Publicado: 05.02.2014 08:01 |Actualizado: 12.01.2015 22:08

Ander Mirambell: "El gran genio del skeleton se desliza entre la locura y la cordura"

Empezó de rebote y acabando siendo el primer español en el skeleton usando zapatillas tuneadas con un rallador de queso. "Me veo más como un pionero cuando voy a pedir recursos como si me abriera paso con un machete en una selva", dice Ander Mirambell

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Ander Mirambell, en Barcelona la semana pasada. EFE/Alejandro García

Empezó de rebote y acabando siendo pionero español en una modalidad semidesconocida usando unas zapatillas tuneadas con un rallador de queso. "Me veo más como un pionero cuando voy a pedir recursos como si me abriera paso con un machete a través de una selva", explica Ander Mirambell (Barcelona, 1983), quien compagina su atrevida "locura" del skeleton con otros variados trabajos cuando acaba la época de competición. "Cuando acaben los Juegos de Sochi me pondré a buscar trabajo", reconoce el catalán, que inicia su aventura en los Juegos de Invierno el día 14. "Sochi es el circuito más espectacular que he visto nunca, porque son dos tubos en uno. Es una infraestructura brutal; la lluvia no influirá, pero sí que lo hará la humedad, que afectará bastante a los que salgan más atrás", pronostica

-¿Cómo decide tirarse sobre hielo a toda velocidad en un trineo? 

Un poco por rebote. Venía de hacerlo bien en el atletismo, pero no para un nivel olímpico. Un día conocí a una persona que tenía a un familiar que se dedicaba al bobsleigh y le pedí su teléfono porque quería probarlo. Entonces, engañé a mi compañero de entrenamiento, Alberto Castillo, que hacía pruebas combinadas conmigo, y probamos el bobsleigh. Y, cuando teníamos todo preparado para competir, la Federación Catalana se negó a darnos ayudas para los viajes y otras necesidades. Entonces, le sugerí a Alberto hacer algo más económico y, viendo el nivel de accidentes que había en otros deportes, como el luge, nos decantamos finalmente por el skeleton. Lo probamos en 2005 en Innsbruck, nos sacamos la licencia, y así fue como comenzó todo.

-¿No hay que tener un punto osado, de locura para dedicarse a ello? 

Creo que hay que tener un punto de locura, pero para dar el paso. Una vez te subes al trineo, los que hacen más el loco son los que acaban en el hospital; los que dicen 'a mí no me va a pasar nada' o 'yo los tengo más grandes que cualquier otro'. Para ser un buen piloto hay que saber rozar siempre el límite de la trayectoria que te puede enviar al hospital, pero sin cruzarla. Hay que saber afinar con el límite que distingue entre la locura y la cordura; el que es capaz de deslizarse sobre esa línea es el gran genio de este deporte. 

-¿Se pasa miedo?

"Para ser un buen piloto hay que saber rozar siempre el límite de la trayectoria que te puede enviar al hospital, pero sin cruzarla"

Sólo he pasado miedo dos veces. La primera cuando me monté por primera vez en el trineo, que me la pasé rezando. Subido a él, mientras compites, vas golpeándote con todo y parece que estás dentro de una lavadora o de una máquina de pinball. La segunda ocasión fue una en que tuve un accidente grave y me golpeé en la cabeza. Lo que intento siempre es tener un poco de respeto, porque el miedo te paraliza y te bloquea. Hay que tener respeto y saber que puedes tener un accidente en cualquier momento, que es necesario ir siempre al límite, pero sin pasarse. Cada uno tiene qué saber sus capacidades y sus límites.

-¿Qué velocidad puede llegar a alcanzar sobre el trineo?

Mi marca personal es de 140,47 km/h.

-¿Y qué sensaciones tiene cuando baja?

Intentas no pensar en nada que no sea en la siguiente curva, y, a veces, cuando cometes un error, en eliminar ese error. Creo que lo más difícil del skeleton es saber eliminar de tu cabeza el error que has cometido en la anterior curva. Una vez, en Saint Moritz tuve la sensación de que el trineo iba a despegar e iba a salir volando, pero esos pensamientos duran centésimas de segundo porque tienes que estar concentrado en la siguiente curva. 

-Sus comienzos fueron de rebote y rozando el surrealismo con unas zapatillas tuneadas con un rallador de queso.

(Risas) En verdad, ha habido momentos de locura mayores que ése, como entrenar en la playa un deporte de invierno, tirándome contra la arena. La gente pensaría: 'Este tío está loco'. Lo del rallador de queso fue una solución a la falta de zapatillas. No podíamos tener las que necesitábamos para la competición, así que un día que fuimos a un bazar chino a comprar cuatro cosas se nos ocurrió probarlo. La cara de todo el mundo cuando nos veían con eso era increíble. Tras ello, escribieron un artículo en una revista que se titulaba Flamenco en la pista de bobsleigh (risas), para que te hagas una idea.

-¿Tiene muchas secuelas físicas?

