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Tomasz Wasilewski: “En Polonia divorciarse es todavía una vergüenza, la letra escarlata”

El cineasta retrata la situación de las mujeres en la Polonia de 1990, el año en que empezaron los cambios, “en el que no sabíamos aún qué significaba la libertad. Pero también el año en que las mujeres empezaron a tener voz propia”

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Tomasz Wasilewski

La Polonia comunista vivió unos años especialmente duros a principio de los 80, cuando Jaruzelski declaró el estado de guerra. Aumentó en cantidad y en intensidad la represión contra los opositores al régimen, se cortaron muchos teléfonos, se prohibió viajar al extranjero sin permiso policial… Las elecciones de 1989 pusieron fin al comunismo y un año después, los polacos “empezamos a ver cambios, pero no sabíamos qué hacer con la libertad, no teníamos herramientas”. El cineasta Tomasz Wasilewski tenía diez años y sus recuerdos son sobre todo los de las mujeres con las que vivía. “Los hombres se fueron a trabajar al extranjero. Mi padre se fue a EE.UU.”.

Hoy, ya adulto, ha convertido esa memoria del pasado en una nueva película, Estados Unidos del amor, historias cruzadas de cuatro mujeres que luchaban contra amores insatisfechos y contra la represión sexual. Un filme que apunta también la enorme influencia de la Iglesia católica a partir de ese mismo año. Ganadora del Premio al Mejor Guion en el Festival de Berlín, la película es al mismo tiempo una crónica de un momento especial en el país, “estábamos en una especie de tierra de nadie”.

Su historia transcurre en 1990, ¿por qué eligió ese año?

Es un año especial porque fue un momento en el que el pasado y el futuro se encontraron. Solo unos años después, en Polonia ya sabíamos lo que significaba la libertad, pero en 1990, aún no y en el 89 vivíamos el comunismo. 1990 fue el principio de todos los cambios, cuando estos empezaron a ser reales. Pero la sociedad no tenía las herramientas para usar esos cambios, no sabíamos qué hacer con la libertad, estábamos en una especie de tierra de nadie.

Usted se centra en las mujeres, ¿fue mayor el cambio para ellas que para los hombres?

El cambio fue muy grande para todos, pero yo lo recuerdo desde la perspectiva de las mujeres. Mi padre se había ido a Estados Unidos a trabajar y yo viví la transición con los ojos de las mujeres. Eso mismo ocurrió en muchas familias polacas. Como se podía por fin salir al extranjero, muchos hombres se fueron a trabajar fuera. Las mujeres empezaron en Polonia su emancipación, comenzaron a tener voz propia.

Ahora que todo el mundo critica el sistema capitalista…

Yo no. Es muy común esa insatisfacción con lo que uno tiene, es fácil criticar, pero yo recuerdo muy bien que no podía salir al extranjero, el racionamiento, no había nada en las tiendas… Un día fui con mi madre a comprar carne y había que esperar más de una hora. En la puerta de al lado vendían alfombras y decidimos comprar una, y nos fuimos a casa sin carne y con una alfombra, tan felices. En 1993 fui a Nueva York y vi los anuncios de coches y no entendía nada. ¿Cómo podía ser? En Polonia estábamos esperando tres años para tener uno.

Pero el capitalismo tiene otras trampas ¿no?

Claro, pero todo depende de la perspectiva con que lo mires y a menudo olvidamos lo duro que ha sido antes. Además, no nos forzamos mucho en defender lo que tenemos. Lo que hay que hacer es buscar soluciones para mejorarlo, en lugar de criticarlo.

Hay una cosa que era mejor en Polonia antes de 1990, el cine.

Sí, la Escuela Polaca de Cine con los grandes, grandísimos maestros. Ellos tuvieron que luchar contra la censura y tuvieron que inventar un idioma propio en el cine. Pero nosotros ahora, por fin, hablamos de cosas diferentes. De momento, no tenemos que luchar contra nada ni nadie, así que estamos más concentrados en los seres humanos, en la vida emocional.

Fotograma de la película Estados Unidos del amor de Tomasz Wasilewski

Su película subraya el papel de la religión en ese año, ¿desde entonces es un elemento muy opresor en Polonia?

Terriblemente opresora, pero no solo para las mujeres. Durante el comunismo, la iglesia jugó el papel de reunir a la gente en contra del comunismo, por eso ganó tanto poder político y tanta influencia. Polonia es tradicional y católica y eso se ve en la vida diaria. Su influencia es tremenda, a excepción de Varsovia y alguna otra gran ciudad.

Eso no habrá hecho más fácil la vida de las mujeres, ¿no?

No. Es verdad que antes no existía el divorcio, por ejemplo. Yo no conocí hasta los 16 años a nadie con padres separados. Creo que hoy es más fácil separarse y que está mejor aceptado por la sociedad, pero la religión y la tradición todavía son muy poderosas. Hoy en muchos sitios de Polonia divorciarse es aún una vergüenza, la letra escarlata.

Ha hecho esta película basándose en su memoria, pero ésta nunca es de fiar…
Es verdad, pero no me documenté más. El mundo que he creado, el entorno, el lugar, todo está tal y como yo lo recuerdo y lo recuerdo muy claramente. Es verdad que no son historias verdaderas, que son fantasías que yo he inventado sobre esas mujeres. Mujeres que estaban encerradas en sus pisos y que yo pensaba, cuando era pequeño, que eran felices, pero cuando crecí, de adulto, me di cuenta de que no hablaban nunca de sus emociones y comprendí que no era verdad. Por eso quise entrar en esas puertas cerradas.

Retrata la insatisfacción de esas mujeres, pero ¿no será más bien su propia insatisfacción la que ha retratado?

Lo es. Mis películas son mis emociones y la manera en que yo veo la vida. Hay mucho de mí en esas mujeres. No me considero una persona insatisfecha, pero… sé que puedo comunicar las emociones y los deseos que esas mujeres tenían entonces. Yo mismo podría comportarme como ellas.

Pero ¿usted es consciente de que las mujeres, a pesar de las circunstancias, suelen tener siempre herramientas para la felicidad?

Completamente. Pero la película no es un retrato de las mujeres de la época, pero siempre busco personajes al límite, los coloco al borde y dejo la película abierta para que el público decida si sujeta al personaje o lo empuja al abismo. Es el tipo de arte que me inspira.

¿Por qué hoy es interesante esta historia de 1990?

El aspecto político solo es el telón de fondo, la historia es universal, es un drama humano. No son solo las mujeres, son también los hombres y toda la gente que combate con sus emociones y sus deseos, que intenta cumplir con sus sueños.

¿Desde el cine se puede provocar la reflexión para intentar cambiar las cosas?

Se puede. Aunque yo no quiero decir a la gente qué tiene que hacer, intento arrancar emociones para que se lleven los personajes fuera del cine y decidan ellos mismos qué habría que hacer. La gente no es estúpida, no me gusta el control, no creo en él. En lo que sí creo es en la comunicación, en que debemos hablar para entendernos unos a otros y en que esa es la única forma de construir una sociedad más fuerte.