y aún hoy sigue existiendo cierta bruma sobre este grupo de soldados entre los que se encontraban falangistas convencidos de ayudar a Hitler, pero también republicanos represaliados por su actuación durante la Guerra Civil. 'No quería hacer una película maniquea. Era fácil no presentar bien a los facistas, pero lo cierto es que hubo mucha gente de diverso signo en aquel frente, incluso chavales que sólo buscaban aventura. He intentado no juzgar a los personajes', advierte Herrero, quien asegura conocer 'ahora un huevo' sobre los divisionarios.

La ambientación realizada por Eduardo Hidalgo es otro de los puntos a favor de esta cinta. Rodada en Vilnius y Kaunas, el hielo y el frío se cuelan en la pantalla, y aunque en ocasiones se vean unas costuras que nos muestran que no estamos ante una superproducción de Hollywood, eso no desmerece la ambición de este trabajo artístico, conseguido en parte 'gracias al dinero logrado fuera de España', apunta Herrero. La película consiguió una subvención del fondo Euroimages, de la Unión Europea, y como reconoce su director, 'cuando empecé a trabajar en ella no teníamos la crisis actual. Ahora no sé si me hubiera embarcado en ella'.

Rodada en Lituania durante seis semanas, contó con ayuda de la UE

No obstante, más allá de lo que se podía haber hecho con más o menos dinero, el producto final muestra el duelo interpretativo entre Botto y Gómez. A pesar de envolverse con tramas algo olvidables (como la relación romántica del personaje de Botto), la película intenta hablarnos del honor y los deseos de venganza. 'Es que esa es la manera que tienen los personajes de mantenerse cuerdos. Están en una situación tan extrema que necesitan algo que les mantenga en contacto con la humanidad', zanja el escritor Del Valle.