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Una visita real y fulgurante

Michelle Obama y su hija Sasha pasaron una hora y 45 minutos en el Palacio de Marivent antes de regresar a Estados Unidos

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Michelle Obama puso ayer punto y final a sus vacaciones en España en compañía de los reyes. La primera dama de Estados Unidos pasó menos de dos horas en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca. A las 12.30 de la mañana, la esposa de Barack Obama y su hija pequeña, Sasha, de 9 años, hacían su entrada por las puertas de la residencia veraniega de la Familia Real, en un todoterreno negro. Las esperaban don Juan Carlos, doña Sofía y doña Leticia. El heredero al trono no pudo asistir a la recepción, ya que se encontraba en Colombia, en la investidura del nuevo presidente del país, Juan Manuel Santos.

Ataviadas con sendos conjuntos de falda y camiseta de tirantes muy veraniegas las Obama saludaron afectuosamente a sus anfitriones españoles. El monarca, tras el protocolario saludo con la primera dama el besamanos le plantó dos besos y una carantoña a la pequeña Sasha; estableciéndose entre ambos un ambiente de complicidad que dio lugar a la anécdota de la visita.

Sasha no debía salir en la foto, pero insistió e incluso se agarró del brazo del monarca

La niña no debiera haber aparecido en la foto de familia ante las puertas de Marivent. Pero, no se desprendía del brazos del rey, por lo que no hubo más remedio que transigir. Visto el empeño de la Sasha, su madre la permitió que posara con ellos. Más de 60 periodistas de 47 medios de comunicación acreditados para el evento captaron ese momento.

Hasta las 16.15 las dos protagonistas de la jornada no dejaron la residencia veraniega de los monarcas. Con ellos compartieron un almuerzo que consistía en gazpacho andaluz con guarnición, suprema de rodaballo a la plancha, escalopines de ternera a la mostaza, arroz oriental con salteado de setas y tumbet mallorquín, todo ello regado con un vino blanco de Rueda y un tinto de Rioja.

El rey obsequió a Michelle con unas semillas de plantas hortícolas

En el momento del postre, una selección de frutas cortadas con helado, se sumó a la cita la infanta Elena con sus dos hijos, Felipe Juan y Victoria Federica.

Aunque el tiempo apremiaba, también hubo tiempo para los regalos: el rey obsequió a Michelle Obama con una semillas de plantas hortícolas españolas para que pueda enriquecer con ellas su huerto, y la reina eligió unos collares de artesanía y bisutería balear como detalle para la primera dama, para Sasha y para su hermana mayor, Malia, que se encuentra estos días en un campamento de verano en EEUU.

Ha sido el colofón de una cita corta pero repleta de contenido. A las 14.15, la primera dama estadounidense y su hija volvían a subirse al todoterreno negro que las llevaría hasta la base aérea de Son Sant Joan, donde las esperaba el avión privado estadounidense que las devolvería a casa, a Washington.

Sólo unas horas antes, las había recibido allí el presidente de les Illes Balears, Francesc Antich, el delegado del Gobierno en el archipiélago, Ramón Socías, además del jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, y los embajadores estadounidenses, Alan Solomont, y el español en EEUU, Jorge Dezcallar.

Los helados también tuvieron su protagonismo

La esposa y la hija menor de Barack Obama llegaron el pasado miércoles junto a un grupo de amigos al complejo hotelero de lujo Villa Padierna, en el municipio malagueño de Benahavís, y han disfrutado de cuatro días de descanso en Andalucía, durante los que han visitado Marbella, Granada y Ronda.

Menos de una semana en la cual han paseado por el casco antiguo de Málaga, han disfrutado de las bellezas del Alhambra en Granada, además de asistir a un espectáculo flamenco y han gozado de las playas en la Costa de Sol, entre otras muchas actividades.

Los helados también tuvieron su protagonismo. Michelle Obama parece tener preferencia por los de chocolate y a Sasha se la pudo ver especialmente feliz bañándose en la playa.

A diferencia de la expectación que parte de la familia Obama despertó en el sur de la Península, en Palma pocos curiosos se agolparon al ver la comitiva de 20 vehículos en la que viajaba la primera dama estadounidense y su hija. Sólo algún cartel de un bar hacía referencia a su visita a Mallorca. Aun así, los operadores turísticos confían que su breve estancia en la isla consiga atraer más norteamericanos.