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Twitter lo carga el diablo

Las declaraciones de Pérez-Reverte en la popular red social han puesto de manifiesto de nuevo su poder como herramienta frente a los medios convencionales. Varios expertos analizan su uso, abuso, naturaleza y límites

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'El problema de internet es que nada se hace a lápiz, siempre es a boli. Si pones algo ahí, luego no puedes borrarlo', se lamenta uno de los personajes de La red social, la película sobre Facebook de David Fincher. Se podría decir que en Twitter es todavía peor, aunque no lo parezca por su tamaño: el flujo imparable es la característica básica de una red social cuyos mensajes ocupan apenas 140 caracteres y que, lejos de tener una caducidad, disfrutan de dos, tres o más ciclos de vida si sus receptores deciden reenviarlos. Hay una falsa sensación de que uno predica en el desierto, ante tal coro de voces en pantalla.

Ese pudo ser el caso de Pérez-Reverte el fin de semana pasado y sus declaraciones, llamando 'mierda' al ex ministro Moratinos. Piensen en un bar. En una charla entre amigos.

¿Se nos puede pedir responsabilidad por lo dicho en un momento informal? ¿Deben los personajes públicos jugar a lo que son todo el tiempo o se les permite meter la pata? ¿Han variado los límites de la libertad de expresión con las nuevas tecnologías? Lo que sigue es algo parecido a un manual de usos y abusos; una guía sobre qué es y qué no es Twitter.

El sociólogo Manuel Castells podría responder a las preguntas anteriores cuando afirma que la tecnología no determina la sociedad: la plasma. Y que la sociedad no es condicionada por la tecnología: la utiliza. En este sentido, Javier Lorenzo, profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III apunta que 'Twitter permite cierta relajación y conocer al personaje fuera de su entorno profesional o público. Eso está muy bien, pero uno nunca deja de ser quien es, en el bar, en una cena, en un aula, donde sea. Cada uno lo puede utilizar como quiera, pero debe atenerse a las consecuencias'.

La cuestión es que todo deja huella en la red. En esa misma línea se expresa Tíscar Lara, Vicedecana de Cultura Digital en la Escuela de Organización Industrial, periodista y profesora de comunicación, cuando avisa de que Twitter 'es una herramienta de comunicación pública y abierta. Es un medio de alcance masivo y todo queda reflejado, como en un rastro digital que dejamos. Puede parecer un chat pero es algo mucho más serio'.

Ni internet ni Twitter han inventado la difusión. Sólo la han puesto al servicio de todos: 'Twitter es una herramienta tan potente que puede generar una polémica nacional por las palabras de un escritor sin que estas hayan sido publicadas en ningún medio de comunicación tradicional. Está marcando un ritmo tan alto para la difusión de la información que a veces provoca desajustes', apunta Ion Antolín, columnista en Cuartopoder, periodista y blogger. Con 'desajustes' se refiere a falsas noticias que se dan por verdaderas debido a una gran difusión en Twitter, como el fallecimiento de Marcelino Camacho anunciado a principios de esta semana. 'Pero en ese caso Twitter difundió la noticia a una velocidad vertiginosa, pero no fue el origen de la misma', subraya Antolín.

¿Invita Twitter al exabrupto? ¿A desahogarse? Lo que parece claro es que ante tanta audiencia potencial y tantas voces hablando a la vez, es necesario llamar la atención de alguna manera. 'Twitter tiene sus limitaciones', reconoce Víctor Gil, sociólogo, analista de tendencias y responsable de MktFan.com, una comunidad de especialistas en el uso de los medios sociales aplicados al márketing. 'Su mensaje es conciso y puede utilizarse para expresar bajas pasiones, lo que en el fondo es utilizado para generar ruido'. Pero 'estamos en un mundo que vive con prisas y que necesita mensajes inmediatos, que funcionen como flashes. Es algo muy darwiniano, porque se adapta a los nuevos tiempos'.

'Quizás conviene contar hasta diez en muchas ocasiones antes de pulsar Enter', apoya Antolín. 'Ahora bien, tras el error, tras insultar, Twitter también te da la capacidad para pedir disculpas con el mismo eco', dice.

