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Vida y milagros del símbolo republicano

Una muestra repasa la trayectoria política de Manuel Azaña

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Azaña llevando una bandera republicana a la Academia militar de Toledo en 1931. Azaña posando junto a Margarita Xirgu tras una representación teatral en 1932. Azaña preso en un destructor acusado de participar en la revolución de Asturias en 1934... Entre 1931 y 1939 pasaron muchas cosas en España.

En casi todas ellas participó un político republicano muerto en el exilio francés hace ahora 70 años. Manuel Azaña. Memoria del Hombre y la República, exposición organizada por el Ministerio de Cultura, repasa la trayectoria de uno de los principales protagonistas del siglo XX español.

La muestra, que abre hoy sus puertas en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares), está formada por un centenar de documentos, fundamentalmente fotografías, que permiten seguir la evolución de la imagen de un hombre 'convertido en un símbolo y representación del ideal republicano', según los comisarios Elena Cortes Ruiz y Francisco Fernández Cuesta.

La exposición arranca analizando el periodo más desconocido del político: su infancia en el seno de una familia ilustrada de la que heredó su afición a los libros y sus años de formación académica. Su vocación política fue creciendo tras su paso por la junta del Ateneo (1913-1919), su ruptura con el Partido Reformista tras el golpe de Primo de Rivera y su adopción definitiva de las ideas republicanas desde el liderazgo del partido Alianza Republicana, evolución reflejada con una serie de imágenes poco vistas hasta ahora.

La muestra revisa igualmente la proclamación de la II República, el ascenso político de Manuel Azaña que ocupó los cargos de presidente del Gobierno (1931-1933, 1936) y presidente de la II República española (1936-1939) la derrota en la guerra y su muerte en el exilio francés en 1940.

También analiza 'el interés del régimen de Franco por controlar y rentabilizar todo lo que él representaba como imagen de la República' y la recuperación de su figura histórica con la llegada de la democracia. Hasta hoy. Porque el último jefe del Estado elegido democráticamente en España no tiene una sala del Congreso a su nombre, ni una simple placa oficial que le recuerde en su humilde tumba de Montauban (Francia).

El único homenaje público que recibe cada 3 de noviembre es el del Gobierno francés. La asociación Mer82, con sede en Toulouse, celebra cada año una ofrenda republicana en el cementerio donde Azaña cayó en 1940, huyendo de la Gestapo. El próximo sábado 6 de noviembre, los republicanos españoles residentes en Francia lo homenajearán colocando en su sepulcro la bandera tricolor que el Gobierno de Vichy prohibió ensalzar el 4 de noviembre de 1940.

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