Publicado: 11.11.2016 11:25 |Actualizado: 11.11.2016 12:59

Versos para conocer al cantautor del amor y la desolación

Entre la épica y lo profano, Cohen abordó el amor en sus letras con lucidez y sobriedad

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All I've ever learned from love/ Was how to shoot somebody who outdrew ya

Con estos versos cierra Cohen la que es quizá su canción más versionada, Hallelujah. La letra, cargada de referencias bíblicas y viejos relatos termina de forma abrupta; no hay escapatoria, nadie es ajeno a la gloria y pena de amar.

The bed is kind of narrow, but my arms are open wide/ And here's a man still working for your smile

Y si en Hallelujah implora al rey David a Dalilah y a Sanson para hablar de amor, en I tried to leave you Cohen abandona el tono épico y abraza el pragmatismo. Cohen nos habla con sobriedad carveriana de la abulia que implica el compromiso.

Ah but a man never got a woman back/ Not by begging on his knees/ Or I'd crawl to you baby/ And I'd fall at your feet

Contenidas en uno de sus temas más conocidos —I’m your man—, aquí el poeta no duda en arrastrarse todo lo que sea necesario cual pagafantas de saldo con tal de tomar una mano. Aquí el amor ni es épico, ni es cotidiano, es una suerte de humillación que el autor asume con total desvergüenza. Desaparecería por ti, llega a decir. Un hombre entregado. Poca broma.

It’s just the way it changes, like the shoreline and the sea,/ but let's not talk of love or chains and things we can't untie

El fracaso y la ruptura como algo inherente al amor. Aquí Cohen aborda la separación y la frustración sin sonar remilgado. Litros de ponzoña lacrimógena se han vertido sobre este asunto en la historia de la música pop, pocos son capaces de expresarlo con la lucidez de Cohen en Hey, that’s not the way to say goodbye

I forget to pray for the angels/ and then the angels forget to pray for us

Y de la ruptura al desquicie amoroso. En So Long, Marianne se ríe, se llora y se vuelve a reír. Cohen analiza el fenómeno amoroso con su innato talento para captar las emociones más universales. Escrita para Marianne Ihlen, la joven y atractiva noruega que Leonard Cohen inmortalizó, hace ya casi cinco décadas, ha pasado a la historia como una de las grandes canciones de amor.