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"El poder utiliza la biopolítica para controlar la felicidad de la gente"

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En el 30 aniversario de su muerte, la obra del psicólogo, historiador, filósofo y escritor Michel Foucault (Poitiers, 1926 - París, 1984) sigue vigente. Así lo ha puesto de manifiesto este viernes la facultad de Psicología de la Universitat de Barcelona que, en colaboración con la Fundació Pere Claver y este diario, ha organizado un acto en el que se han abordado algunos de los pensamientos de Foucault y el encaje de éstos en la realidad tan cambiante de hoy.

La jornada, que ha contado con tres ponencias y se ha podido seguir en directo a través de Publico.es, ha servido para reivindicar la figura de uno de los personajes más relevantes del siglo XX, por su aporte al mundo de la psicología pero también en la consolidación de un concepto, el de la biopolítica, cada vez más presente en las políticas de estado de las sociedades actuales.

El activista libertario y Catedrático de Psicología Social de la UAB, Tomás Ibañez, ha sido el primero en inaugurar la jornada, a través de una ponencia donde ha remarcado la volubilidad de los pensamientos de Foucault, quien inició su andadura profesional en el mundo de la psicología para posteriormente enfocar sus investigaciones al terreno de la historia y la filosofía: "Sus disertaciones sobre las relaciones con el poder estaban en constante movimiento. En su obra se observan incitaciones evidentes a cambiar en todos los aspectos de la vida. Y él era el propio ejemplo: trabajaba para cambiar su pensamiento porque, según su teoría, "pensar era cambiar de pensamiento".

Aunque pueda parecer contradictorio, la obra de Foucault no ha dejado de crecer desde su muerte. De hecho, se han publicado más libros, documentos, investigaciones y transcripciones de sus clases que libros se editaron estando él en vida. "Su archivo no sólo sigue teniendo recorrido, sus ideas también siguen vivas, en movimiento", concedía Ibañez.

La relevancia del intelectual se observa a través de algunos de sus últimos textos, en los que uniformaba un discurso a través de conceptos como la ética, el poder, la libertad y la insumisión. Así lo resumía Ibañez: "Su aportación más valiosa, por encima de todas, es la enseñanza de que, por imposible que pueda parecer, podemos subvertir el a priori histórico de la experiencia posible". Esta reflexión, donde aparece matizado el concepto del 'a priori' de Kant, abarca un procedimiento del intelectual francés que se basaba en "dinamitar espejismos para posibilitar insumisiones y escapar del dominio de la verdad o aquello que se ha establecido como verdadero". Ibañez también ha hecho hincapié en algunas de las herramientas que Foucault ha dejado como legado: "El arte de preguntar por el cómo y no por el qué; reconstruir las apariencias para saber cómo fueron construidas; convertir aquello que damos por evidente en problemático para repensarlo, interrogarlo y descubrir porqué ha adquirido el estatus de obvio y evidente; y revisar la relación entre las verdades heredadas y sus efectos".

En el reto de extrapolar la obra de Foucault a los tiempos actuales, Ibañez ha introducido el ejemplo de la disidencia política: "La disidencia política enfatiza la importancia de ser distintos, de querer cambiar el mundo". En 1978, Foucault describía así el neoliberalismo norteamericano: "busca generalizar la forma económica del mercado a todo el sistema social". La oferta y la demanda, la rentabilidad y la inutilidad, la mercantilización del campo social y psicológico... "Todo se ha acentuado desde entonces, configurando masivamente nuestro presente. El modelo de empresa es el de nuestras vidas: somos eficientes empresarios de nosotros mismos", matizaba Ibañez.

La concepción del poder también fue un eje primordial en los estudios del filósofo francés, de pasado comunista aunque no pertenecería demasiados años al partido debido a su homosexualidad. "Cada individuo debe llevar su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla", manifestó Foucault en una ocasión. Ibañez ha conectado las ideas que el intelectual tenía sobre la libertad y la ética: "El poder no puede existir sin la libertad. Si hay relaciones de poder en cualquier campo social es porque hay libertad. Y la resistencia para evitar que el poder la doblegue, es también consustancial a este poder. Del mismo modo, Foucault se preguntaba: '¿Qué es la ética si no la práctica de la libertad? Si no hay libertad, tampoco hay ética".

Para Foucault, "el poder es acción sobre otros cuando estos tienen un margen de decisión sobre estas acciones. Si estos márgenes se convierten en dispositivos, el poder pasa a ser dominación". En su última etapa como escritor, el filósofo desarrolló dos conceptos que han marcado a fuego su obra: el de 'gubernamentalidad' y 'biopolítica', términos asociados al control que hace el estado de las personas o, dicho de otro modo, "la vida como objeto de gobierno". Para Ibañez, "ambos están relacionados y conectados pues se regulan entre ellos y han contribuido al desarrollo del neoliberalismo. Cada vez más, en nuestro sistema, cuando se necesita que la libertad se manifieste, se vuelve necesaria una vigilancia permanente. Libertad-seguridad, es el corazón del neoliberalismo". Las investigaciones y teorías de Foucault, recogidas por muchos sectores del anarquismo, están en sintonía con muchas cadenas de protestas sociales, ha concluido Ibañez, aunque no detecta influencias directas en la reivindicación masiva de Francia en mayo de 1968.

