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La última conquista del señor de las imágenes

Joan Fontcuberta recibe el Nacional de Ensayo por un libro en el que avisa de que la fotografía ya no es de los fotógrafos

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¿Qué sería capaz de hacer Joan Fontcuberta en nombre de la verdad? Mentir. 'Hasta los profanos pueden percibir la gran mentira de la fotografía, o su verdadera cara, esto es, la inevitable manipulación que opera en el proceso de toda imagen', escribe el fotógrafo y ensayista en su libro La caja de Pandora (Gustavo Gili), que ayer le aupó hasta el Premio Nacional de Ensayo, entregado por el Ministerio de Cultura y dotado con 20.000 euros.

El ensayo (aunque él prefiere no llamarlo así porque es algo 'más vivencial que teórico') abrió, desde su aparición hace un año, una profunda herida en las bases de la fotografía tradicional, al cuestionar los derechos de autor y la idea de autoría. 'Lo que no se puede es enterrar la cabeza y no atender a la situación de cambio dramático en los usos y las técnicas por los que atraviesa la fotografía', apuntaba el galardonado desde Gotemburgo (Suecia) a Público.

'No podemos enterrar la cabeza y no atender a la situación de cambio por la que atraviesa la fotografía'

'La fotografía ha dejado de justificarse por sus cualidades internas. Ideas como la composición y el instante decisivo han desaparecido. Pero esto los fotógrafos más recalcitrantes no terminan de aceptarlo. Es un momento muy estimulante. ¿Será fotografía lo que salga de esta crisis o habrá que llamarlo de otra manera?', se pregunta.

Aparentemente, Fontcuberta (Barcelona, 1955) proponía el final de las formas institucionales de la fotografía, ante el avance del ciudadano e internauta. 'La tecnología digital e internet han provocado un tsunami tal, que los valores de la foto han cambiado: la verdad y la memoria ya no justifican el tráfico de imágenes. Lo decía Jean-Luc Godard en los sesenta: la imagen es de quien la utiliza, no de quien la hace'.

Pero junto al noble y popular ejercicio de democratización del poder de la representación, el escrito también acababa de golpe y porrazo con la fotografía política como documento. 'Las fotos ya no recogen recuerdos para guardar, sino mensajes para enviar e intercambiar', explica Fontcuberta en su manual de lo que llamó 'posfotografía'.

Sin ir más lejos, en la última edición del Festival de Arles el gran evento mundial dedicado a la fotografía preparó junto al fotógrafo Martin Parrla muestra From Here On [De aquí en adelante], en la que dejaron claro que los creadores de hoy ya no miran al mundo, sino lo que han mirado los demás. ¿Quiénes eran los creadores? Aficionados que trabajaron con material robado en las redes sociales y buscadores de imágenes. Como dijo a este periódico entonces, el proyecto fue recibido con una mezcla de 'entusiasmo y cabreo'.

Viejo conocido de los galardones (ya fue Premio Nacional en la modalidad de Fotografía, en 1998, y es Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia desde 1994), es, sin embargo, como se ha podido comprobar, uno de los críticos y profesores más incómodos. 'La fotografía ha pasado a integrarse en la práctica relacional de la comunicación. Ahora la foto se justifica y se inscribe en una práctica de juego, de comunicación, de saludo...', añade para caldear el debate sobre la muerte de la fotografía como documento político.

'Las fotos ya no recogen recuerdos, sino mensajes para enviar e intercambiar'

'La fotografía, antes, debía solemnizar ciertos acontecimientos, hoy la democratización nos ha llevado al otro extremo, a la banalización'. En ese sentido, apunta en La cámara de Pandora que la revolución tecnológica ha provocado el surgimiento de 'otro modo de ver y de ser'. Aunque todavía no sepamos cómo llamarlo. Y establece en el texto las diferencias entre la fotografía analógica y la digital para describir el fenómeno: la primera es una fotografía de fenómenos y la segunda de conceptos, la analógica es fiable y la digital especulativa.

Si el mundo está dominado por las fotografías técnicamente mal hechas, captadas por cualquier dispositivo tecnológico, 'cualquiera es bienvenido a esta fiesta', dijo Parr sobre la exposición en Arles. 'Hay tantos millones de fotos circulando por la red, que no hace falta hacer ni una fotografía más. El siguiente paso que hay que tomar es dilucidar cuáles son las que faltan. Esa sobreabundancia no significa la negación de seguir tomando fotografías, sino de agudizar la criba para saber cuáles son las fotos que todavía no tenemos', señala Fontcuberta a este periódico.