Publicado: 10.12.2015 08:18 |Actualizado: 10.12.2015 08:18

La 'Trilogía Republicana' se
completa en la sala Mirador

Esta semana se representa la segunda entrega, 'Pineda tejen lirios' y la semana que
viene la tercera parte, 'Auroras'.

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Imagen de la obra 'Pinedas tejen lirios'

Imagen de la obra 'Pinedas tejen lirios'

MADRID.- En la obra Trilogía Republicana, el rojo representa nuestra memoria, el amarillo la lucha por la libertad y el morado el exilio. En el primero de los tonos, Granos de uva en el paladar, que vimos el año pasado en la sala Mirador (Madrid), la obra se centra en varios relatos relacionados con la temporalidad, desde la Guerra Civil hasta la vergüenza del olvido. Desde hoy hasta el domingo se representa en el mismo escenario la segunda entrega y la semana que viene la tercera. Las tres partes han sido dirigidas y escritas por Susana Hornos y Zaida Rico, que también actúan. Las finas telas que decoraron la primera parte se tiñen ahora de amarillo y morado.

La segunda entrega se titula Pineda tejen lirios y trata “sobre la lucha de la mujer a lo largo del tiempo”, explica Hornos. La función reproduce los últimos días en la cárcel de la libertaria Mariana Pineda, que en 1831, con 27 años, fue condenada a morir por garrote vil. El método consiste en sentar a la víctima en una silla atada a un palo. Se le enrosca un tornillo en la nuca y se presiona hasta romper el cuello. En España esta práctica estuvo vigente hasta la década de los setenta.




Pineda, nacida en una familia noble de Granada, fue sentenciada durante el reinado de Fernando VII por participar en una conspiración liberal, y denunciada por escribir en una bandera las palabras Ley, Libertad e Igualdad. El fatal desenlace tuvo lugar en El Arco del Triunfo, en Granada. Mientras la asesinaban quemaron la bandera que había ultrajado con palabras de rebeldía convirtiendo a la granadina en una heroína para el pueblo y una mártir.

La historia de Pineda inspiró a muchos artistas, escritores y poetas, como Federico García Lorca, quien escribió una obra de teatro basada en estos hechos. Del poeta se recuperan para la función algunos versos. Pero sobre todo, además de contar el relato su relato, lo que pretenden las creadoras es “averiguar quiénes son las pinedas de hoy”. Recuerda Hornos que cuando investigaban para escribir Granos de uva en el paladar encontraron mucha información sobre el mundo de la mujer durante la Guerra Civil, las cárceles de mujeres en España y Argentina y la lucha de las que dieron su vida.

La obra se centra en el momento en el que la han descubierto y es apresada, los últimos días que pasa encerrada y cuando se ejecuta la sentencia. Las protagonistas rescatan a las pinedas de hoy y mañana, desde Granada hasta Argentina pasando por Ciudad Juárez para terminar en 2015, donde las heroínas son mujeres de cualquier ciudad, de cualquier país y son víctimas de la violencia de género. Son mujeres anónimas que “tristemente” están silenciadas. Se encuentran en todos los lugares y en ninguno.

La semana que viene se estrena en la misma sala la tercera parte de la Trilogía Republicana, Auroras, centrada en el Exilio. La idea de hablar de los que se tienen huir de país surgió de las anécdotas que se producían al final de las representaciones de Granos de uva en el paladar en Argentina. “Fue el público quien la puso en nuestras vidas. Al terminar la obra algunos se acercaban y nos contaban sus historias. Como vivimos allí, nos vimos en la necesidad de hablar de ese exilio y nos interesó contarlo desde el punto de vista de la niñez. Con seis o siete años se les da una maleta y se les arranca del lugar de donde son”, explica Rico.

“En 2013 entrevisté a una exiliada de la república en México. Hoy tiene más de 80 años. Había escapado junto a su familia durante el gran éxodo republicano por los Pirineos a los ocho años. A su edad, todavía recuerda cómo los aviones alemanes bombardeaban, durante la salida por el norte de España cuando se suponía que se había producido una retirada de las tropas de los aliados”, cuenta la directora.

Hoy, todos los que vivieron esa época son octogenarios, dentro de poco no habrá quien pueda contar aquellas historias de primera mano. Por eso, es importante darles voz. Estos supervivientes, cuando encienden su televisión y ven en el telediario y las terribles imágenes de los refugiados sirios tratando de huir de la barbarie de la guerra para tener un futuro, con sus hijos a cuesta, y recuerdan lo que vivieron ellos mismos, ¿qué esperanza pueden tener en la humanidad?. Al ver las imágenes recordarán a sus padres, aterrorizados porque de ellos dependían salvar sus vidas. Salvar lo que más querían. Dos generaciones, una que comienza y otra que se apaga, cara a cara.