'Los usuarios quieren participar. Llevan décadas queriendo hacerlo, y la única manera era la sección de cartas al director en los periódicos. Ahora, no', afirma Antolín. Internet ha dado la vuelta a la fórmula de la comunicación: los que han sido tradicionales receptores del mensaje se han convertido en emisores cuando así lo deciden, 'y es probable que muchos escritores que se acostumbraron a usar su columna como ariete sin conocer la opinión de sus lectores descubran lo que significa ser contestado por miles de personas'.

Un ejemplo de esto: ayer, el Tribunal Electoral brasileño concedió el derecho a réplica en Twitter al candidato a la presidencia de Brasil, José Serra, ante los insultos emitidos por un diputado de la oposición desde su twitter.

Tíscar Lara también considera que 'Twitter es diálogo; debe haber interactividad'. Lo contrario sería frustrante porque 'hay una expectativa de respuesta'. Aunque no es el caso de Pérez-Reverte, para Víctor Gil, el escritor ha dado la cara pero 'ha salido escaldado. Uno espera otra manera de expresarse en un académico'. No tiene que ver con la libertad de expresión, sino con que 'ahora la gente tiene canales para replicar y el insulto no beneficia. Ha sido un error de enfoque por su parte'.

'Los personajes públicos tienen en Twitter la misma responsabilidad que en cualquier otro espacio de difusión', dice Felipe Romero, del instituto de investigación The Cocktail Analysis. Javier Lorenzo recuerda a Ortega y Gasset y otros escritores que publicaban sus libros por fascículos en los periódicos de la época para tener algún alcance y repercusión mediática. 'Ahora, el autor puede divulgar lo que desee por si mismo. Pero la libertad debe usarse con responsabilidad, como todo', lanza.

¿Responsabilidad? Un personaje público debería tener claro que no es un usuario cualquiera, sino que 'a mayor influencia y relevancia, mayor responsabilidad', afirma Tíscar Lara. Para Romero, es más una cuestión de coherencia, y 'si analizamos a Pérez-Reverte como una marca personal, lo que ha dicho es coherente con el posicionamiento público que ya se ha construido'.

Lo que hace diferente a Twitter de otras plataformas y medios es su capacidad de redifusión viral, algo que explica muy bien Tíscar Lara: 'En un periódico, un autor puede desarrollar su argumento y llegar a un público amplio, posiblemente mayor del que te lea en Twitter en el momento de publicarlo'. Pero lo importante en Twitter no es el primer impacto, 'sino que tus lectores actúan como altavoz y mantienen vivo el mensaje en un segundo o tercer ciclo de vida'. Twitter tiene potencial para que el mensaje entre en otros círculos ajenos porque cada receptor tiene su propio 'anillo de influencia'.

Hay que entender que Twitter inaugura 'nuevas formas discursivas. Hay códigos compartidos para comunicarse y una gramática propia', advierte Tíscar Lara, que subraya el carácter 'creativo' de su lenguaje, marcado por las limitaciones: 'Es sintético, limitado, a veces tiene la gracia de los haikus, y siempre hay detrás una estrategia a la hora de elegir las palabras para tan poco espacio'.

Hay ejemplos. Ahí está la figura del retuiteo, por el que un usuario 'repite' lo dicho por otro como propio, 'una práctica que otorga autoridad y relevancia a quien lo dijo', según Lara. Y están también las almohadillas, con el que el usuario puede resaltar conceptos y crear etiquetas temáticas (tags) para que sean usadas por otros; un uso lúdico de este lenguaje. A pesar de esto, el mensaje conciso limita. 'Cuesta desarrollar los discursos. Y tampoco hay argumentación. Se pierde el contexto de la expresión y del debate', reconoce Víctor Gil.

Varios de los entrevistados para este reportaje coinciden en comparar Twitter con otra cosa. '¿Consideramos un cuchillo un arma homicida, una herramienta o un cubierto? Depende del uso...', lanza José Antonio Millán, lingüista, editor y autor de Manual de urbanidad y buenas maneras en la Red. Algo parecido a lo que propone Joaquín Rodríguez, editor y especialista en sociología de la cultura cuando afirma que 'un cuchillo puede servir para cortar filetes, limpiarse las uñas o capar muflones. Las redes sociales sirven para cualquier propósito. Su uso es cosa de los humanos; lo mismo pueden alimentar la concupiscencia o hacernos más inteligente. A veces estamos a la altura de las tecnologías que inventamos, a veces no...'.