"Sobre el trineo me siento como dentro de una lavadora"

Golpes en la mandíbula, sobre todo. Y cicatrices también tengo alguna, como en el dedo, que casi me quedo sin él una vez. También me rompí la clavícula por intentar cruzar el límite. En el circuito dicen que el gafe del deporte soy yo, siempre me pasan cosas. También es verdad que muchas me han pasado por novato; ahora hay muchas cosas que no haría. La mejor solución a un accidente es volver a enfrentarte a la situación para hacerlo bien. Hay gente que no tiene ese valor y otros que tenemos esa capacidad y corremos muchas veces el riesgo de ser demasiado valientes y tenemos accidentes. Pero yo creo que en esta vida hay que arriesgar, porque si no, no hubiera ido a los Juegos Olímpicos.

-Comenzó en el atletismo y se pasó al skeleton. ¿Por qué ese cambio y no a otro deporte? ¿Cuánto tiene que ver el atletismo con el skeleton?

Los primeros años compaginé ambos deportes. Continué con el atletismo porque me encantaba, pero llegó un momento en que sufrí una fractura por no poder descansar. Por entonces, la temporada para mí comenzaba en octubre con el skeleton y acababa en julio o agosto con el atletismo. Como vi que el cuerpo no aguantaba tuve que escoger uno y me quedé con el skeleton. Me sabe un poco mal, porque las pruebas combinadas de atletismo es algo que me queda un poco pendiente.

-¿Le hubiese gustado dedicarse a otro deporte?

Yo, de hecho, venía del fútbol. Estuve un mes y medio a prueba en los juveniles del Espanyol, pero por entonces mi pierna izquierda flojeaba un poco (risas)... Me di cuenta de que no tenía muchas opciones de llegar a jugar en el Espanyol de forma permanente, y por ello lo dejé aparcado.

-Fue el primer olímpico español en esta modalidad. ¿Qué se siente al ser un pionero en algo que prácticamente es desconocido para la gran mayoría de España?

Espero sentirlo mucho más aún. Me veo pionero cuando tengo que luchar para explicar la normativa o para pedir recursos, pero no como consecuencia de los resultados. Siento como que me abro paso con un machete a través de una selva cuando tengo que ir a hablar con la federación y les pido un entrenador propio. A día de hoy compagino el entrenamiento con un equipo austríaco, uno suizo y otro británico. Por tanto, me siento más como un pionero cuando tengo que pedir recursos para poder pelear de tú a tú que por haber ido a unos Juegos Olímpicos. Supongo que lo valoraré más cuando me retire.

-¿Se puede vivir del skeleton?

"Me veo más como un pionero cuando tengo que luchar para pedir recursos como si me abriera paso con un machete en la selva"

Si fuese estadounidense, alemán, canadiense o británico posiblemente sí. Yo, en cambio, he tenido que compaginarlo con otros trabajos. Este año estuve trabajando en el Mundial de Natación de Barcelona y en México llevando la preparación física de un equipo de fútbol. En el fondo, con estas cosas también creces como persona y te preparas para el futuro; te hace ser más fuerte y valorar la competición.

-Los pilotos de esos países, ¿son considerados allí estrellas?

Sí, absolutamente. En Estados Unidos o en Canadá, suelen aparecer en los medios muy a menudo. Hay países en los que el skeleton es muy importante; no tanto como el bobsleigh, que es el hermano mayor, pero sí que tiene mucha relevancia. En los circuitos alemanes, por ejemplo, hay mucha afición y conocen a los deportistas. Pero bueno, eso también le da un morbo a mi aventura (risas) y me motiva más.

-¿Cuántas veces le han llamado loco por todas las circunstancias en las que compite en un deporte tan arriesgado?

(Risas). Cada día, empezando por mi familia cuando comencé, que se quedó alucinada, hasta cualquier niño cuando voy a algún colegio a dar una charla. Es algo bastante normal, pero en la vida creo que hay que hacer ciertas locuras, aunque con cabeza. A veces, cuando las hacemos, encontramos un sentido a lo que hacemos. De un rebote, de una locura, puedo decir que soy dos veces olímpico y eso... es acojonante.

-¿En dónde y cómo se establecen las grandes diferencias entre unos y otros? ¿Cuáles son las claves?

El primer punto es la técnica de salida, el empuje, que es el 30% del resultado final. Y después, para mí el culpable de las grandes diferencias es el material. McLaren, por ejemplo, está invirtiendo más de un millón de libras en construir trineos, y el mío vale 5.000 o 6.000 euros; por tanto, tiene que haber diferencias sí o sí. Es duro competir así, pero luego también cuenta la creatividad del piloto. A veces, uno puede tener el mejor trineo, pero también tiene que tener las narices de ponerlo arriba en el techo o buscar esa línea para poner el trineo medio kilómetro por hora más rápido y llegar antes a la meta. El material no lo es todo, pero es muy importante.

-¿Qué diferencias tecnológicas hay entre los trineos? ¿Son muy grandes entre los mejores y el de usted?

