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Valparaíso, el refugio de Neruda y el sueño de otros poetas

Callejones trenzados, escaleras a ninguna parte, bulevares decorados por multitud de colores y un sinfín de ascensores

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Virgilio y Rossellini tienen en común algo más que la nacionalidad. Ellos son los instigadores del sueño de un grupo de jóvenes que se plasma en una pequeña aldea costera cerca de Quintero, en el litoral central de Chile. El sueño se llama Ciudad Abierta, a partir del nombre de la película Roma, Cittá Aperta (Rosellini, 1945), y se asienta en un proyecto que mezcla arquitectura y poesía conocido como Amereida, es decir, América y Eneida. La de Virgilio. El proyecto se materializa en 1969, un año antes de que Allende fuese elegido presidente de la República de Chile, el primer dirigente marxista del mundo que accedió democráticamente al poder. Procedía de Valparaíso.

Decía Aristóteles que 'la historia cuenta lo que sucedió, la poesía lo que debería suceder'. En el caso de Valparaíso, una cosa va unida a la otra. A principios del siglo XX poseía el puerto más importante del Pacífico. La ciudad no tardaría en convertirse en refugio de exiliados europeos, lo que fomentó su espíritu melancólico y nostálgico, fructífero para poetas que le dedicarían multitud de odas y poemas.

Dicen que Pablo Neruda llegó allí en búsqueda de inspiración. Compró La Sebastiana, una villa en el Cerro Florida, que regala unas vistas inmejorables de la bahía. Le dio el nombre en honor a su antiguo dueño, Sebastián Collado, un arquitecto español que se arruinó antes de que estuviese terminada. Desde ahí, Neruda lanzó su obra al mundo, hablando de amor, de sentimientos y de solidaridad. Este poemario captaría la atención de otros escritores y poetas, que se desplazarían a la ciudad para contemplar el ambiente bohemio y desorganizado, numen de Oda a Valparaíso.

Callejones trenzados, escaleras a ninguna parte, bulevares decorados por multitud de colores y un sinfín de ascensores que comunican la llanura con sus cuatro cerros caracterizan el urbanismo de esta ciudad que parece haber surgido casi por casualidad. Como personificación de alguno de los poemas que inspirase.

A Valparaíso también se la conoce como Pancho. El apodo se lo debe a la Iglesia de San Francisco, en el Cerro Barón, abrigo de los europeos recién llegados, especialmente de italianos. En este Cerro también está el ascensor homónimo que fue el primero, en todo Chile, que funcionó con motor eléctrico. Este peculiar medio resultaba muy útil para transportar a los porteños al centro neurálgico de la ciudad, donde disfrutaban de tertulias políticas y literarias en los numerosos cafés que aún hoy lucen orgullosos de su pasado y su ilustre clientela. El Café de los Poetas, en el Cerro de la Concepción, o el Café Turri, en el Pasaje Templeman, son emblemas de tiempos mejores, una época a los que Pancho no quiere olvidar. Y paradigma de ello es la Facultad de Arquitectura y Diseño, que alberga la sede intelectual de la Escuela de Valparaíso. Poetas y arquitectos trabajando a la par, desde 1952, en una idea que nació del eslogan 'salir a observar'. Esta fue la consigna que llevó a Godofredo Iommi (Godo), Alberto Cruz, Pancho Méndez y a otros más a fantasear ese sueño de Ciudad Abierta, que hoy es exponente contemporáneo de vanguardia arquitectónica.

El padre de Salvador Allende trabajó como funcionario público y notario del Puerto de Valparaíso. Entre sus vecinos sería conocido por su ingenio y dotes poéticas, de las que se enamoraría Laura Gossens, la madre de Allende. Chicho Allende no escribió versos, pero ser bolchevique en el Chile de los setenta era algo muy romántico. .