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América se rinde ante la unión europea

Europa aprovecha su ventaja en los juegos por parejas para ganar in extremis la Ryder Cup

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No es sólo cuestión de ganar, también importa cómo hacerlo. La felicidad de los europeos era plena cuando McDowell venció en el hoyo 17 de su encuentro, pero no era sólo por refrendar una victoria que se atisbaba desde días antes, sino por recuperarse del susto final. La Ryder se queda en Europa tras una jornada épica en la que el sufrimiento no estaba previsto, pero apareció.

La tradición de la Ryder afirma que los americanos se desen-vuelven mejor cuando están solos, mientras que los europeos son felices con el juego de equipo. La jornada del lunes, la primera que la competición ha visto en su historia en ese día, no falló al tópico. Los estadounidenses, que llevaban una desventaja de tres partidos cuando comenzó el día, fueron poco a poco descontando su déficit. Ambos capitanes habían decidido mandar a la artillería pesada al principio de la ronda. Montgomery, el líder europeo, pensaba en la victoria rápida; Pavin esperaba un buen despertar para bajar los humos de los del Viejo Continente.

McDowell fue el héroe tras vencer a Mahan en el último encuentro

Estrategias de equipo en un deporte de esencia individual. Un contrasentido que hace de la Ryder una competición especial en la que lo razonable se ve desafiado con frecuencia. Lo lógico era que el inglés Westwood,el mejor jugador del final de la temporada, ganase a Stricker, pero no lo hizo. También era de esperar que el norirlandés McIlroy perdiese su encuentro cuando en el hoyo 15 iba por detrás, pero recuperó medio punto. Se suponía que Woods y Mickelson iban a seguir deambulando sobre el terreno como habían hecho los días anteriores, pero sacaron su furia y demostraron que no se han olvidado del toque y la precisión.

El mayor desafío a lo establecido, sin embargo, lo dio Edoardo Molinari. Su punto debía ser decisivo, la victoria estaba hecha cuando llevaba cuatro hoyos de ventaja a falta de seis por disputarse, pero terminó empatando y pasando toda la presión a McDowell, que tenía que conseguir un punto para lograr la victoria europea. El campeón del Abierto de Estados Unidos no falló y se convirtió súbitamente en el héroe de la Ryder. Es el hombre del año en el golf.

En el bando europeo también brilló con luz propia Donald, llamado a filas por Monty y puesto en duda que ha demostrado ser un competidor de raza. Ha ganado tres de los cuatro encuentros que ha disputado, el último de ellos el individual a Furyk. También Westwood,que a pesar de su derrota ha tirado siempre del equipo, o Poulter, magistral en todas las facetas del juego y constante durante todo el fin de semana.

Jiménez ganó su primer individual y desplegó su carisma en Gales

Por último y con un protagonismo capital, también brilló Jiménez, que ganó por primera vez un encuentro de individuales. El malagueño, que dominó a Watson sin problemas, destaca casi tanto por su carisma como por su juego. El tópico diría que es uno de esos hombres que hace equipo, la afición lo aclama e imita y es querido por sus compañeros. Es una nota de color entre la niebla, una estrella peculiar de las que nunca niegan una sonrisa. Un hombre de Ryder.

Él fue el español que tocó los palos, pero no el único presente. Sergio García fue designado vicecapitán antes de que empezase el torneo y como tal ha ejercido. Olazabal fue llamado para el mismo cargo, pero declinó un puesto que al final tuvo que aceptar por aclamación popular. Llegó a Gales para anunciar café y terminó dando órdenes. En el golf no hay más autoridad que la ganada sobre el campo y de esa Olazabal tiene por arrobas. Por encima de todos esos hombres, uno que no estaba en Gales: Severiano Ballesteros. Su fotografía presidía el vestuario europeo, la afición coreaba su nombre señalándolo como un ser único. Una figura que en las Islas Británicas trasciende con mucho el deporte y que no necesita aparecer para estar presente. Grande entre los grandes.