"Unos tienen mucho dinero y otros somos creativos; es lo que hay que hacer ante la crisis"

Hay bastante diferencia en detalles importantes. Un trineo con mucha tecnología, en el que se ha invertido mucho dinero para que sea casi perfecto, es mucho más estable y va mucho más rápido. Nosotros buscamos nuestras soluciones para competir contra ellos. Por ejemplo, imagina que ellos usan unas tuercas que crean una especie de estructura de puente que sirve para asimilar mejor las vibraciones. Eso lo puede conseguir el equipo McLaren. Pero nosotros buscamos soluciones caseras, como unir las piezas del trineo con silicona. ¿Por qué silicona? Porque absorbe las vibraciones mejor que cualquier pegamento. Unos tienen a McLaren y otros usamos el coco; ante la crisis hay que ser creativos. Es muy fácil quejarse de que ellos tiene mejores materiales, pero nosotros podemos usar la cabeza para buscar soluciones. Funcionarán o no, pero al menos lo intentamos.

-¿Hay que ser un artista en el skeleton para ganar y para ser el mejor?

Sí, yo creo que tenemos que ser como pintores. Tenemos que pintar nuestro propio cuadro; cuando bajas con el trineo tienes que crear tus propias líneas. Por ejemplo, las líneas del mejor del mundo no van a ser iguales que las mías, porque él tiene un peso diferente, su estilo de pilotar es distinto. Yo tengo que buscar las mías, que igual son cinco o diez centímetros más abajo o arriba. En ese punto, no hay entrenador en el mundo que sepa cuál es tu linea perfecta; la tienes que encontrar tú y tienes que sentirla. Y ya no te digo cuando llueve o nueva, que entonces tienes que ser un genio porque cambia todo.

-¿Donde entrena durante el año? ¿En España?

Sí, en Manresa, y voy a competir donde toca. Lo hago así también porque es más económico, y porque si ya es difícil encontrar trabajo en España, haciendo skeleton en el extranjero sería muy complicado. Pero cuando acaben los Juegos de Sochi me pondré a buscar trabajo.

-¿Y le da para vivir?

Para mí, la clave es gastar poco, sobre todo con el alquiler. Cuando estoy de viaje con competiciones es la federación la que se encarga de los gastos. Entonces, lo que tengo que hacer es conseguir dinero para vivir medio año y un poquito más. Si lo gestionas bien, llega, pero vives muy, muy al día.

-Las infraestructuras en España son mínimas, ¿no?

"Los pilotos de skeleton tenemos que ser como pintores"

Como no hay ningún circuito, hay que estar siempre viajando. En cuanto los recursos, los justos. El siguiente paso sería tener un entrenador propio para que los pilotos de skeleton hiciéramos la pretemporada con él, y nos asesorara en competiciones, material y otras necesidades.

-Sin infraestructura y apenas recursos, ¿cómo es su entrenamiento?

Lo hago en el CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Sant Cugat y en la Ciudad Deportiva del Espanyol. Alterno los dos y entreno, básicamente, lo que un velocista de sesenta metros. Aparte, trabajamos la técnica específica con un trineo con ruedas que usamos y la parte de mentalización y relajación con un psicólogo del CAR.

-¿Es necesaria una gran preparación física?

Sí, hay que ser un monstruo en la salida, pero también para aguantar el ritmo de vida, porque estás cada semana en un país distinto y no descansas. Entre las Copas del Mundo, Campeonatos de Europa, los Juegos y otras pruebas... acabas teniendo diez o doce competiciones en tres meses, una burrada. Y la exigencia física durante la prueba depende del circuito; en los que vas a 140 km/h lo notas, aunque físicamente te preparas para aguantarlo. El problema está en recuperarte para el día siguiente, porque hay curvas donde sufres más de 5 G, sobre todo a bajas temperaturas.

-¿Hasta qué edad se puede seguir compitiendo en la élite?

"Me llaman loco todos los días, pero gracias a ello soy olímpico"

El hombre más veterano en Vancouver tenía 44 o 45 años, y en Sochi el que más tendrá 42. La media de edad está en 34 o 35. Se aguanta tanto porque sólo se compite de octubre a marzo, la mitad de la temporada de cualquier deporte normal. Y necesitas unos catorce años de experiencia para ser un buen piloto. Yo tengo 30, así que aún me queda un ciclo más.

-¿Qué objetivo se plantea en Sochi?

Mejorar el puesto vigésimo cuarto e intentar acabar entre los veinte primeros. Hay que tener en cuenta que este año en muchas carreras sólo había medio segundo de diferencia entre el décimo y el vigésimo tercero. El primer entrenamiento es clave para ver el nivel del resto de pilotos, ya que no estuvimos en noviembre en Sochi, así que perdimos una semana de entrenamiento allí.

-Y, después del skeleton, ¿qué?

Ojalá no se acabe nunca (risas). He pensado muchas veces qué haré cuando me retire. Me gustaría seguir con el alto rendimiento y quizás preparador físico, como ya lo fui. Pero bueno, no me cierro a nada en realidad, porque en los últimos veranos he compaginado trabajos muy diferentes. Para mí, lo más importante cuando acabe es encontrar un proyecto relacionado con el deporte que me ilusione y me motive.