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World Press Photo: Las huellas del dolor

El CCCB de Barcelona acoge hasta el 18 de diciembre una exposición con 170 imágenes de los fotoperiodistas galardonados con los prestigiosos premios

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A Bibi Aisha la desfiguraron como castigo por huir de la casa de su marido. La tortura de esta chica empezó a los 12 años, cuando ella y su hermana menor fueron entregadas a la familia de un combatiente talibán. Una vez casada, regresó a casa de sus padres quejándose del trato violento que recibía en su familia política. Vivió tranquila hasta que una noche los talibanes la encontraron. Primero le cortaron las orejas y, después, la nariz. Mutilada y repudiada, Bibi Aisha terminó abandonada y sin recursos, hasta que, en Kabul, la organización Womenfor Afgan Women le ofreció ayuda psicológica y le brindó la posibilidad de trasladarse a Estados Unidos para recibir terapia y someterse a una reconstrucción facial.

El fotógrafo Jodi Bieber consiguió retratarla para denunciar la violencia que reciben las mujeres afganas. Con ese trabajo ganó el World Press Photo del año 2011. La foto de Bieber es la cabeza de cartel de las 170 imágenes ganadoras de la última edición de este prestigioso premio de fotoperiodismo. Todas ellas integran la muestra que se puede visitar en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta el 18 de diciembre.

Por ser la foto ganadora, el rostro desfigurado de Bibi Aisha inaugura un recorrido no apto para visitantes sensibles. En esta edición, el montaje vuelve a estar preñado de cuerpos castigados por el dolor, de miradas que transmiten el miedo y de situaciones extremas.

'Sin nuestras fotografías, no hay pruebas. Las fotografías son nuestra memoria colectiva del mundo', dice David Burnet, presidente del jurado 2011. Una afirmación que resume la importancia de esta muestra promovida por World Press Photo, una organización sin ánimo de lucro, fundada en Holanda en 1955. La entidad tiene la aspiración de promover internacionalmente el trabajo de los fotógrafos de prensa profesionales, en un momento en que los canales convencionales no lo tienen fácil para difundir ciertas fotografías. No hay espacio para grandes reportajes y, cuando los conflictos salen de la frenética agenda de la actualidad, son pocos los medios que se acuerdan de ellos.

Una de las imágenes más crudas de la exposición es la que muestra la grave cornada que el torero Julio Aparicio sufrió en la plaza de Las Ventas de Madrid. El fotógrafo Gustavo Cuevas captó el momento exacto en que uno de los pitones del toro atravesó el cuello del diestro y le salió por la boca, reventándole la lengua y fracturándole la mandíbula. 'Empecé a disparar sin ver nada más, aunque al momento ya me di cuenta de que se trataba de una cogida impresionante y que de forma inme-diata debía hacer llegar la imagen a mi agencia para que entrara en el máximo número de medios posibles', recuerda Cuevas del momento en que enfocó el siniestro.

La instantánea ha merecido el segundo premio de fotografías individuales de la categoría de deportes. Una distinción que a Cuevas, un veterano de la agencia Efe, le sirve para reivindicar el trabajo del fotógrafo. Está en desacuer-do con los que apuestan porque una misma persona haga diferentes tareas, porque 'no se puede estar en misa y repicando'.

Otros españoles premiados, cuyo trabajo está presente en la exhibición, son Fernando Moleres, segundo premio de vida cotidiana por sus retratos de la situación de los menores presos en la cárcel de Pademba Road, en Sierra Leona; y Guillem Valle, tercer premio en el apartado de retratos por la fotografía de un hombre de la tribu de los Dinka, en el sur de Sudán.

Pero hay más. Imágenes de los enfrentamientos contra el Gobierno de Tailandia, del devastador terremoto de Haití, de las inundaciones en Pakistán, de los refugiados de Somalia y una amplia serie de los mineros chilenos conviven en una exposición llena de momentos amargos.