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Álvaro amarga al Barça

El gol final del delantero del Espanyol iguala el derbi más disputado de los últimos años y birla dos puntos a los azulgrana, que pierden comba en su persecución del Madrid, pese al gran partido del recuperado Iniesta

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Desde que Pep Guardiola y Mauricio Pochettino mandan en los banquillos, los derbis entre Barcelona y Espanyol se han revalorizado. Han ganado en juego y en variantes tácticas, también en emoción e igualdad, aunque el de ayer perdiera en goles. Sólo uno contaron los azulgrana anoche, insuficiente para que se llevaran el duelo ciudadano y mantuvieran el paso del Madrid. La insistencia del Espanyol fue tanta y tan perdurable que acabó recibiendo su premio: un dulce empate en el suspiro final, que amargó al Barça. El gol de Álvaro, uno de los recambios con los que Pochettino aireó a su equipo en el segundo acto, confirmó que, como había anunciado Guardiola, el Espanyol sigue acercándose a su máximo rival, mientras que el del Bar-ça, el Madrid, se sitúa a cinco puntos de los azulgrana.

Los matices ordenados por Pochettino en su idea de su juego colocaron a Verdú como tercer mediocentro, junto a Forlín y Romaric, y minimizaron la inferioridad del Espanyol en la medular, el dominio del Barça. Así, el despliegue blanquiazul exigió más a los de Guardiola. Y le permitió montar alguna contra tan peligrosa como la protagonizada por Sergio García y Verdú, recién iniciado el encuentro. Sólo el tremendo acierto de Valdés, primero, y el de Piqué, en la línea de gol, después, evitaron el gol del Espanyol en el doble remate de Verdú.

Cesc adelantó a los azulgrana, que nunca se sintieron del todo cómodos

Más cómodos sobre el campo, muy incisivos en la presión sobre los medios del Barça, los blanquiazules pagaron, sin embargo, cierta torpeza de Cristian regaló a Messi un gol anulado por mano del argentino, y algún mal gesto de Raúl Rodríguez Alexis estuvo a punto de aprovechar otra mala cesión suya, presagios del gol del Barça. Llegó en una de esas acciones que borda Alves, perfecto lector de las amenazadoras llegadas de Cesc desde la segunda línea. Apareció el medio como una furia en la línea del área, el brasileño midió el centro a su cabeza y Cristian sólo pudo recogerlo en el fondo de su red.

El gol fue un premio casi excesivo para el Barça. Pero ni desmoralizó ni desmontó al Espanyol. Al contrario. Los blanquiazules se reafirmaron en su idea. Siguieron incomodando a los medios azulgrana. Provocando numerosas péridas de balón. Y exigiendo a Puyol, Piqué y Abidal, los tres defensas que Guardiola puso por delante de Valdés. Ante el asiduo acoso de Thievy, Verdú y Sergio García, el desempeño de los zagueros fue impoluto. Y no menos lo fue el de los de Pochettino, con Amat al frente, ante la brillante imaginación del recuperado Iniesta.

Todo lo que salió de la zurda del manchego exigió un extra a los blanquiazules, exitosos también en la desconexión de Messi. Mitigada la mejor versión del argentino, Alexis y Cesc dieron continuidad al prolífico repertorio de Iniesta. Cristian, tras su titubeo inicial, acompañó la buena acción de la defensa. La solidez y la insistencia del Espanyol alteraron al Barça, más impaciente e impreciso de lo habitual.

Pochettino también igualó a Guardiola en su profusión de cambios tácticos

Insatisfechos con lo obtenido, Guardiola y Pochettino movieron el tablero tras el descanso. El técnico del Espanyol relevó a Verdú de su función de mediocentro y se la encomendó al recuperado Javi López. Y, en busca del gol, colocó a Thievy como compañero de Sergio García en punta. El Espanyol encontró más remate, con igual puntería. Con la exigua ventaja del marcador, Guardiola implicó a Valdés y a los defensas en la circulación para hacerla más fluida. Lo consiguió sólo a ratos.

Como nada se movía en ningún sentido, los dos técnicos dieron una vuelta de tuerca a sus planteamientos. Pochettino individualizó la presión, renunció al tercer mediocentro y reforzó el ataque con Verdú y la entrada de Álvaro. Morir matando, se dijo el argentino. Guardiola no tardó un segundo en replicar: retrasó a Alves a la defensa y dio entrada a Pedro, en sustitución del exhausto Alexis, que se desfondó de tanto ir y venir. Sólo el Espanyol sacó provechó. Álvaro le dio el gol que tanto buscó y, tras un balón al palo de Piqué y un posible penalti, un empate que supo a gloria en Cornellà.