Publicado: 10.12.2014 00:00 |Actualizado: 10.12.2014 00:00

Los 33 años de un indomable

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En octubre, Zlatan Ibrahimovic cumplió 33 años, pero todavía no es un futbolista viejo. Su edad se aleja de los 28 con los que jugó en el Barcelona de Guardiola la temporada 2009-10. Pero nada de eso le impide seguir siendo el de siempre. Al contrario. Sigue eternamente convencido de que el mejor es él. Sigue tan egocéntrico como la primera vez o tan antipático como en su última entrevista. Pero ni siquiera eso condena a Ibrahimovic, un sueco que habla inglés en París, donde decide más partidos que nadie. Todavía es capaz de compararse con Dios frente a los periodistas y ahora, como en el resto de su vida, aspira a ser "un tipo único en su especie". Así creció y así maduro Zlatan Ibrahimovic, futbolista con cara de ganador y especializado, según la leyenda, en "tocar los cojones al adversario". Todo eso forma parte de la espectacular cuenta corriente de un hombre, al que sólo le faltó jugar en el Madrid. Todo lo demás lo cumplió con egoísmo o sin él. Algo que ni sus propios compañeros le reprochan ya a Zlatan. En su condición de genio, se le acepta tal y como es, por encima de sus encantos o de sus desprecios.

"Si me hubiese educado en la Sorbona, no sería el futbolista que soy" No hay término medio en Ibrahimovic, un tipo que ganó cientos de partidos él solo. Quizá tanto como los que imaginó un futbolista que, por encima de todo, está enamorado de sí mismo. Un hombre con su propia autobiografía, 'Yo soy Zlatan', en la que acepta que él no es "ni malo ni bueno, sólo soy complicado". Un libro a tono con el futbolista, polémico y hasta vengativo en el que recuerda aquella vez que pateó una caja de metal en el vestuario del Barcelona y señaló a voz en grito a Guardiola, que era el entrenador: "Le grité: 'no tienes huevos'". Pero todo eso es parte de la indomable personalidad de Ibrahimovic, de esa raza gitana de la que se siente tan orgulloso y que justifica en cada viaje de su vida. "Si me hubiese educado en la Sorbona, no sería el futbolista que soy". Así que rara vez duda en presumir de lo que es y de lo que ha sido. No se inculpa casi nunca y la única culpa de que, en su biografía no haya un gran Mundial, no es suya, "sino del estado del fútbol en Suecia". Así es Ibrahimovic, el futbolista que más de una vez ha contestado la supremacía de Messi o Cristiano. "Sólo Dios sabe... Y estás hablando con él ahora", dijo en alusión a sí mismo.

Así sigue siendo Ibrahimovic, aquel delantero que hace cinco años no congenió ni con Messi ni con Guardiola. Tampoco fracasó en ese Barça, donde tuvo días de un talento irresistible, cosas que sólo podía hacer él como aquella volea frente al Madrid desde el otro hemisferio del campo. Pero Ibrahimovic fue un tipo con poca química, difícil de comprender, al que se le dio el tiempo justo en Barcelona. Una osadía que actúa a modo de venganza en esa autobiografía suya, en la que desmiente que sea un 'bad boy', pero en la que tampoco se obceca en ir en contra del mundo. "A la gente le gusta juzgar a las personas sin conocerlas". Por eso Ibrahimovic deja ese misterio que, a los 33 años, todavía acompaña a un futbolista que vive como un Rey en París. Allí ha encontrado la motivación que amenazó con perder en Italia, donde triunfó con los entrenadores más difíciles (Capello, Mourinho o Mancini). "Pero una vez que lo ganas todo tienes que marcharte. No tiene sentido continuar donde no puedes motivarte". 

Hoy, Zlatan es uno de los símbolos de este PSG, en el que ni siquiera, Laurent Blanc, debate su manera de ser. Ibrahimovic, efectivamente, no se educó en la Sorbona. Tuvo un talento que, como diría el doctor House, le permitió "ser distinto". De eso vive Ibrahimovic. De eso sigue viviendo a los 33 años, 18 años después desde que arrancase en el Malmoe sueco. Luego, pasó por los mejores sitios (Ajax, Juventus, Inter, Milan, Barça....) y en ninguna parte admitió la indiferencia. Calló o actuó, siempre de acuerdo a sus propias reglas que, según él, siempre son las mejores. Y así se comporta en París, una ciudad en la que a menudo Zlatan recuerda que nunca se ha celebrado la consecución de una Copa de Europa. Y no se le olvida añadir que él está ahí, a orillas del Sena, para eso.