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Alonso vuela hacia el título

Beneficiado por el accidente de Hamilton, el piloto de Ferrari se coloca segundo en el Mundial a 11 puntos de Webber. El español gana la carrera nocturna tras mantener a Vettel a raya durante las 61 vueltas

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Para mantener una conversación agradable, nadie mejor que Barrichello, un brasileño afable y encantador; para pasar un rato divertido, pocos más alegres que Kobayashi, un joven japonés siempre alegre. Ambos, al igual que todos los miembros de la parrilla son, por supuesto, pilotos de primera. Ahora bien, si de lo que se trata es de llevar al límite el arte de conducir, de exprimir cada milésima en maniobras arriesgadas y precisas a la vez, nadie mejor que Fernando Alonso. El español mostró de nuevo al mundo su repertorio. En una noche perfecta, ganó el GP de Singapur y lució bajo los potentes focos asiáticos su sólida candidatura al título.

Los profetas del espectáculo por el espectáculo desecharán la prodigiosa batalla de Alonso y Vettel, uno frente al otro y ambos contra el cronómetro, sin apreciar la grandeza de un duelo que quedará para siempre en el corazón de los verdaderos amantes de la velocidad. Los gurús de la diversión fácil jamás distinguirán la belleza del esfuerzo supremo de dos hombres domando sendas máquinas infernales a 300 kilómetros por hora.

Los verbeneros de la F1 se quedarán con los segundos de incertidumbre provocados por otra mala salida del asturiano. Con la maniobra de defensa de Alonso, quien volanteó hacia la izquierda y cortó de raíz la acelerada progresión del Red Bull de Vettel. Y, sin embargo, lo realmente prodigioso vino después.

El español y el germano ejecutaron un baile armonioso y delicado a toda pastilla

El español y el germano ejecutaron un baile armonioso y delicado a toda pastilla. Vuelta tras vuelta, durante 61 vertiginosos giros, trazaron rectas y curvas con exactitud milimétrica, conscientes ambos de que un error les condenaba.

Suena sencillo, pero hay que tener un pulso de hierro y unas condiciones sólo al alcance de los fuera de serie para pasarse dos horas escrutando los movimientos de tu rival, urdiendo estrategias, cuidando los neumáticos, mimando los frenos y conservando el motor. Todo ello mientras circulas a toda velocidad lamiendo los muros iluminados por 15.000 potentes luces. Una bendita locura.

Los dígitos que marcan los tiempos fueron testigos eternos de una pugna colosal, controlada en todo momento por Alonso, líder de principio a fin. Amante confeso del ciclismo, el ovetense hizo la goma con Vettel durante varias fases de la carrera. Sabedor de lo que penaliza pegarte en exceso al bólido que llevas delante mecánica, neumáticos y frenos se calientan peligrosamente al no recibir aire limpio, el español jugó magistralmente con las décimas. Aliviaba el sufrimiento de su motor levantando ligeramente el pie, dejaba que el Red Bull soñara con adelantarle y, cuando parecía a punto de sucumbir, abría gas y volvía a distanciarse más allá de un segundo.

Los dígitos que marcan los tiempos fueron testigos eternos de una pugna colosal

Por detrás, Webber se allanó el camino hacia el cajón embistiendo a Hamilton en una polémica maniobra, y Button, el quinto aspirante, exhibió su exagerada flema británica y nunca fue una amenaza para el australiano.

Además de la discreta salida, sólo los coches doblados provocaron instantes de incertidumbre en la cabalgada del Ferrari hacia la cúspide del podio. Fueron amagos de susto que Fernando supo gestionar y que Vettel fue incapaz de aprovechar. La escudería italiana, contagiada definitivamente de la seriedad de su líder, realizó otro cambio de gomas de manual, y Alonso sólo tuvo que completar su recital para asustar a los rivales. Saben que es el mejor y que ha emprendido el vuelo hacia el título.