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Una visión trivial sobre Irak

La realizadora Kathryn Bigelow presenta 'Hurt Locker', un filme sobre adictos a la guerra

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Hay un intruso en la Mostra. Se llama Barack Obama. El miércoles, Jonathan Demme mostraba en Rachel getting married la América que  dice amar: multicultural, instruida, relajada. “Ese es el país que se vio en la Convención Demócrata cuando Obama fue proclamado”, dijo sin matizar. Ayer, la directora Kathryn Bigelow, que presentaba Hurt Locker, insistió: “Quiero que se retiren las tropas y sólo puede hacerlo Obama”.

Sus palabras pueden sugerir que la autora de Días extraños (1995) ha hecho una película crítica, como Brian de Palma o Nick Broomfield en 2007. Nada más lejos de la realidad: aborda la guerra de una forma tan superficial que raya lo molesto. Tampoco es un buen filme de acción. Aburre durante unas innecesarias dos horas, que no usa para profundizar en los personajes.

La historia de tres soldados que desactivan bombas está bien filmada, como un videojuego, pero es un retrato sin sustancia, en el que los iraquíes son monigotes de relleno y los soldados no despiertan la más mínima empatía de puro planos. Bigelow no dio demasiadas explicaciones: “Quise hablar de personas para las que la guerra es una droga”. Basada en las experiencias del periodista Mark Boal en Irak, Hurt Locker pretende mostrar la guerra como adicción, pero hasta en eso falla.

Los que sí tenían clara su postura antibelicista fueron los que, aprovechando el furor mediático despertado por el estreno de un filme que llega con 30 años de retraso –Yuppi Du, del cantante Adriano Celentano–, protestaron contra una base militar estadounidense a 50 kilómetros de Venecia.

Ayer, también se proyectó otro de los tostones que han poblado el árido paisaje de la competición oficial: la película argelina Inland, de Tariq Teguia, que más que sentimientos, provocó bostezos. El retrato de una Argelia deprimida, por donde transitan subsaharianos en su camino hacia Europa, vaga tristemente en una inmensa nada.