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Un alirón con aires de revolución

El pésimo final de temporada, con debacles incluidas en Copa y Champions, obligan al club a acometer importantes cambios en el equipo que pueden tocar la estructura establecida desde hace años

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La última vez que en el Camp Nou tuvieron que acometer una revolución costó cara, y sorprendió. Pero valió la pena y dio unos frutos gigantescos. Cuando el club apostó por Guardiola en 2008, al de Sampedor no le tembló el pulso. Echó a Ronaldinho y Deco, dos jugadores que habían sido claves en la anterior etapa triunfal con Rijkaard, y se vendieron un total de diez jugadores. Eso sí, se mantuvo el modelo y el estilo con el que el entrenador holandés ganó dos Ligas y una Champions, entre otros títulos. Y se potenció extremadamente.

Hoy en el club se vuelven a plantear una pregunta parecida a la de entonces: ¿ajustes o revolución? Es el debate que a día de hoy, con la Liga ganada, se ha instalado en el Camp Nou. Se puede discutir sobre por cuál de las dos opciones apostar, pero pocos dirán que no es necesario más de un cambio en el Barcelona.

El alirón no modifica, desde luego, nada. No esconde las profundas debilidades del equipo, que se han hecho mucho más intensas en estos últimos meses. El tremendo bajón físico y de juego. Un modelo que ha desaparecido en las últimas semanas, simplemente aferrados a Messi o a su sombra para ganar cualquier partido con una genialidad suya. Sufriendo mucho en defensa y casi ausentes en las características que han hecho grande a este equipo: el toque rápido, la profundidad, el constante movimiento. Posesión si que no ha faltado nunca, pero estéril ha menudo en los últimos partidos.

Sólo el genial e inigualable comienzo de temporada y el temprano descuelgue del Madrid han permitido a los azulgranas llevarse fácilmente una Liga que de otra manera hubieran sufrido mucho, visto lo visto desde el pasado mes de enero. También hay que contar con que la temporada que viene Tito esté más recuperado y no se ausente un largo periodo, como el que pasó en Nueva York. Ello llevó a una desconexión de la plantilla y a que se impusiera una suerte de autogestión en el equipo que, si bien ha servido para llevarse la Liga, no ha evitado la debacle en otras competiciones.

Este verano, el movimiento debe ser similar al de 2008 en cuanto a su simbolismo y a la cantidad. El pésimo final de temporada del equipo obliga a acometer cambios en la plantilla y en la planificación, que probablemente hubieran sido aplazados de no haber caído humillados en la Copa ante el Madrid y en la Champions ante el Bayern de Múnich. Importantes ajustes que tocarán incluso a piezas importantes de la estructura del equipo desde hace años.

Hay, eso sí, cambios obligados. Es el caso de Valdés. El portero ya comunicó hace unas semanas que no tiene intención de continuar en el equipo cuando finalice su contrato, el año que viene. Él desea permanecer hasta entonces, pero puede que el club decida fichar a un cancerbero de garantías este mismo verano. La sustitución de Valdés no es fácil. Es el portero que más estabilidad ha dado al Barça en muchísimo tiempo. Una posición que quema en el equipo, y donde el que juegue debe tener, además, grandes cualidades con los pies. Han sonado unos cuantos -De Gea, Ter Stegen, Reina-, pero el mejor colocado a día de hoy es Guaita, el joven portero del Valencia.

Ya no hay excusas para fichar, como mínimo, a un central de garantías y contrastado

La defensa ha sido el principal quebradero de cabeza de los culés desde la temporada pasada. Plagas de lesiones, unidas a la baja forma de algunos jugadores que han convertido lo que era una de las líneas más seguras del equipo en una verdadera calamidad. De los cuatro titulares sólo se salvan este año Piqué -en ciertos períodos del año- y Jordi Alba. Por lo demás, Alves vuelve a estar en el disparadero, como la temporada pasada, y ya no hay excusas para fichar, como mínimo, a un central de garantías y contrastado. Para esta última posición, se debaten entre Hummels y Thiago Silva. Ambos saldrían caros, pero el brasileño más aún.

El centro del campo es la zona más segura de los culés y donde menos retoques necesitan. Eso sí, Xavi ha dado argumentos esta temporada para los que piensan que ya es momento de dosificarse más y dar más minutos y protagonismo a hombres como Thiago.

La delantera, por su parte, ha sido otro foco de problemas este año. El imparable protagonismo de Messi ha llevado al equipo a depender brutalmente del argentino. Tanto que ha marcado casi la mitad de los goles del equipo esta temporada en la Liga. Pedro ha rendido por debajo del nivel de las últimas temporadas y Alexis es otra historia. El club podría darle otra oportunidad al chileno, pero los aficionados hace tiempo ya que perdieron toda la paciencia con él. Villa también es un caso en sí mismo. El asturiano tardó en recuperarse de su grave lesión y le costó entrar en los planes de Tito. Sin embargo, cuando lo hizo no fue con todo el acierto que se esperaba y pese a todo es el tercer mayor goleador. El Camp Nou ha pasado del agradecimiento con él a la desesperación en los últimos partidos, y el club le ha abierto la puerta definitivamente. Será entonces el momento de que el club apueste por nombres que puedan disputarle los goles a Messi aunque no el protagonismo. Difícil solución, y más con un Neymar que tiene todas las papeletas para adelantar su desembarco en el Camp Nou este mismo verano.

Rosell, Zubizarreta y Tito tendrán que andar con pies de plomo con la ecuación: mantener el modelo haciendo todos los cambios necesarios, pero sin pasarse, para recuperar el trono del fútbol europeo.