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Vampire Weekend, cuatro pequeños locos en el FIB

El grupo neoyorquino ofrece una actuación sobresaliente en su debut en Benicàssim

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En dos segundos, los que tarda en estallar ‘Holiday', Vampire Weekend electrizaron anoche a un público poco acostumbrado a grupos que rompen arquetipos a base de ritmos resquebrajados y melodías frenéticas (esta noche Prodigy ocupa su mismo lugar, ojo).

Los neoyorquinos, pese a ser número 1 con su último disco en Estados Unidos, fueron una rareza como cabeza cartel del FIB. Sus canciones esqueléticas y taquicárdicas parecen pedir aforos más modestos: no animan a ser coreadas y driblan los desarrollos obvios. Pero un sonido perfecto, de disco, y una ejecución contundente sacaron a flote virtudes escondidas del joven cuarteto americano.

Pura metralla. El grupo que se enamoró de las melodías africanas y las incorporó a su indie-pop universitario tiró de canciones redondas que sonaron como un tiro, con ‘Cape Cod Kwassa Kwassa' a la cabeza. Su líder, Ezra Koenig, es un monstruo de escenario, pleno de energía y con una voz sobresaliente. Incluso presentando un disco menor, como es ‘Contra', convencieron y, a su manera, lograron conseguir instantes de verdadera fiesta.

Más irregular fue el concierto de Hot Chip. Su pop electrónico alcanza su cima en los pasajes más bailables con percusiones tribales que lanzan ritmos rompepistas, pero decae en los momentos más melódicos. Canciones ochenteras pintadas de lila que se dispersaban en el océano de brazos que le pedía más delante del escenario grande (un asistente hasta se desnudó, bailando de pie sobre los hombros de un amigo, a la vista de todo el mundo).

En todo caso, saben mostrarse melosos sin perder el nervio y manejan la épica con contención. Una pena que su gran hit, ‘Ready for the floor', la última del concierto, no acabara de contagiar en directo.

Poco después, Peter Hook zozobraba en su recreación del ‘Unknown pleasures' de Joy Division. Instrumentalmente aceptable, lo que es más difícil es igualar la voz de Ian Curtis. El amigo Hook no llegaba a los tonos más bajos, que se convertían en un ‘gurruñito' sonoro bastante triste. Quizás debía haber contratado a un cantante. Y aunque no está en ‘Unknown pleasures', no se resistió a tocar ‘Love will tear us apart'. El público se quedó cantándola, a las tres de la madrugada, cuando Peter Hook ya enfilaba el túnel de camerinos.