Publicado: 30.03.2016 00:00 |Actualizado: 30.03.2016 07:00

Tres mujeres para retratar una Guerra Civil que lastra el presente

La escritora Carmen Domingo retrata los diferentes perfiles de mujeres durante la Guerra Civil en España en 'Solo son mujeres', hasta el 17 de abril en La Abadía

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La obra 'Sólo son mujeres' se esta este viernes en el Teatro Abadía de Madrid

La obra 'Sólo son mujeres' se esta este viernes en el Teatro Abadía de Madrid

La escritora Carmen Domingo (Barcelona, 1970) se hizo esta pregunta hace 15 años: ¿por qué si en mi familia hay más mujeres que hombres ellas han acabado cosiendo o como amas de casa mientras que ellos han podido realizarse en sus trabajos? Para responder a esta cuestión se puso a investigar y dio con la clave en la Guerra Civil española. Y aunque la respuesta estaba contenida en el germen de un suceso bélico más o menos reciente, también explica el papel que han tenido las mujeres en todos los conflictos bélicos a lo largo de la historia, lo que se suele expresar como un cero a la izquierda.

El resultado del proceso de documentación es su primera obra de teatro, Solo son mujeres, y cuenta la historia de cinco mujeres durante la Guerra Civil. La función, que está dirigida por Carme Portaceli y se representa en La Abadía hasta el 17 de abril, se centra en tres casos reales, los de Matilde Landa, Amparo Barayón y Tomasa Cuevas. “Partí de ellas porque me era cómodo construir una ficción a partir de lo que conocía”, explica la escritora.



La obra se estrena hoy en Madrid, hace poco estaba programada en el teatro Nacional de Catalunya, en Barcelona, donde ha sido un éxito, asegura la autora. Faltan dos días para que se abra el telón en la capital y llamamos a Domingo por teléfono a Barcelona, donde vive. Es lunes por la tarde después de Semana Santa, allí es fiesta. Lo primero que hace la autora es disculparse porque en algún momento de la llamada llegará su hijo y quizás tenga que colgar unos minutos. Así pasó. La escritora es natural, habla por los codos, es difícil seguirla. En la distancia corta uno se la imagina como una de esas personas que no paran de gesticular y mover los brazos mientras habla.

“Las mujeres no existen ni para la izquierda ni para la derecha. La realidad es que no les hemos interesado desde ningún terreno político"

La conversación comienza con la obra, ¿de qué trata? Domingo no llega a responder a la pregunta y la charla nos traslada a un escenario global. Empezamos a hablar de las mujeres, así, en general, de las que están en su familia, sobre las que ha escrito y va a escribir, aquellas que han sido injustamente ninguneadas por la historia... Y cita algunos nombres ilustres como María Teresa León, María Zambrano, Dolores Ibárruri… son tantas y tienen tanto peso que es difícil que no se te erice la piel. Se siente la pasión en cada una de sus palabras y el compromiso por poner voz a todas.

En cierto momento, Domingo recula y se disculpa, “a veces se me va la pinza, ¿no irás a escribir esto, ¿verdad?” y acto seguido continúa: “Las mujeres no existen ni para la izquierda ni para la derecha. La realidad es que no les hemos interesado desde ningún terreno político. Decir esto es bastante impopular, pero Largo Caballero echó a todas del ejército porque pensaba que iban a instalar prostíbulos”. Desde ese momento se empezaba a configurar el papel que la sociedad tenía preparado para la mujer, a la sombra, en una sistema patriarcal.

Después de dar un repaso a la situación de la mujer en la sociedad y medio cabrearse por lo que todavía les toca pasar, Domingo retoma la obra. “En la Guerra Civil a las metían en la cárcel por haber participado en el frente, pero también porque sus maridos hubieran participado y las usaban a ellas para encontrarlos… En la obra me interesaba visibilizar eso. Algunas participaron en el conflicto pero otras estaban en sus casas y cuando iban a buscarlas no sabían ni de qué las estaban hablando”.

Domingo recula y se disculpa, “a veces se me va la pinza, ¿no irás a escribir esto, ¿verdad?”

Cada una que retrata en Solo son mujeres tiene un perfil determinado. Tomasa Cuevas tenía 16 años cuando empezó la guerra. Pensó que si no hacía algo todos los derechos de la mujer que se habían conseguido se iban a perder. Se quedó en Madrid cuando todo estaba perdido, “porque a veces la ideología puede más que el sentido común y piensas que si haces un último esfuerzo finalmente puedes darle la vuelta a la situación”.

Matilde Landa venía de una familia de dinero y con un gran respeto por las libertades. No fue bautizada. Cuando los golpistas la capturaron no llegaron a torturarla “porque tenía estudios y sus captores eran unos garrulos”, explica la autora que sentencia: “¡La guerra la ganaron unos garrulos! Para castigarla sancionaban a las de su alrededor porque no se atrevían con ella. Había madres con niños que se estaban muriendo de hambre y veían que como la otra no se quería bautizar lo único que se les ocurría a los carceleros era decir, pues la de allí no va a comer”, explica Domingo.

Matilde llegó a tal punto que no pudo más y acabó suicidándose. Cuando estaba a punto de dar su último suspiro tras haberse precipitado al vacío desde lo alto de la galería de la prisión, un cura, en artículo mortis (acciones que toma la iglesia a los que están a punto de morir) la bautizó.

Amparo Balayón fue la mujer del escritor Premio Nacional de Literatura en 1935, Ramón J. Sender. Durante la Guerra Civil ella no militó ni participó, su único delito fue ser la mujer de alguien. Un título en la sombra que la llevó a la muerte. La capturaron en Zamora y la usaron para tratar de llegar a su marido, su destino fue un pelotón de fusilamiento.

“A todos esto”, señala la autora, “la suerte que he tenido es dar con una directora como Carmen Portaceli. Quizás, si hubiera cogido esta obra otra persona no hubiera aprovechado ni la mitad de recursos”. La función mezcla disciplinas como la danza, la música o la interpretación, y cuenta con un elenco formado por Mìriam Iscla, Carmen Conesa y la música de Maika Makovski para dar vida, movimiento y melodía a aquellas mujeres silenciadas cuyo destino nunca estuvo en sus manos.