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Acto de fe en La Catedral

El Madrid necesita ganar en San Mamés para seguir creyendo en la posibilidad de conquistar la Liga. El juego frenético del Athletic y el aliento de su afición rememoran la pesadilla de Anfield  

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El Madrid se juega la Liga en La Catedral. El único título al que puede optar ya. Eliminado de la Copa por un Segunda B y apisonado por el Liverpool en Europa, llega muy tocado a un mal escenario y ante un peor adversario. San Mamés retumbará con ese Athletic, Athletic que sobrecoge. En la hierba no estará el Liverpool, pero sí un equipo de Caparrós. Otro que como Benítez vive de ahogar al adversario. 'Palpo en el grupo que estamos necesitados de puntos, al margen de que el rival sea el Madrid. Palpo también que se ha desconectado de la Copa y que ahora debe meterse en la Liga', dice Caparrós, en el que conviene interpretar que palpar, palpa poco. Lo suyo es el fútbol por demolición: tacos afilados, la ida eléctrica, la vuelta con mucha falta táctica y todo menos perder por actitud.

Juande no habló ayer de fútbol en rueda de prensa; lo poco que ha hecho el Madrid con él lo desintegró el Liverpool. Sólo le queda agarrarse a los resultados: 'Estos mismos jugadores han conseguido diez victorias seguidas'. Un destrozo moral como el de Anfield también le sugirió un discurso anímico: 'Esto es un juego, no me voy a hundir por ello. Se ha perdido la alegría que había antes del Liverpool. Hay que tomar una línea positiva'.

Especial atención en el diván de Juande tuvo Robben, el jugador que más ha descolocado con sus vaivenes de pizarra: 'Es entendible que el chaval tenga días mejores y peores. Es un magnífico jugador, tiene mucha experiencia y volverá a ser importante para nosotros. Si sufre un tema psicológico, deberían responder los médicos'.

'El Athletic tiene un tipo de juego en su estadio donde el público suele hacer una presión importante. Empuja mucho. Hay que demostrar que tenemos la suficiente personalidad para sobreponernos a todo', aseveró Juande. Ninguna señal de la manera de plantarle cara desde la pelota a lo que propondrá el Athletic, que no sólo será sudor. Está la zurda guadianera de Yeste, el fino Iraola, la ratonería de Toquero y Llorente, que ya mezcla el juego de cabeza [su antinatural tara], con el de pies; se ha hecho futbolista de una sola pieza.

El Madrid no sabe jugar desde atrás cuando los centrales y los mediocentros son agobiados. En casa, la presión deJavi Martínez, Orbaiz, Llorente y Toquero llega hasta el uñero de sus rivales. Tampoco tiene futbolistas el Madrid para romper esa presión con un juego directo. Ahí le asoma el mal diseño de la plantilla que hizoMijatovic: ni vale para jugar al toque, ni para ejecutar el fútbol de segundas jugadas ante equipos de primera línea como el Liverpool.

El grupo sólo da para la competición doméstica. A la larga, las dos Ligas conseguidas han jugado en su contra. Bajo el amparo de esos títulos caseros, la plantilla no fue reforzada para salir a competir a Europa. Detrás de esas cinco eliminaciones consecutivas en octavos de final de la Liga de Campeones existe un porqué: falta calidad.

El techo de los que hacen diferencias en ataque lo marcan Raúl, Guti, Higuaín yRobben. Dos que enfilan la recta final de sus carreras con lo que les queda, inteligencia y toque, uno que se está haciendo y otro que no entiende que, para ser un gran chupón como Messi, no se puede bajar la cabeza desde el segundo regate. Tampoco sorprende ya Robben con su disparo. Los porteros, en cuanto le ven venir, dan un par de pasos hacia adelante para taparle ángulos. A pierna cambiada le queda la opción de buscar la rosca a la escuadra contraria, pero no le salen.

Con todas esas deficiencias se presenta el Madrid en San Mamés para seguir creyendo en la Liga. Todo un último acto de fe.