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Alonso se instala en el podio

El español, tercero en una dura y cambiante carrera ganada por Button, con Vettel segundo. Hamilton, cuarto, arruinó el triunfo con una estrategia errónea

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La F1 le ha echado el cierre por vacaciones (hasta el 28 de agosto en Bélgica) y, cosa rara, todos sus protagonistas se fueron contentos. O eso dicen. Porque en un deporte donde sólo gana uno, los únicos que de verdad cerraron satisfechos la primera parte de la temporada son Button, que ganó la carrera, y Vettel, que fue segundo e incrementa sus puntos de ventaja en la clasificación del Mundial. Alonso, tercero, encadenó su cuarto podio consecutivo y eso le permite descansar con moderado optimismo y obligada esperanza en el segundo tramo del campeonato.

El español, sin embargo, tuvo ayer la dosis de suerte que había echado de menos en citas anteriores. No salió bien y cometió varios errores de pilotaje, pero su constancia y la atrevida estrategia de Ferrari al decidir hacerle parar cuatro veces le auparon de nuevo al cajón. Sin embargo, el F-150º no emitió, como en los dos grandes premios anteriores, buenas señales. Especialmente en lo relativo a los neumáticos.

En un campeonato que parece abonado a un otoño perenne –carreras con agua y bajas temperaturas–, los coches rojos sufren como pocos para calentar las gomas. Y esa inestabilidad y escasa adherencia resulta fatal en momentos críticos como la salida y cada vez que acuden a cambiar las ruedas.

Alonso había anunciado ataque una vez ensombrecido el semáforo, pero la lluvia le aguó el plan. Y él lo sabía. Meticuloso hasta lo enfermizo, atisbó problemas y de ahí su extraña e inusual actitud en la parrilla minutos antes de subirse al monoplaza. Cual león enjaulado, recorrió cada centímetro de asfalto escrutando su grado de humedad y, sobre todo, su adherencia. Salía quinto, por la llamada zona limpia (de mayor agarre) y, de hecho, se zampó a su compañero Massa, cuarto, y amenazó a Button, tercero, pero un latigazo trasero fatal apenas tomada la primera curva le relegó al sexto puesto. Fue superado por los dos Mercedes. En dos vueltas adelantó a Schumacher y a Rosberg, pero este último le devolvió la pasada cuando el asturiano se salió en la curva 2. En el mismo lugar erró Vettel y Hamilton, que le achuchó desde el primer segundo, no desaprovechó la ocasión.

El inglés, en estado de agitación, se colocó en cabeza y tiró como un poseso. Apuntaba a un segundo triunfo consecutivo, a una victoria que sembraría más dudas en Vettel, pero la lluvia y el natural ímpetu de Lewis se juntaron para arruinar su carrera y dar un respiro fundamental al líder alemán.

Cayeron cuatro gotas, Hamilton barruntó diluvio y entró a poner gomas intermedias. Craso error. Las nubes se cerraron, el McLaren sufrió y, además, el británico hizo un trompo, casi provoca un accidente al intentar reincorporarse y fue sancionado por los comisarios con un paso obligatorio por boxes.

El gran beneficiado fue su compañero Button, un especialista del caos. Su conducción fina e inteligente, sin aspavientos ni alardes, le hace fiable como ninguno en escenarios cambiantes. Cuida las ruedas con mimo, así que realizó el último cambio y se lanzó con firmeza hacia su segundo triunfo de la temporada, empatado con Hamilton y sólo por detrás de los seis de Vettel.

El alemán salió muy bien parado de una situación peliaguda. Sumó más puntos que sus peores rivales –Hamilton y Alonso– y prácticamente cerró el Mundial.