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Allegri pone orden al caos

El técnico del Milan exhibe mano izquierda y cierto gusto por el fútbol ofensivo

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Embriagado por la conquista del Scudetto tras siete años de sequía, Silvio Berlusconi, propietario del Milan, prometió en mayo 'regalos caros' a los tifosi de su equipo. No se refería el magnate a favores o vestidos de marca, sino a fichajes que reforzaran y rejuvenecieran su plantilla. Al final llegaron Mexes, Taiwo, El Shaarawy, Nocerino y Aquillani; ninguna estrella. Así las cosas, el Milan que hoy visita el Camp Nou iba a distar poco del que ganó la temporada pasada la liga italiana: un equipo con una delantera fabulosa y la zaga y la medular, cargadas de años. Pero las lesiones de Robinho y, sobre todo, la de Ibrahimovic dibujan ahora un nuevo panorama. El sueco es fundamental para los rossoneri.

La llegada de Massimiliano Allegri al banquillo del Milan la temporada pasada ha servido ante todo para ordenar un vestuario que parecía el camarote de los Hermanos Marx. Enfermo de egos, nadie tosía a los veteranos muchos ya sin mecha y las jóvenes estrellas apenas tenían peso en el grupo. La organización del equipo ha centrado el trabajo de Allegri, que en lo futbolístico, ha insinuado cierto gusto por el juego ofensivo.

El técnico suele disponer a sus muchachos en un 4-4-2 con el medio campo en rombo. Fuera del plantel Pirlo, ahora en el Juventus, Allegri apuesta en la medular por un mediocentro de contención. En la punta del rombo, el preparador confía en la inspiración de Boateng, su apuesta personal. Un futbolista que, si está bien, puede ser determinante, aunque es poco fiable por su irregularidad.

Atrás, Abiatti, Nesta y Zambrotta acusan la edad y Abate y Thiago Silva no alcanzan a correr por todos. Delante, sin Ibra, Allegri tiene a Pato y Cassano, aunque ante el Barça quizá opte por llenar el medio campo.