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"El único sentimiento del poder es el de seguir siendo el poder"

El cineasta francés Pierre Schoeller retrata en 'El ejercicio del poder' a la clase política de hoy, una casta sin ideología y devorada por el sistema de Estado

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El nuevo largometraje de Pierre Schoeller, El ejercicio del poder, examina a la clase política -una casta sin ideología- que dirige hoy los gobiernos europeos, analiza capa a capa todos sus elementos, y, finalmente, concluye un retrato de sus mandatarios. Son políticos que, aun con voluntad de servir al pueblo, son incapaces de ello, atrapados en un ritmo vertiginoso de toma de decisiones, manipulados y presionados desde varios frentes, y, sobre todo, subyugados por el brillo del poder, que, como dice el director, 'no tiene sentimientos'. Son políticos devorados por este sistema de Estado. La película, que se estrena el 26 de abril en España, conquistó el Premio Fipresci de la Prensa Internacional en Cannes.

El ejercicio del poder es la segunda entrega de una trilogía que comenzó con Versalles y los más pobres de la sociedad y que continuará con la Revolución Francesa y la reflexión sobre el necesario cambio de sistema político. Olivier Gourmet, en un trabajo mucho más que convincente, es el Ministro de Transporte, el protagonista de esta historia, en la que Michel Blanc le acompaña como mano derecha de su gabinete.

El ejercicio del poder es la segunda película de una trilogía que comenzó con Versalles, donde retrataba a los más pobres. ¿Es una trilogía política?

Sí. Versalles fue una mirada hacia la gente más pobre, pero era una película que también tenía su dimensión política. De ahí surgían preguntas, ¿cómo se permite que esa pobreza se siga extendiendo? ¿qué hacen los políticos? ¿por qué no responden ante esto? A partir de ahí nació mi deseo de ver qué pasa realmente en el seno de un gobierno, desde lo que está más abajo hasta lo más alto. Habrá una tercera película, sobre la Revolución Francesa. La intención es volver al big-bang de la República.

¿Los ciudadanos de hoy en qué coinciden con los franceses de la Revolución?

En la Revolución había algo muy impactante, muy fuerte, un sentimiento de que cada uno podía tener su destino en sus manos. Para mí, además, hay algo de nacimiento de la política, del hecho de ser ciudadano y del cambio de régimen político. Los intelectuales en la Revolución Francesa tuvieron un papel muy importante, pero también fueron muy fuertes los movimientos populares y fueron capaces de imponer la voluntad popular a esos intelectuales. Que la República naciera no fue algo sencillo ni evidente. La burguesía quería un régimen a medio camino entre el Parlamento y el Rey, pero no fue así. Entonces se extendió ese sentimiento sobre el Estado como esa cosa común, que nos pertenece a todos, que compartimos... Y hoy se mantiene. Y sobre la base de este bien común hoy también hace falta que la economía acepte que no puede ser todopoderosa. Desde luego, eso ahora es muy difícil, pero los pueblos pueden llegar a tener la fuerza para conseguir eso. Lo único que hace falta es tener la fuerza de pensar todos juntos una misma cosa.

El político protagonista de su película es un hombre trabajador, inteligente, humano... No es, desde luego, la visión que hoy tienen los ciudadanos españoles de sus políticos...

Pero en la película también se ve un estado de impotencia del político. Los políticos tienen las llaves de la casa, pero tienen las manos atadas. Lo peligroso es que cuanto más se acerca uno al centro del poder, más tienes la sensación de que son muy pocos los medios que tienen para poder actuar. Esta no es una película sobre corrupción, sino sobre las debilidades de los políticos en esa capacidad de acción.

¿Qué otras debilidades ha descubierto sobre los políticos al hacer esta película?

He tenido la sensación de que una vez en el poder es cuando se preguntan ¿qué se hace ahora? Es la sensación de que los políticos descubren el poder cuando llegan, que no han podido anticiparse a sus problemas antes. Pero pienso entonces en un panadero que no sabe qué hacer cuando está ante el horno y es absurdo.

Su protagonista, su ministro de Transportes, parece un buen tipo, pero a la hora de la verdad...

Sí, en la película vemos a un hombre generoso, compasivo, humano... pero hay algo más fuerte por encima de eso, algo que pesará sobre él. El poder no tiene sentimientos. El único sentimiento del poder es el de seguir siendo el poder. El poder no tiene sentimientos y los políticos no tienen ideología. Y ésta no es una cuestión de moral, es de naturaleza. Es como un hombre que lleve dentro un demonio. A veces yo también tenía la sensación de que estaba rodando a un demonio.

No es una película partidista, ni siquiera es sobre los políticos, realmente, ¿la intención última era hacer un retrato del poder?

Sí. No pretendía retratar a un ministro para demonizarle ni destrozarle ni para lo contrario. Este es un tipo normal y corriente, que se vuelve un poco alocado en el gobierno, pero solo porque el mundo de hoy vive en un estado de desastre y el político también está al borde de ese desastre. Nosotros, los ciudadanos, vivimos ese desastre, lo sufrimos, transforma nuestras vidas, pero el político, además, está atrapado en ese movimiento de desastre.