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Tosar contra el último narco hippie

Mr. Nice' lleva al certamen andaluz la delirante historia real de Howard Marks, con el actor español como secundario clave

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Llamar narcotraficante a Howar Marks parece demasiado. Aunque lo fue. Y de qué manera: internacional, ambicioso y bien conectado. Pero se antoja excesivo porque, desde luego, este galés nacido en 1945 y que todavía vive y colea como icono contracultural británico no encaja en la horma brutal creada por el cine para los narcos de gatillo fácil y mirada asesina, desde Tony Montana en El precio del poder hasta Frank Lucas en American Gangster. El Howard Marks de Mr. Nice, la cinta presentada ayer con la que el inglés Bernard Rose compite en la sección oficial del Festival de Cine Europeo, es más bien un Jeffrey Lebowski ambicioso y erudito, y por supuesto con más ganas de fumarse la hierba que de venderla.

'¡No tenía ni idea de este personaje! La primera noticia que tuve fue el libro [la autobiografía de Marks] y me quedé sorprendido. Esta película le da la vuelta a las historias de ascenso y caída de narcontraficantes', explicó Tosar en una rueda de prensa que demostró que, sobre todo a raíz de Malamadre, este actor tiene ya ese magnetismo de las estrellas que impide que los periodistas pregunten a nadie que no sea él. 'Pero preguntad al director, que ha venido de muy lejos', protestaba. Dispuesto a evitar el protagonismo, sí admitió que pese a su participación en esta cinta y en otras como Miami Vice y Cargo, el inglés le 'sigue dando problemas'. También se mostró dispuesto a orillar el cine el próximo año. 'No lo voy a dejar, pero me voy a dedicar más a la música con mi grupo, The Ellas', dijo.

Tosar interpreta al policía empeñado en desmontar el tinglado de Marks

Tosar interpreta en Mr. Nice al policía adusto y obstinado que aparece en el tramo final de la cinta para desmontar el formidable tinglado montado por Marks, resuelto a convertir el mundo en un inmenso fumadero. ¿Pero quién es este Marks? Aquí va un resumen tan vertiginoso como su vida: estudiante modélico, en Oxford descubre a través del muy carnal personaje de Elsa Pataky tanto el sexo libre como, sobre todo, el cannabis en cantidades industriales. Y se hace camello. Aunque como él mismo dice: 'Un camello es alguien con más droga de la que puede fumar. Yo intenté fumármela toda'.

Su temeridad, la naturaleza convulsa de los años sesenta y setenta y las carambolas terminan convirtiéndolo en un asociado de elementos del IRA, la CIA, los servicios secretos británicos y hasta la mafia... Un hippie disparatado e incapaz de matar una mosca que compagina su papel de padre laborioso de familia numerosa con otro de narcotraficante con 43 alias y 89 números de teléfono. Todo ello mientras filosofa acerca de su amada marihuana, con la que ha hecho fortuna pero de la que defiende su completa legalización por cuestión de principios.

Este legendario narco hace ahora shows humorísticos contando su historia

Ese es Marks, interpretado en la pantalla por Rhys Ifans, el tirillas descocado que comparte piso con Hugh Grant en Nottingh Hill. 'Howard ha visto la película y le ha encantado. Ahora mismo está en Gales. Sigue ganándose la vida, ahora como humorista, contando su historia', explica a Público Bernard Rose, que en 1992 rodó la mítica cinta de terror Candyman con sólo 32 años.

Lo que sedujo a Rose de esta historia fue su retrato de la transición completada en el mundo desde unas décadas, sesenta y setenta, en las que todavía hordas de jóvenes entusiastas creían poder cambiar el mundo entre colocón y colocón. 'Su historia encapsula la segunda mitad del siglo XX. Mientras el mundo cambiaba a su alrededor, Howard no lo hizo', afirma Rose, que acudió al productor Luc Roeg hijo del mítico cineasta experimental Nicholas Roeg por su convencimiento de que la cinta era 'demasiado polémica para que la produjese la BBC'.

La cinta contiene, lo pretenda o no, un alegato antiprohibicionista. Es difícil que algún espectador disfrute cuando Marksda con sus huesos en la cárcel. 'Todas las políticas prohibicionistas fracasan. Nadie nunca ha dejado de tomar una droga por estar prohibida'.