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La agitación turba al Atlético

El equipo rojiblanco vence por la mínima al Stromsgodset noruego y se complica la clasificación

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Siendo lo futbolístico vital para el futuro inmediato, lo primero que se ventilaba este jueves en el Calderón era el ánimo de la hinchada. La reacción de unos aficionados que, más noqueados que rabiosos, son vilipendiados en su orgullo casi a diario. Directiva y jugadores se han acostumbrado a zarandear de forma rutinaria y tosca, ni siquiera con saña, el sentimiento atlético. Y los seguidores, hastiados y exhaustos, prefieren encogerse de hombros, rumiar su ruina y exigir lo mínimo. Por lo visto y oído, no hace falta ser del Atlético. Basta con estar. Que se lo pregunten a Forlán.

El uruguayo se ha cansado de vocear, muchas veces sin que se lo pregunten, su deseo de salir corriendo del club, pero no ha encontrado comprador, se ha quedado y, en la primera cita oficial, lució el brazalete de capitán. Tal es el páramo afectivo que se dibuja en la grada del Calderón que lo que hace poco más de un mes eran reproches este jueves se convirtieron en desesperados y patéticos vítores de '¡uruguayo, uruguayo!'.

La puñalada asestada por el Kun es tan letal que el moribundo público se aferra a Forlán como único, de momento, remedio para taponar la hemorragia. La insistencia del argentino -nuevo jugador del City tras negarse reiteradamente a volver al Atlético pese a tener contrato hasta 2014- en pisotear a quienes le amaban fue respondida con desafortunados gritos de despecho e impotencia: 'Agüero muérete', 'Agüero mercenario' y 'Benjamín (hijo del Kun), tu padre es Higuaín'.

Por contra, la saña común de todo el estadio se tornó guerra civil cuando el increpado fue De Gea. En el primer tiempo, el Frente Atlético llamó 'mercenario' y e el segundo desplegó una pancarta: 'Nunca serás uno de los nuestros'. Ambos reproches fueron respondidos con pitos de desaprobación por buena parte de la grada. La unanimidad volvió cuando tocó arremeter Gil Marín, dueño de la entidad.

Mientras el público exorcizaba sus más recientes demonios, el nuevo Atlético del viejo Manzano buscaba su identidad. Y tardó casi una hora en contrarla. Sin ritmo físico y con varias caras nuevas sin mecanismos automatizados entre sí, el primer tiempo fue una siesta calurosa con detalles fugaces de Gabi y un par de ocasiones de Adrián desbaratadas por Larsen. El delantero asturiano hizo bien no obcecándose con el gol. Porque cuando comprendió que no era su noche y decidió vestirse de asistente, sirvió dos balones exceentes a Reyes, que el sevillano rubricó con su zurda prodigiosa.

El 2-0, un buen resultado para la vuelta -el jueves próximo en Noruega y sobre hierba artificial- fue un fugaz bálsamo para la excitada concurrencia. Cuando se anunciaba calma, Miranda vivió su primera y excesiva expulsión como atlético. Y a Manzano le entró un pánico excesivo habida cuenta de lo demostrado hasta entonces por el rival. Agitó al equipo con dos urgentes cambios defensivos -en apenas dos minutos entraron Perea y Raúl García- y, antes de que las piezas se hubiesen recompuesto, apareció Storflor para marcar un gol que no ayuda a sosegar los ánimos.

Atlético (2): Joel; Silvio, Miranda, Domínguez, Filipe Luis; Gabi, Tiago (Raúl García, m. 79), Juanfran (Perea, m. 78), Reyes; Forlán (Salvio, m. 71) y Adrián.

Stromsgodset (1): Larsen; Andersen, Madsen, Aas, Vilsvik; Adu, Konradssen, Storflor, Sankoh (Nordkvelle, m. 61); Keita y Berget (Kamara, m. 78).

Goles: 1-0. M. 53. Forlán centra al área, Adrián baja con el pecho y cede con la derecha a Reyes, quien coloca con la izquierda en la escuadra. 2-0. M. 74. Contragolpe de Adrián, cede a Reyes y este, en carrera, marca. 2-1. M. 80. Nordkvelle se interna por la derecha, pasa a Storflor, quien sólo en el centro del área bate a Joel.

Árbitro: Desmond (HOL). Expulsó a Miranda con roja directa (m. 76) por una falta por detrás a Berget. Amarilla a Vilsvik, Tiago y Sankoh. Vicente Calderón: 30.000 espectadores.