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'Zero: 10 años de derechos civiles y ‘outings’ sonados

La revista ha tratado de ser un referente para la comunidad gay en España

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'Nuestra causa es convencer, no obligar a nadie a salir del armario'. Así resume Miguel Ángel López, editor de Zero, la trayectoria de la primera publicación gay de España, que este mes celebra diez años en los quioscos.

Encima de la mesa, López revisa un montón de números célebres que dan una idea del camino que la revista ha recorrido durante esta década: Gaspar Llamazares, el primer político que apareció en la portada; José Luis Rodríguez Zapatero que, siendo aún líder de la oposición, prometió aprobar el matrimonio gay; Jesús Vázquez, crucificado tras el caso Arny; o el primer militar que salió del armario.

'Son personas muy luchadoras, activistas en sus causas sociales o culturales, de marcada personalidad, que sabían de las repercusiones que tendrían esas portadas', explica el editor, que quiere dejar claro que Zero 'no es un medio acosador que obligue a nadie' a declarar en público su opción sexual. Sólo una vez bordeó la insinuación con un reportaje que sacaba una ilustración de Mariano Rajoy y se preguntaba si un presidente del Gobierno saldría del armario en España. De hecho, hasta la fecha son más los personajes conocidos que han preferido no salir en una portada de Zero que los que se han prestado a ello.

No obstante, en estos años las cosas han ido cambiando. Zero surgió por la necesidad de sus fundadores de tener un referente entre los medios de comunicación, un magazine que mostrara su realidad, denunciara sus problemas y generara una conciencia para que la sociedad los viera como un colectivo y no como 'unos raros'. Por eso se llamó Zero, porque sus fundadores sentían que empezaban de cero.

Diez años después defienden haber conseguido un mayor apoyo social e incluso han visto como algunos de esos gays que no querían verse retratados como tales han pasado de esconderse a llevar a gala su condición. 'Había un desconocimiento brutal, muchos tópicos y se pensaba que los homosexuales estábamos asociados a la farándula, a intelectuales malditos y a la promiscuidad', recuerda López.

Pasado el tiempo y logrados derechos como el matrimonio o las adopciones gays en España, el fundador de Zero explica que la revista quiere reorientar su activismo y prestar una especial atención a la situación de los homosexuales inmigrantes, muchos de ellos en una situación 'como la de los españoles que hace muchos años no aceptaban internamente su condición sexual'. Los extranjeros, además, están marcados en muchos casos por su cultura y religión.

López cree que Zero, leída en países de América Latina, puede influir en esa región a favor de los derechos de este colectivo como ocurre ahora con el debate abierto sobre los matrimonios entre homosexuales en Argentina o Chile.

Y en esta nueva etapa, más allá de su tradicional defensa de los derechos de los gays, Zero se está involucrando en el apoyo a la igualdad de las mujeres, los derechos de determinados grupos profesionales, frenar las influencias católicas en cuestiones educativas como la impartición de la asignatura de Educación para la Ciudadanía o impedir la regresión de derechos.