En la segunda parte de la jornada, el debate ha tomado un nuevo rumbo: la faceta como psicólogo de Foucault y su crítica feroz a la psiquiatría que él conoció. De nuevo algunas de sus interpretaciones se postulan hoy como acertadas, según los organizadores. Miguel Morey, catedrático emérito de la Facultad de Filosofía de la UB, así lo ha reflejado en su comparativa sobre el primer libro del francés, Historia de la locura, y la reedición de Enfermedad mental y psicología, donde se aprecia la evolución crítica de Foucault hacia un terreno al que él le añadió una concepción temporal obviada hasta el momento: "Foucault entendió que el hombre está alienado no en el sentido clásico, porque la alienación ya no es psicológica si no que posee un contexto histórico".

Morey también ahondó en una de las conclusiones de Focault, el de separar la locura de la enfermedad mental: "No son una misma unidad antropológica. En la enfermedad mental se asume algo no natural y propiciado por una coyuntura histórica perteneciente al presente del afectado".

En su revisión de la psiquiatría, el francés añadía unos nuevos actores al proceso de estigmatización de la locura: las instituciones médicas, jurídicas y políticas. Tres roles que vuelven a conectarse con el concepto de biopolítica, tal y como ha abordado Joseba Achotegui, profesor de la Facultat de Psicologia de la UB y secretario de la Sección de Psiquiatría Transcultural de la Asociación Mundial de Psiquiatría, en su intervención. "Tras investigar cómo se había tratado la locura en la historia, Foucault encontró motivos para creer que el loco era tratado como tal para no disturbar la moral de la sociedad. Y que silenciando su voz, se privilegiaba la del experto. Cuando el loco pasó a enfermo mental, esto se agravó: porque la autoridad del médico no es científica, lo confiere la sociedad. No es lo mismo un tipos de tos que valorar la racionalidad de un sujeto".

¿Cómo un saber tan escaso puede arrastrar tanto poder?, se preguntaba Foucault. Y fue más allá: ¿Por qué la homosexualidad es considerada una enfermedad mental?, siguió cuestionándose. Su orientación sexual tal vez fue un impulso para seguir rebelándose con el tratamiento de la locura en la psiquiatría y la sociedad. Para Achotegui, esto acabó derivando en su desarrollo del concepto de biopolítica, un intento por parte del estado de controlar la salud, el higiene y también la felicidad. Foucault veía conexiones entre el poder y la psiquiatría, llegando incluso a afirmar que "la locura es una sabiduría alternativa silenciada por la modernidad".

"No estaban muy alejadas sus interpretaciones con la realidad de hoy. En la época del totalitarismo, hay casos de disidentes que fueron diagnosticados como enfermos mentales por querer otro tipo de sociedad. Y en la actualidad la influencia social también afecta en el ideario de la locura. El pobre es psicótico, el rico es extravagante", concedía Achotegui antes de abordar uno de los aspectos más determinantes de la jornada: la psiquiatrización de la vida cotidiana en la sociedad del rendimiento.

La locura, aseguraba Achotegui, es negada en nuestra sociedad, en buen parte por razones económicas. "La psiquiatría está en crisis. Hoy la tristeza se equipara a la depresión, cualquier cosa se patologiza: el orgullo, la ira, la timidez, las conductas, los pecados, el vicio... El DSM, que es el manual estadístico de diagnósticos de trastornos mentales, no se rige por ninguna teoría. Y actúa a medida para compañías de seguros o beneficio de las farmacéuticas. En España, por ejemplo, es delito tratar la homosexualidad como enfermedad pero el estado luego controla el aborto, la natalidad, los intereses de los jóvenes... El estado ya no se preocupa de que la gente tenga casa o trabajo. Se preocupa de su felicidad, y para ello utiliza la biopolítica. Es como el marxismo: en el fondo lo estudian más los bancos que los que lo defienden. Con la biopolítica ocurre igual", concluía el profesor.

Según los organizadores, trasladar la obra del francés a la actualidad ha sido un ejercicio arriesgado. Sin embargo, son muchos los investigadores que siguen utilizando los planteamientos de Foucault en sus estudios. Uno de ellos es el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Ham, citado por el propio Achotegui como uno de los impulsores de la teoría que asegura que "la sociedad genera ahora depresivos y fracasados en pos de incrementar la productividad en la sociedad de consumo". Una sociedad que Foucault no conoció pero que probablemente fue capaz de proyectar a través de sus estudios. "La psicología debe liberar a la persona, no normalizarla", resumió alguna vez. Libertad, ética, poder... ¿Intereses?