El balear fulmina al chileno González en tres sets y gana el primer oro olímpico del tenis español. Nadal estrena el lunes su cartel de número 1 del mundo con un inapelable triunfo en los Juegos
Acomodó su cuerpo para construir una derecha de archivo. De esas que se repetirán hasta la saciedad en los vídeos promocionales de los próximos Juegos Olímpicos. El último golpe fue el ocaso de una serie en la que Nadal mostró su filosofía actual para colgarse el oro (6-3, 7-6, 6-3). Un servicio con intención, una derecha liftada y dos palos que convertían a Fernando González en un autómata desde el fondo.
Correr y pegar, correr y pegar. A día de hoy, es imposible vencer a Nadal sin una bola inteligente que busque ese resquicio entre lo que no pueden dar de sí ni sus piernas ni sus brazos. Así es la tiranía de Nadal. Una situación que, aunque no lo parezca, Rafa está empeñado en mejorar sin ponerse límites. "Si Federer, al que considero técnica y tenísticamente el mejor jugador de siempre, puede hacerlo mejor, yo con más motivo".
Su discurso destila respeto hacia un jugador con el que el lunes intercambiará posiciones en el número 1 del ranking del tenis mundial. Pero Rafa no pierde la perspectiva porque sabe que el vestuario es vorágine con el que está arriba. "Es humano y, por tanto, se le puede ganar", admite González.
El domingo, ni la derecha ni el servicio del chileno estuvieron a la altura de su impresión. Ya desde el segundo juego, cuando Nadal logró el primer break, a González se le vio con esa mezcla de impotencia e incredulidad que genera el español.
El chileno forzó su derecha en busca de respuestas, se acercó a la red y dejó a medio camino un saque que no forzó la vista del mallorquín. La pelea apenas apareció en el segundo set, que murió en un tie break en el que volvió a aparecer esa fuerza mental que parece cincelada en un master de psicología. Ese convencimiento que atrapa al resto en un debate sobre si es peor de lo que muestra. Después, el dilema interno era ya inevitable. El chileno no pudo ni siquiera intentarlo con su servicio. "Esa ventaja la tendría que haber tenido yo, pero hasta eso ha sido suyo hoy", se lamentaba.
En Londres, Nadal tendrá 26 años y defenderá una medalla de oro comunitaria. "Sin darse cuenta, el apoyo de todos los deportistas españoles en la villa me ha ayudado para estar al cien por cien mentalmente. Si hubiera estado en un hotel, con muchos momentos de aburrimiento, no lo habría conseguido", asegura Rafa.
El lunes abandonará esa urbanización de sentimientos de la capital de China para centrarse en su próxima gran cita, el Abierto de Estados Unidos que comenzará en una semana. Allí le acompañara Tomeu Salvá, el amigo al que le enseñará la foto que se hizo con el nadador Michael Phelps. "Él sí que ha hecho una monstruosidad", admite con humildad el número 1 del mundo.
Es curioso, España gana medallas en los deportes donde hay mucho
dinero en juego y los deportistas son ricos. Es decir lejos del espíritu que siempre se invoca y se habla de nobleza, deportividad y todas esas palabras bonitas. Este país funciona si hay guita en juego en todos los terrenos, país de banqueros, empresarios pequeños, medianos y grandes, aquí para vivir bien y consumir salvajemente nadie quiere ser asalariado.
El deporte lo refleja y encima los aficionados los vitorean. Es igual, nadieblo ve porque no hay capacidad ni cultura. La vida se resume en A por ellos!
¡Tú sí que has hecho una monstruosidad!(Roland Garros, etc.).Nadar, y además con la ventaja física del bajo lactato que tiene Phels, no tiene nada que ver con un deporte tan complejo como el tenis, en el que demuestras una combinación de tantos factores físicos y mentales que hay que sacar cada segundo durante las horas que dura un partido.
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