Publicado: 09.07.2014 07:00 |Actualizado: 12.01.2015 21:10

La Argentina sin Messi

La albiceleste comienza a despegarse de la extrema dependencia de su estrella al emerger actores secundarios como Higuaín, Di María, Lavezzi o Mascherano para llegar a estas semifinales contra Holanda

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Los jugadores argentinos celebran el pase a semifinales tras ganar a Bélgica. REUTERS/Dominic Ebenbichler

Cuando nació, el -para muchos- mayor astro que había dado su patria hasta entonces ya había tocado la gloria. Y él no lo había visto marcar con la mano de Dios ni hacer el tanto del siglo. Tres años más tarde, en 1990, Leo apenas contaba con noción de lo que sucedía. Quizás no recuerde cómo sus familiares y allegados se agolpaban en torno al televisor para ver a la Argentina de Maradona estrellarse por segunda y última vez en la final de un Mundial. El conjunto de Bilardo apeó en semifinales a la anfitriona Italia en los penaltis. "En los entrenamientos Goycoechea atajaba todos los penales", rememora el técnico. Y perdió, de igual manera, la oportunidad de lograr su tercer campeonato seguido contra Alemania. 

Messi, a quien muchos, casi todo el planeta futbolístico, han comparado con El Pelusa, tiene la ocasión hoy ante Holanda (22.00 horas, Telecinco y Gol T) de volver a llevar a la albiceleste a su primera final, veinticuatro años después de aquel fatídico choque en el Olímpico de Roma. Sería lo único que le queda a La Pulga para ganarse en su país el respeto que hace ya tiempo adquirió en Europa y en el Barça, donde, a sus 27 años (1987, Rosario) ya ha hecho historia ganándolo todo. Le recuerda la hinchada y la prensa que en Sudáfrica ni marcó y que mucha culpa de que cayeran goleados en cuartos contra Alemania es suya. Otra vez los germanos. "Nosotros no nos equivocamos en el partido. No tenía más", sigue insistiendo aún el Pibe de Oro, seleccionador en 2010, sobre aquel duelo.

Hasta hace bien poco, Maradona había lanzado puyas feroces contra el futbolista destinado a sucederle y -quizás- moverle el trono del olimpo del cuero argentino. Sin embargo, las palabras de El Pelusa han cambiado, se han hecho más amables. Quizás porque vio el espíritu y el corazón de La Pulga en aquel horrible campeonato de 2010. Tanto que incluso ha defendido este año la pobre actuación de Leo en aquel torneo: "Tengo en mis oídos, y creo que no se me va a ir más, el sonido del llanto de Lío cuando nos quedamos afuera contra Alemania. Me acerqué y le dije que iba a tener un montón de mundiales de revancha. Estaba ahí, boca abajo, llorando. Eso es algo muy fuerte, algo que los argentinos han de saber. Porque cuando se habla que no siente la camiseta, que no canta el himno... Son unos giles los que dicen eso".

También ha cambiado la actuación de Messi cuatro años después. Tiene hoy en día la albiceleste una dependencia bastante similar de él de la que tuvo de El Pelusa. Jugaba aquel torneo de 1990 Argentina casi sólo con un Maradona con un físico preocupante. Caniggia explotó pero no pudo estar en la final por sanción. Quedó demostrada esta dependencia del rosarino en la fase de grupos de Brasil 2014. Es un conjunto, pero depende sobremanera de sus individualidades, sobre todo en la delantera. Y ahí se agarra, como si no hubiera otra, a La Pulga. Es posible, de no ser por él, que los suyos no se hubieran clasificado para los octavos. O que, de haberlo hecho, se cruzasen con Francia, en vez de Suiza. Y ahí la historia puede que hubiera sido muy diferente. Marcó el astro cuatro tantos decisivos. Ante Bosnia en el choque inaugural para certificar la victoria, contra Irán en el último suspiro y un doblete frente a Nigeria.

El grito de Higuaín

No obstante, no ha sido Leo el que ha protagonizado el pase de la albiceleste a estas históricas semifinales. Claro que ha participado, y de manera central, en el juego, porque todo pasa por él. Pero otros han emergido para reclamar un papel principal en este conjunto y llevarlo a la final de Maracaná. "Esperamos jugar contra Argentina, no hablo de individualidades, sino de equipos", remarcó ayer Van Gaal, consciente de que el grupo de Sabella ha comenzado a superar su Messidependencia. Se lesionó Agüero pero apareció el también criticado Higuaín para gritar aquí estoy yo. El del Nápoles ha aprovechado la baja del Kun, que puede tener esta noche minutos, para sacudirse los reproches. Firmó un encuentro sensacional en los cuartos ante la pujante Bélgica, en el que marcó el tanto de la victoria y creó alguna ocasión más, entre las que se cuenta un disparo al larguero. "Estoy tranquilo. Lo dije desde el primer partido del torneo, que el gol iba a llegar en un momento importante", afirmó. Se asocia a la perfección, además, el Pipita con Messi, lo cual no es nada fácil. Y en Barcelona lo han comprobado ya varias veces. 

Sobre todo, y tras la figura de La Pulga, está otro rosarino, Di María. Reconvertido con gran éxito en el Madrid a mediocentro, en Argentina tiene menos deberes defensivos. Se lanza al ataque como un tercer o cuarto delantero -según juegue Sabella- trazando diagonales imposibles, una de las cuales trajo el tanto con el que eliminaron a Suiza. Es, sin duda, uno de los mejores futbolistas de este Mundial, aunque seguramente no jugará esta noche por lesión. Gracias a su actuación, su valor se ha incrementado aún más y todo apunta a que los blancos sacarán una buena tajada por él este verano. También ha usado el seleccionador a otro punta, Lavezzi, para revolucionar los choques ante la desidia ofensiva y el del PSG ha cumplido su cometido.

Asimismo, cuando todos critican que Argentina es sólo sus magníficos delanteros, han aparecido varios futbolistas para desmentirlo. Contra Bélgica, por ejemplo, la gran defensa que realizaron fue crucial, con hombres como Garay o Basanta, que sustituía a Marcos Rojo, uno de los destacados este verano. Aparece, además, en el mediocampo un jugador básico en el esquema de Sabella: Mascherano, un todoterreno que igual juega de central en el Barça que comanda a la albiceleste desde atrás. El Jefecito es uno de los más respetados en la selección y sostiene al equipo en ese flanco más débil que es el aspecto defensivo. Probablemente el físico ya no le aguanta igual que hace unos años, pero llega al cruce y roba balones como siempre.

A Sabella siempre se le criticará que no llevara a un portero de garantías y avalado por todos, como es Willy Caballero, tras sus grandes temporadas en el Málaga. El técnico ha optado por un Romero que es suplente en el Mónaco y, por ello, la decisión le ha costado varias reprimendas en su país. Probablemente no sea el mejor arquero con el que se podía contar, pero, en un campeonato en que los porteros han sido protagonistas, ha salvado a los suyos con apariciones destacadas en momentos clave. Sin estos secundarios, algunos de lujo, sería muy difícil que la albiceleste pudiera luchar por lograr su tercer Mundial. Messi gana partidos pero es difícil que también gane campeonatos.