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Ziad Doueiri "La izquierda europea es bastante snob y la de Oriente Medio cada vez es más fascista"

El cineasta libanés retrata la tensión en la que vive su país en ‘El insulto’, con la que aspiró al Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa. En ella muestra la vida ‘de segunda’ de los palestinos en Líbano y habla de las matanzas de cristianos, hasta ahora silenciadas.

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'El Insulto'

Una sociedad al borde del estallido, en máxima tensión, con demasiadas heridas sin curar de la guerra civil (1975-1990), con un doloroso conflicto entre palestinos y cristianos libaneses sin resolver. Es el retrato que hace de su país el libanés Ziad Doueiri —interesante nombre del cine político de Oriente Medio— en El insulto. La película, con la que aspiró al Oscar, es una historia "optimista y muy humana que muestra los caminos para alcanzar la paz".

Inspirado en un incidente que vivió en carne propia, Doueiri enfrenta en la ficción a Toni, un cristiano libanés, y a Yasser, un refugiado palestino. Un insulto sin importancia, a propósito de unas obras callejeras, lleva a los dos ante los tribunales, desde donde los medios de comunicación fabrican su propio circo y convierten a estos hombres en símbolos de una rivalidad nacional que pone a Líbano a un paso de la explosión social.

De familia de izquierdas de Beirut (defensora del pueblo palestino) y casado con una mujer de la derecha cristiana, el cineasta juega en su película a ponerse en los dos bandos y buscar su propia verdad sobre la justicia y sobre el pasado del país. "La guerra en el Líbano concluyó en 1990 sin ganadores ni perdedores. Todo el mundo fue indultado. La amnistía general se convirtió en una amnesia general. Por decirlo de alguna manera, metimos la suciedad debajo de la alfombra. Pero no puede haber una regeneración, una curación nacional si no nos enfrentamos a esos problemas", dice Doueiri que muestra en su filme la vida ‘de segunda’ de los refugiados palestinos en Líbano y que recupera del pasado las matanzas de cristianos, de las que casi no se ha hablado nunca.

¿Sabía desde el principio hacia dónde le iba a llevar ese incidente que vivió y le inspiró la película?

Todo nació con aquel incidente, lo que quería expresar o el objetivo de la película no lo sabía, no tenía intención de lanzar ningún mensaje político ni social. Si lo hubiera hecho al revés, la película sería artificial. Esto es lo que hago en todas las películas. Contar la verdad, mi verdad, mi experiencia. Porque la justicia y la verdad siempre son personales. Hice esta película porque encontré una buena historia. Dos personajes parecidos, con los mismos ideales, tragedias, felicidades… pero uno culpando al otro de su miserias. A veces me preguntó qué me pasaba por la cabeza cuando escribía.

El retrato que hace es el de una sociedad al borde del estallido, ¿es así Líbano hoy?

Desde el punto de vista español o de EE.UU. o de Inglaterra… mi película es una ventana para entender a la sociedad libanesa y sí, de algún modo, ese retrato es muy real. Pero es algo que se puede aplicar hoy a cualquier cultura. Cuando presenté la película en Valladolid me daban abrazos, sobre todo las mujeres mayores, y me decían que eso mismo era lo que ellas vivían. En EE.UU. que ahora vive un proceso de división, pasa lo mismo con la película.

Dos hombres “con los mismos ideales, tragedias, felicidades…” ¿Es su forma de decir que todas las víctimas son iguales?

Crecí pensando que no, que nosotros en Líbano éramos las víctimas, que la derecha cristiana de Líbano nos victimizaba a nosotros. Crecí culpándoles y odiándoles. Veinte años después volví a Beirut y me di cuenta de que no era cierto, de que era la forma en que nos había educado mi madre que es muy de izquierdas. Ella sí culpa a la derecha. Empecé a comunicarme más con la gente de la comunidad cristiana y me di cuenta de que ellos también eran víctimas. Y ellos piensan de nosotros exactamente lo mismo que nosotros de ellos. Por eso ahora la izquierda libanesa me odia. Y eso me encanta. Me consideran un apóstata.

Pero ¿usted es de derechas o de izquierda?

Soy tan extremista de la derecha como de la izquierda, disfruto siendo de los dos. Es la verdad.

Disculpe, pero no le creo.

Ahora soy más de derechas porque la izquierda cada vez es más fascista y más snob.

¿Más fascista? La izquierda europea, no.

Es verdad, en Europa el panorama es diferente al de Oriente Medio. Pero la izquierda europea es también hoy bastante snob y los snobs miran siempre por encima del hombro a los demás. Detesto eso.

'El Insulto'

¿Lo de fascista lo dice por la presión del BDS y otros grupos de izquierda a raíz de su película anterior?

Ahora para el diario Al Akhbar (un periódico de izquierda y pro-Hizbolá) soy un colaboracionista. Atacar a un artista es fascista, lo que hacen es una campaña fascista contra mí. Y a pesar de ello estoy completamente a favor de la liberación de Palestina que es el objetivo del BDS (movimiento que pretende el fin de la ocupación).

Los hombres de su película se enredan en un juicio, mientras que las mujeres intentan conciliar para convivir en paz. ¿Es lo que ocurre en la sociedad libanesa?

Puede ser, no lo sé muy bien. Los personajes femeninos de la película funcionan mejor porque son feministas, asertivas, moderadas, guapas… Siempre he dicho que si las mujeres llegasen al poder, el mundo árabe sería mucho mejor. Pero no estaba pensando en nada de esto antes de hacer la película. Aunque, sí, también busqué a una jueza, seguramente para decir que las mujeres pueden ser más moderadas, sabias y tolerantes que los hombres.

¿La paz de los hombres pasa por el perdón?

Pero el perdón no está sobrevalorado, Toni, el libanés cristiano, ha vivido una injusticia en su vida y quiere que se resuelva y recuperar su dignidad. Él busca eso, pero no por el ego, sino por la injusticia.

Pero eso ¿no tiene más que ver con la justicia y la reparación que con el perdón?

Probablemente, y dice mucho de quién soy yo. La película es un reflejo de quién soy, tiene algo de autobiográfica. Y todo me viene del sentido de justicia que tiene mi madre, para ella es muy importante. Ella es abogada y aceptó un caso, una polémica de 200 euros. Le costó 50 veces más y dos años, pero recuperó ‘esos’ 200 euros, lo que quería. El personaje de Toni refleja eso precisamente, él quiere reparar sus derechos. Piensa: da igual si me pega, pero que nadie me quite mis derechos. Yo soy como ellos, puedo ser pobre, estar en la peor situación del mundo, pero no soporto la idea de que me timen.

¿De que le timen?

Sí, me gasto mucho más llamando a la compañía telefónica pidiéndola que no me llame cuando estoy en el extranjero que pagando los céntimos de la llamada que me hacen. Y esa es la esencia de la película, que nadie nos quite nuestros derechos.

¿La situación de los palestinos en Líbano sigue siendo la misma de hace años?

Los palestinos tienen problemas desde 1948 cuando entraron, son refugiados y no les dan permiso de trabajo, ni a sus hijos, ni se lo darán a sus nietos… Siguen sin derechos. Es tristísimo.