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Las vanguardias también saben de bisutería y alhajas

Por primera vez, una exposición reúne más de 300 piezas de trabajos de joyería

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René Lalique se saltó a la torera las convenciones sociales y las reglas del diseño más tradicionales. Este joyero y maestro vidriero francés fue uno de los que revolucionó el mundo de la joyería a principios del siglo XX y ahora es uno de los protagonistas de la exposición Joyas de artista. Del modernismo a la vanguardia. La muestra se puede visitar en el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC) y enseña cómo los artistas que lideraron los movimientos de vanguardia del siglo XX se acercaron a la joyería y jugaron con ella.

Las alhajas que diseñaron artistas como Pablo Gargallo, Manolo Hugué, Alexander Calder, Georges Braque, Salvador Dalí, Pablo Picasso o Josep Llimona dialogan con algunas de sus pinturas, esculturas, fotografías y tejidos. En total, cerca de 340 piezas dan cuerpo a esta propuesta a través de un montaje íntimo y extenso.

Que el cuerpo y las joyas forman una estrecha alianza desde tiempos ancestrales es algo que revelan muchas salas de museos etnográficos destinadas a mostrar cómo se adornaban los hombres y las mujeres en el pasado; pero que las joyas son permeables a los movimientos artísticos es algo que esta exhibición transmite de una manera poco habitual en España, donde las joyas están poco presentes en los museos.

Dividida en tres ámbitos, la parte central de la exposición la protagonizan artistas no joyeros como Manolo Hugué, Herich Heckel, Pablo Gargallo, Julio González, Josef Hoffmann, Joaquim Gomis, Alexander Calder, Hans Arp, Pablo Picasso, George Braque o Salvador Dalí.

El ojo del tiempo, una joya en forma de reloj esmaltado, platino, brillantes y rubíes creada en 1949 por Salvador Dalí, es la imagen que da la bienvenida al visitante y promociona el montaje. En esta ocasión, la Fundación Gala-Salvador Dalí de Figueres ha sido muy generosa cediendo nueve piezas. Todas ellas manifiestan que para el genio ampurdanés el oro y los brillantes eran la esencia de una buena joya, mientras que para Lalique, el vidrio, el marfil y el ámbar eran más que suficientes. El diseño y la innovación fueron su principal valor, y sus creaciones salieron de los escaparates de las tiendas para entrar en circuitos expositivos internacionales.

Un vestido Chanel de 1939 de crepé de seda blanco y tul de algodón del mismo color acapara la atención en la última sala. El ámbito que cierra la exposición explora precisamente la relación entre cuerpo y joya y, además de presentar una selección de trajes de los años veinte y treinta, incluye fotografías de la misma época de autores como Man Ray o Edward Steichen. Ninguno de ellos se perdió la revolución en forma de joya.