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Anfield alarga la maldición de los octavos

El Real Madrid hace el rídiculo en un estadio preparado para la gloria, pierde 4-0 ante un Liverpool muy superior de principio a fin y vuelve a caer eliminado en la maldita ronda de los octavos de final de la Champions

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El Real Madrid perdió dimensión europea y se desprendió de parte del aura que le acompaña en las mágicas noches continentales en un partido que le ridiculizó y en el que sintió impotencia ante un Liverpool (4-0) intenso, ambicioso y sutil en el toque.

El equipo blanco bajó el telón de Europa ofreciendo su versión más decadente. Superado en juego y en valores por un Liverpool fresco, lúcido y de enorme precisión, que le causó una derrota de las que marcan trayectoria, de las que reclaman 'regeneración' en un club a la deriva, que no soportó el peso de Anfield ni un sólo minuto, ni siquiera de boca de su presidente.

El Real Madrid mostró un fútbol rudimentario, lento y sin movilidad en la zona ancha, con sus centrales retratados en cada disputa individual, dando patadas fruto de la impotencia. Sin ritmo de pelota, ni ubicación ni intensidad, el cuadro de Juande Ramos sufrió el aluvión local desde el inicio.

Casillas evitó, por partida doble, que el posterior desastre mayúsculo fuera manifiesto antes del quinto minuto de juego. Primero salvó un mano a mano con Torres y de inmediato despejó un trallazo de Mascherano desde la frontal. Las paradas del guardameta no apaciguaron el ánimo de un Liverpool hambriento. Las circunstancias se aliaron además con sus intenciones y argumentos, guiados por Xabi Alonso y con un inconmensurable Gerrard.

Ante un Real Madrid incapacitado, Torres adelantó al cuarto de hora al Liverpool tras sendos fallos en el despeje de Cannavaro y Pepe, siendo controvertido el apoyo que el 'niño' hizo sobre el central portugués.

Al desatino de los centrales se unió más tarde Heinze, con una posible mano dentro del área que el colegiado transformó en una pena máxima. Gerrard convirtió, poniendo imposible la eliminatoria. Ni espíritu ni historia salvaban ya a un Real Madrid torpón, empequñecido, sin recursos ni argumentos.

El tembleque inicial de los blancos se reprodujo además al comienzo del segundo acto. Juande sustituyó a Marcelo por Robben, en una evidencia más de que el holandés no puede ser piedra angular de ningún futuro proyecto, pero las consecuencias ni se pudieron preveer.

Una transición rápida del Liverpool, un equipo 'modernizado' en comparación con un Real Madrid de barro, permitió a Gerrard ofrecer una nueva lección de su maestría en las llegadas. El capitán enganchó con el interior, a bote pronto, un centro desde la izquierda para hacer el tercero y asomar al Madrid a un abismo de consecuencias inimaginables. Era sólo el segundo minuto de la segunda parte.

En un club de esta trascendencia, victorias y derrotas se magnifican y el sonrojo sufrido en Anfield es de lo que se apuntan en la memoria colectiva, máxime cuando era su primera visita al templo de los 'reds'. El tercer tanto de Gerrard cambió por completo el partido.

Le liberó de tensiones porque todo estaba decidido y convirtió uno de los envites más esperados de la competición europea en un partido que murió mucho antes de lo esperado, quizá en el Bernabéu cuando el Liverpool ya le dejó claro al Madrid que era inferior.

Casillas, el único cuya conciencia podrá dormir tranquila, salvó dos nuevos tantos del Liverpool, que tampoco profundizó en la herida -retirando a Gerrard y Torres- porque le era suficiente y le esperan duelos de mayor enjundia en los cuartos de la 'Champios'.

Aún así le bastó un contragolpe para que Dossena, a dos minutos del final, convirtiera en desolador el panorama del equipo blanco, hundido en el banquillo y sobre el césped ante un correctivo muy duro, un resultado de los que escuecen e invitan a la reflexión.