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Se acabaron los holandeses

Con la marcha de Van der Vaart, el vestuario blanco se queda vacío de 'tulipanes' tras haberlo cohabitado hasta seis

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Van der Vaart fue el fichaje estrella de Ramón Calderón en el verano de 2008. El Madrid desembolsó 15.000 millones de euros por un futbolista que venía con etiqueta de virtuoso. Dos años después, con apenas 51 partidos de Liga disputados y un rendimiento intermitente, abandona el club por 9.500.000 de euros para jugar en el Tottenham. Van der Vaart era el último holandés que quedaba en el vestuario madridista tras la cesión de Drenthe al Hércules. Faltaba que la Premier League verificara que sólo un problema informático había impedido que el club londinense inscribiera a tiempo al jugador. A las cuatro de la tarde de ayer, los rectores del campeonato inglés autorizaron la inscripción. De paso, oficializaron la marcha del último holandés que habitaba en Valdebebas.

Van Nistelrooy, en junio de 2006, fue el primero en aterrizar. Un año más tarde lo hicieron Robben, Sneijder y Drenthe. Y en 2008, además de Van der Vaart, Huntelaar llegó en el mercado de invierno. Como sucedió en el Barcelona durante la época de Van Gaal, el Madrid tuvo su propio clan de holandeses. Hasta seis llegaron a cohabitar en un club y en un vestuario en el que no todos llegaron a integrarse. Sólo Van Nistelrooy es recordado entre los empleados de la entidad como un tipo afable y cercano. También como el menos problemático de todos y el de mayor rendimiento ofrecido. Sólo Van Nistelrooy se hizo de verdad con el afecto del Bernabéu. Robben y Sneijder fueron demasiado irregulares. Del último, en el club, se recuerda la época loca en la que hacía noche en el párking de una famosa discoteca madrileña antes de acudir a Valdebebas.

Sólo Van Nistelrooy se hizo de verdad con el afecto del Bernabéu

Drenthe siempre ha sido visto como un elemento extraño en el paisaje clasicista de la entidad. Sus rastas, sus cazadoras espaciales, sus paseos por Valdebebas con cajas de frutas hacían fruncir el ceño a más de uno. El vestuario finalmente lo aceptó como un tipo peculiar que animaba el cotarro.

Van der Vaart se marcha justo en el momento en el que es más apreciado por el Bernabéu. La grada valora el ataque de orgullo que tuvo la temporada pasada cuando optó por quedarse sabiendo que, de primeras, Pellegrini no contaba con él. Se ganó el puesto y rindió por encima de Kaká.

Incluso durante la reciente pretemporada demostró que su nivel no estaba por debajo del resto. Pero tenía mercado, al Madrid le sobraban jugadores y el dinero no le viene nada mal.