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"Trato de crear un mundo perfecto para salvarme del mal"

El Nacional de Artes Plásticas premia la obra matemática de Elena Asins, pionera en el uso del ordenador en su carrera

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Antes del verano, cuando presentaba una retrospectiva de su obra en el Reina Sofía de Madrid, Elena Asins (1940) desplazaba su pequeño cuerpo por las enormes salas del museo mientras murmuraba que no sabía si aquello era arte. Ayer, al saber que le daban el Premio Nacional de Artes Plásticas, recordaba su comentario: 'Es que no sé si es arte. Ni lo sé ni me importa. Yo hago lo que hago. Y ya está. Construyo cosas'.

El jurado del galardón, presidido por la directora de Bellas Artes, Ángeles Albert, valoró 'la coherencia de su trayectoria y la vitalidad, complejidad y variedad de un trabajo vinculado con la tradición constructiva de la vanguardia'. A Asins estas palabras le gustan 'son de Borja-Villel', cuenta como si estuviera revelando un secreto, pero cuando es ella la que habla de su obra la explicación es bastante más clara: 'Trato de crear un mundo perfecto para salvarme del mal. Yo vivo en el mundo, como todos, un mundo con muchos defectos, también con virtudes, pero definitivamente muy complejo. El mal entra en ese mundo y puede dominar. Para salvarme de ese agujero negro invento un mundo diferente y perfecto'.

'Es normal que no me comprendan, yo soy una investigadora'

Asins responde al teléfono fijo desde su casa en Azpíroz, un pueblecito del norte de Navarra donde viven ella y 55 habitantes más. Allí llegó hace 20 años, con su ordenador a cuestas, su gran aliado, el artefacto que le dio la llave para abrir su mundo, su tesoro. 'Es la herramienta más importante de mi vida, algo maravilloso que ha transformado nuestra era', explica.

Empezó a utilizar computadoras en 1967, cuando se creó el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid. Investigadores de todas las disciplinas compartieron un espacio que ella califica como 'lo mejor que se ha hecho en España'. 'Aquello me abrió un mundo nuevo, fue un experimento único en el que también participaban músicos, como Luis de Pablo, arquitectos e investigadores de todos los campos posibles', añade la artista.

'A mis obras hay que aproximarse sin prejuicios, con la sensibilidad abierta'

La obra de Asins es su lenguaje, fundado sobre las matemáticas y el cálculo. Un lenguaje que conforma un lugar trascendente a lo humano, un mundo perfecto construido a partir de la razón para escapar de la imperfección natural.

El espectador no se puede aproximar a sus obras de forma convencional, como contempla un cuadro impresionista o ve una película. 'Es normal que no me comprendan, porque soy una investigadora. La gente aprecia lo que ve de una manera mediática, pero cuando algo está en proceso de investigación se presta a la incomprensión', dice ella.

El asunto es otro, puede que más intrincado, lo que no significa que no sea accesible para todos. Según Asins, 'a mis obras hay que aproximarse con sencillez y sin prejuicios, con la sensibilidad abierta a un discurso que es el mío'.

En la exposición del Reina Sofía, que se puede ver hasta el 31 de octubre, llama la atención una obra que se aparta de la naturaleza de todas las demás. Se trata de un enorme cofre de madera sumido casi en total oscuridad. La obra se titula Agujero negro, probablemente la valiente plasmación del lugar del que Asins ha querido escapar.